Regla de Tres

Sheinbaum: ¿dos años de qué?

La morenista se empeña en dibujar una administración cuestionada en varios frentes, con un consenso y resultados en duda

 

Este primero de septiembre la primer mujer presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, rendirá su segundo informe de Gobierno, mensaje que seguramente estará salpicado de aires triunfalistas y poca autocrítica, sabedores de la lógica del discurso de la Cuarta Transformación y de Morena sobre los “logros” en el llamado segundo piso, continuidad del primer ejercicio de gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador.

Investida en una sesión del Congreso de la Unión por una mayoría calificada que se basó en una clara manipulación e imposición sobre los resultados sumados a favor de Morena y sus aliados, el arribo de la morenista ocurrió con la presunción de que continuaría un gobierno con el tabasqueño atrás de sus decisiones con el objetivo principal de imponer las reformas no logradas por su antecesor, sobre todo en  la judicial y con énfasis en la continuidad de eliminar los organismos encargados de la transparencia y acceso a la información como derechos ciudadanos. Como se sabe, estas reformas tienen pendiente la electoral, con lo cual la 4T espera cerrar la pinza para lograr el control casi absoluto de la vida política nacional.

En aquel primero de octubre, la “presidenta con A”, como pidió fuera reconocida, señaló que con su victoria habrían llegado “todas las mujeres” al poder Ejecutivo Federal, un pendiente que a su juicio quedaba saldado ante la predominancia masculina en los anteriores gobiernos de la República y frente a un discurso feminista en ascenso  cargado de reclamos por la inacción del gobierno federal para contener las violencias y feminicidios latentes en todo el país, aunque la consigna de Sheinbaum se quedó en la retórica y franca incongruencia al ignorar las demandas de madres buscadoras y colectivos que le reclamaron ser atendidas, lo que no ha cumplido hasta el momento.

En otra parte de su discurso en aquella sesión donde la luchadora de izquierdas Ifigenia Martínez le colocó la banda presidencial, Sheinbaum reconoció la culpa del Estado en la masacre del 2 de octubre aunque no responsabilizó directamente al Ejército Mexicano de la masacre de Tlatelolco en 1968, en la continuidad de un discurso iniciado por AMLO para ampliar la presencia de las Fuerzas Armadas y su exoneración por igual en la desaparición de los 43  estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, las que hasta el momento siguen sin ser investigadas en sus altos mandos como lo reclaman sus padres y colectivos de derechos humanos.

La morenista reconoció  escasamente la situación de inseguridad que recibía de AMLO, quien aludió a “abrazos no balazos” para enfrentar un fenómeno que persiste hasta la fecha y en la que el ejemplo de Sinaloa con dos años de control criminal persiste como la ausencia e incapacidad del Estado para contener a cárteles del narcotráfico y en otras entidades del país, como en nuestro estado, donde aplicó el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia que involucró el aumento de efectivos militares y guardias nacionales, cuyos resultados son cuestionados desde su imposición con el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, en noviembre pasado, aún no cerrado y con contradicciones y la persistencia de acciones como el crimen del dirigente limonero en Apatzingán y el aumento de desapariciones.           

Donald Trump y su cauda bélica y agresiva de los Estados Unidos en contra de México con la bandera de eliminar a carteles considerados por la administración del republicano como organizaciones terroristas, entre ellos varios michoacanos, ha sido otro reto para el discurso de Sheinbaum que retóricamente se empeña en reclamar la defensa de la soberanía nacional aunque su debilidad se denota en cumplir con  los dictados de EU en extraditar a narcotraficantes sin la observancia del debido proceso y solo en el caso de Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, mantuvo hasta hace unas semanas su defensa ante la acusación de presuntos vínculos con el cartel de Sinaloa aduciendo que las acusaciones carecían de sustento.

La morenista llega al segundo año debilitada con flancos abiertos por sus propios correligionarios -los escándalos de Adán Augusto López y su vínculo con La Barredora; Gerardo Fernández Noroña y sus gastos excesivos incluida una casa para millonarios; los gastos de Andrés López Jr. en viajes al extranjero y últimamente con el retiro de su visa por los EU por presuntos vínculos con el “huachicol fiscal”, además de gobernadores y alcaldes involucrados en escándalos y sus relaciones con corruptelas y el crimen organizado-, en una crisis de credibilidad que de acuerdo con analistas la ha llevado a un presunto distanciamiento con su tutor tabasqueño ante las elecciones federales del 2027 y sostenida corporativamente en los apoyos de becas y programas asistenciales de la Secretaría del Bienestar.

El inicio del tercer año de gobierno, por lo visto, tendrá más dificultades para la “presidenta con A”, ajena al malestar de las madres buscadoras, desdeñadas y contenidas en el  Mundial de Futbol con el uso de la fuerza, plegada al discurso intervencionista de Trump y el acotamiento y cuestionamiento de los derechos ciudadanos con sus reformas sin consenso -donde lastima todavía la elección de jueces y magistrados mediante los “acordeones” e impuestos pese a la baja participación ciudadana-, en medio de una crisis económica y política que podría generarle mayores costos de persistir en su empeño por imponer un discurso demagógico donde a su juicio sólo hay resultados positivos.

¿Le alcanzará a Sheinbaum en la mitad de su gobierno dar un giro de timón, ante un proceso electoral a punto de iniciar y que será la oportunidad ciudadana para hacer con los votos el balance de su administración?       

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