“…el día a día del que se llegó a conocer como el juicio del siglo en Francia, por el enorme impacto que tuvieron en el mundo occidental la brutalidad de los atentados…”
Gerardo Pérez Escutia
Zona Oscura
El viernes 13 de noviembre de 2015 se cometieron tres atentados yihadistas en París; el más grave fue en el salón de eventos Bataclan, y los otros dos fueron en cafeterías al aire libre y en las afueras del estadio nacional de Francia. El fatídico resultado fue de ciento treinta muertos y más de cuatrocientos heridos, en lo que constituyó el peor ataque terrorista sufrido en Francia.
Seis años después -entre septiembre de 2021 y junio de 2022-, se celebra, en el Palacio de Justicia en París, el juicio a catorce jovenes acusados; entre ellos, el único implicado directamente en los atentados. El resto son cómplices que colaboraron, en mayor o menor medida, en la planeación y logística de las masacres terroristas.
Emmanuel Carrère cubre el juicio durante todos esos meses y envía sus crónicas semanales a L’obs. Esos textos son la base de este libro que constituye una singular “crónica judicial”. Esta es la obra que recomendamos esta semana en Zona Oscura: V13 (Anagrama, 2023).
Emmanuel Carrère es un viejo conocido de esta columna; se le reconoce como uno de los escritores más capaces y polifacéticos del panorama europeo actual y es, sin duda, uno de los mayores referentes mundiales en el género true crime.
En este volumen nos narra el día a día del que se llegó a conocer como el juicio del siglo en Francia, por el enorme impacto que tuvieron en el mundo occidental la brutalidad de los atentados y las heridas y traumas que dejaron en las víctimas, los sobrevivientes y sus allegados, así como en la sociedad francesa en su conjunto.

En la primera parte del texto, Carrère nos narra sus motivaciones para encerrarse un año en un tribunal (cinco días a la semana), levantarse de madrugada para poder llegar y tener un buen lugar en las audiencias, ser testigo de los impresionantes testimonios de los sobrevivientes y familiares, conocer de primera mano a los acusados (jovenes de origen árabe pero avecindados en Bélgica y Francia) y tratar de ejercer a rajatabla la máxima de Baruch Spinoza:“no juzgar, no deplorar, no indignarse, únicamente comprender”.
Como intelectual que es, el autor nos comparte que otra de las motivaciones que tuvo para embarcarse en esta tarea era conocer más del Islam, ya que le interesan las religiones y sus mutaciones patológicas, haciéndose la siguiente pregunta: “¿dónde empieza la patología? Cuando se trata de Dios, ¿dónde empieza la locura?”.
La primera parte del juicio son los testimonios civiles, los recuerdos de cientos de sobrevivientes del Bataclan o allegados de los fallecidos que accedieron a narrar los horrores que vivieron esa noche (en el salón de eventos había más de mil personas que el día del atentado estaban escuchando a una banda de rock norteamericano Eagles of Death Metal). Esta parte del libro es muy difícil de leer por la crudeza de los testimonios de las más de dos horas de infierno que pasaron los asistentes al concierto, cuando irrumpieron tres jóvenes armados con Kalashnikovs y cinturones explosivos, que comenzaron a disparar indiscriminadamente contra todos los presentes, lo cual hicieron con una calma glacial que hasta les permitió bromear entre ellos. Los testimonios del tumulto, del aplastamiento por la turba de gente que quería escapar, los charcos de sangre, los jirones de cuerpos por doquier, el “lodo humano” que se formó en el piso -como diría una de las víctimas-, todo narrado de primera mano por quienes ahí estuvieron, son pasajes difíciles de asimilar, ya que son de una crudeza intolerable.

Dentro de ese horror también hubo lugar para actos de heroísmo, como el del joven que cubrió con su cuerpo a una chica para que no la remataran, el de los dos policías que fueron los primeros en llegar al salón y enfrentarse a los terroristas con dos simples pistolas; o el de una mujer que lidereó a un pequeño grupo de gente para esconderlas en un lugar apartado del salón durante las dos horas eternas que duró aquel infierno.
Los testimonios de los sobrevivientes que se culpan por haber sobrevivido son especialmente conmovedores, pues nos muestran las huellas psicológicas que deja un acontecimiento de esta naturaleza, incapacitando en mayor o menor medida a quienes sobreviven a un acto así. Son múltiples las voces de padres, hermanos, amigos, testigos y allegados cercanos que desfilan por las páginas del libro, todo narrado por una voz experta que no deja de cuestionarse el sentido de todo lo que está escuchando y que lo impulsa a ahondar, a buscar respuestas para una tragedia de esa magnitud.
Pero la parte más sobrecogedora del libro es, sin duda, la sección de los interrogatorios a los catorce acusados que participaron directa e indirectamente en los atentados. Uno de ellos estuvo presente y sobrevivió porque se arrepintió, o no tuvo el valor de hacerse estallar con su cinturón explosivo. Basándose en estos testimonios, Carrère reconstruye los preparativos del atentado y los días posteriores; pero, sobre todo, el alucinante proceso de adoctrinamiento y radicalización que sufrieron los yihadistas entre las mezquitas de Bruselas, y los campamentos del Estado Islámico en Siria.
Los testimonios hablan de un proceso de fanatización, brutalidad y deshumanización basado en el odio a los “infieles” y en una interpretación estricta y radical del Corán, que creció en el campo fértil de vidas miserables, sin oportunidades, que al final vieron en su “martirio” la única opción para acceder al paraíso, aunque fuera en otra vida.
La parte final del libro nos muestra el proceso de deliberación y las sentencias a los acusados, así como la parte en la que se negocian las indemnizaciones a las víctimas -Francia tiene uno de los mecanismos más avanzados de apoyo económico a víctimas en el mundo-, en una muestra del funcionamiento del engranaje de la justicia francesa, que no deja de ser envidiable para quienes vivimos en el “sur global”.
El libro está plagado de todo tipo de anécdotas, desde falsas víctimas hasta relatos de acusados que llegaron a estar en el banquillo, prácticamente por casualidad, por acudir a un mismo café con los terroristas, por prestar un teléfono o alquilar una habitación como casa de seguridad.
El oficio del autor nos mantiene pegados a la lectura, pues resume, comenta, y compara los diversos testimonios, dándoles una gran coherencia narrativa, poniéndolos en el contexto correcto. Además, da voz a víctimas, acusados , abogados y periodistas que asisten al juicio, lo cual le da una dimension coral a la narración.
Como todo buen libro, este nos deja con muchas dudas y preguntas. A la luz de los acontecimientos actuales en Medio Oriente nos cuestionamos -esta pregunta también se la hace el autor-, acerca de la diferencia en cuanto atención mediatica que tiene un acto terrorista en el corazón de una capital occidental, frente a la indiferencia por los miles de muertos en el mundo musulmán por ataques terroristas de Israel o de EUA. ¿Cuál es el valor de la vida de un niño palestino o iraní, frente a una veinteañera francesa en el Bataclan? Esta, y muchas otras reflexiones acerca de los fanatismos, la desigualdad, el poder de los medios, la manipulación de la verdad, la migración y la radicalización de las personas a extremos de cualquier índole, son las que nos dejan con enorme desazón la lectura de este libro.
Y puesto en contexto el fenómeno del terrorismo a nivel global, ¿qué tanto es realmente una amenaza?, y ¿qué tanto es, en realidad un arma de presión y manipulación política?
V13 es un libro que cala muy hondo, hay que leerlo.


