“…esta Copa del Mundo nos ha traído mucho más que un ambiente de fiesta. Ha puesto sobre la mesa complejas problemáticas sociales que aquejan a México”
Francisco Viveros Dávalos
Vivero de Ideas
Ha comenzado una de las justas deportivas más importantes del planeta: la Copa Mundial de Futbol Soccer, edición 2026. Albergada por Canadá, Estados Unidos y nuestro país, a lo largo de un mes aproximadamente, cuarenta y ocho selecciones se disputarán el máximo galardón de este magno evento.
El presente Vivero de Ideas dejará estrictamente de lado los detalles de estrategia deportiva, para analizar cuáles han sido algunas de las principales problemáticas sociales y políticas que han quedado al descubierto durante los preparativos de este torneo internacional.
El primero de ellos está relacionado con la administración del presidente estadunidense Donald Trump, quien ha chantajeado a sus homólogos de Canadá y México, amenazándolos de imponer aranceles a productos provenientes de ambas naciones norteamericanas a cambio de cumplir con sus berrinches.
Por si fuera poco, también ha humillado públicamente a presidentes de otras naciones participantes en la Copa, tales como el de Sudáfrica. Inclusive la ofensiva militar a Irán y el hecho de que su delegación deportiva fuera vetada de ingresar a Estados Unidos, habla muy mal de un anfitrión.
En segundo lugar se encuentran las nefastas políticas migratorias del magnate neoyorquino, que ya han cobrado vidas, separado familias, detenido menores en indefensión y violado derechos humanos de migrantes latinoamericanos en Estados Unidos.
Los amagos del presidente Trump de continuar con estos operativos antiinmigrantes durante los partidos de futbol, son un insulto no solo para los asistentes al evento deportivo, sino para todos los migrantes del mundo y para la América Latina en su conjunto, cuya población ha sido un particular blanco de la saña de Trump.
Todo lo anterior genera un sabor agridulce que queda muy lejos de los valores de unidad y convivencia que prometen eventos deportivos como el que se está analizando y se requiere de proezas diplomáticas extraterrestres y una cara muy dura para presumir una co-anfitrionía con un barbaján como Donald Trump.
Por otro lado, el papel de la Federación Internacional de Futbol (FIFA) también ha sido duramente cuestionado durante los preparativos, al fijar los precios de las entradas y los derechos de transmisión de los partidos, los cuales ascienden a cifras estratosféricas, con lo cual, el evento se vuelve un privilegio accesible solo para una élite privilegiada, y se acentúan las desigualdades económicas entre mexicanos.
Mientras que en México también se ha vivido una organización del Mundial muy accidentada. El primer problema que ha salido a la luz es un proceso de gentrificación en las ciudades sede: desplazamiento de personas en viviendas aledañas a los estadios, la construcción de infraestructura excluyente (por ejemplo, las obras en la Calzada de Tlalpan en la Ciudad de México), la desregulación de los servicios de hospedaje por plataformas digitales, el aumento en la renta y el costo de los servicios, la instalación de barreras físicas que ocultan las periferias y la polémica ajolotización de las calles de la capital mexicana.
Pero quizá el fenómeno más impactante es que el foco mediático que ha resultado del torneo mundial, ha logrado visibilizar una de las problemáticas que más le aquejan a nuestro país desde hace unos quince o veinte años: cerca de cien mil mexicanos se encuentran desparecidos.
Ni el actual gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, ni los precedentes de López Obrador, Peña Nieto y Calderón Hinojosa (en cuyo sexenio se gestó esta crisis) han siquiera atraído los casos dentro de sus agendas de trabajo. Estas administraciones han optado por minimizar el problema, han re victimizado a los colectivos de madres buscadoras y hasta ahora, no se ha dado una estrategia clara para intentar solucionar este problema que ha destrozado el tejido social de México.
Es nuestro deber como ciudadanos seguir posicionando esta crisis en la agenda pública, mucho más allá de filias partidistas, pues es el Estado mexicano el que nos está fallando.
En conclusión, esta Copa del Mundo nos ha traído mucho más que un ambiente de fiesta. Ha puesto sobre la mesa complejas problemáticas sociales que aquejan a México y que hasta ahora quedan sin atender; y una vez más, demuestra la falta de civilidad del pelmazo que gobierna los Estados Unidos.
Ilustración portada: Luna Monreal


