Con fines comerciales, César Menchaca, es denunciado por usar el arte y cultura del pueblo Wixárika, con la connivencia de gobiernos, entre ellos el de Michoacán
Redacción
Con el respaldo de las autoridades tradicionales del pueblo Wixárika, el Consejo del Patrimonio Cultural Originario presentó ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor) una queja formal por presunta apropiación cultural indebida contra César Menchaca y su empresa Menchaca Studio, además de denuncias paralelas contra diversas empresas que han colaboraron en la comercialización de obras inspiradas en el patrimonio cultural wixárika.
La apropiación realizada por Menchaca, ha sido con la connivencia de gobiernos en diferentes estados de la República, uno de ellos el encabezado por Alfredo Ramírez Bedolla, quien el pasado 30 de abril inauguró en Palacio Clavijero la exposición “La pasión nos une”, con la presencia del autor, con 23 esculturas de mediano y gran formato, una de ellas a propósito del Mundial de Futbol.
La demanda promovida por el Consejo del Patrimonio Cultural Originario, no se dirige únicamente contra Menchaca Studio. Junto con ella, se han presentado otras paralelas contra decenas de empresas que, bajo el disfraz de “colaboraciones”, se les acusa de haber sido cómplices.
De acuerdo con lo denunciado por el Consejo, durante más de tres lustros el arte, la cosmovisión y los conocimientos ancestrales wixárika fueron utilizados por Menchaca Estudios con fines comerciales sin el consentimiento libre, previo e informado del Pueblo Wixárika, del cual, su territorio abarca partes de los estados de Jalisco, Nayarit, Durango y Zacatecas en la Sierra Madre Occidental
La demanda fue promovida con fundamento en la Ley Federal de Protección del Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas, que reconoce la propiedad colectiva del patrimonio cultural de los pueblos originarios y establece que su utilización requiere autorización expresa de sus legítimos titulares.
Las comunidades consideran que el modelo de negocio desarrollado por Menchaca vulneró esos derechos al explotar elementos de su patrimonio para proyectos comerciales de alcance internacional.
“La narrativa que Menchaca ha construido sobre sí mismo merece ser leída con atención, porque lo dice todo sin pretenderlo. En sus propias palabras, él llegó a ‘enseñarles’ a los artistas wixaritari ‘el arte huichol, que es originario de sus pueblos’. Es decir: un agente externo llegó a instruir a un pueblo en su propio patrimonio ancestral, se instaló como intermediario indispensable entre los creadores y el mundo, y construyó sobre esa posición un negocio millonario. A eso se le llama colonialismo cultural, y la única novedad es que en este caso el colonizador toma fotografías, da entrevistas y se pasea por Madrid, Nueva York, Mónaco y Medio Oriente con el trabajo ajeno y la cartera abierta”, refiere en Consejo en el comunicado que al respecto hizo público.
Denuncia que cientos de artistas wixaritari participaron durante años en la elaboración de obras sin contratos, prestaciones laborales, seguridad social o mecanismos efectivos para exigir el pago de su trabajo. En el pronunciamiento califican esas condiciones como una forma de explotación laboral y «esclavitud moderna», al considerar que el valor económico generado por las obras benefició principalmente a Menchaca Studio, mientras los creadores permanecieron en condiciones de vulnerabilidad.
Además, cuestiona que las acciones de apoyo social, donaciones y visitas realizadas por Menchaca a las comunidades hayan servido para fortalecer una narrativa de benefactor, mientras, aseguran, el verdadero patrimonio cultural continuó siendo explotado sin reconocer plenamente los derechos colectivos de sus propietarios. En ese sentido, sostienen que el problema no radica en que el arte wixárika se exhiba en escenarios nacionales e internacionales, sino en que ello ocurra sin acuerdos de consentimiento y sin mecanismos de distribución justa de los beneficios obtenidos.
La presencia internacional alcanzada por Menchaca Studio, abarca obras exhibidas o vinculadas a eventos como la Fórmula 1, el Tour de Francia, la Copa del Mundo de Futbol, colaboraciones con la NBA y la NFL, exposiciones en ciudades como Berlín, París, Nueva York y Dubái, así como proyectos relacionados con el Mundial de Futbol de 2026. Sin embargo, las comunidades sostienen que ese reconocimiento internacional se construyó utilizando un patrimonio colectivo cuya titularidad pertenece al pueblo Wixárika.
La exigencia es que se reconozca jurídicamente la propiedad colectiva Wixárika de su patrimonio cultural, se respete su derecho a decidir cómo, cuándo y con quién compartir sus expresiones artísticas y espirituales, y se garantice una distribución equitativa de los beneficios económicos derivados de su utilización.

