“La música del venezolano es una obra en continua construcción, gracias a la capacidad perceptiva de otras artes como la plástica y la literatura…”
José Alfredo Barriga Juárez
MeloManía
Es mediodía de un sábado en la ciudad de Morelia y en el Claustro Mayor, corazón de la Casa de la Cultura, se escuchan las notas de un piano que roba la atención de unos cuantos transeúntes que por ahí paseaban. Enérgico y concentrado ante el piano, Olegario Díaz da una pauta previa de lo que interpretará esta noche para la clausura del Jazztival. Junto a él, acompañándolo en el ensayo, se encuentra el saxofonista Juan Alzate y ambos, intercambian sugerencias con los otros músicos del cuarteto para que el concierto sea ejecutado de la mejor manera posible.
Cuando el ensayo ha terminado, algunos camarógrafos que lo han documentado todo se retiran, mientras otros, esperan debajo del escenario para tomarse una fotografía. Una vez que la gente se ha disipado me acerco al pianista venezolano Olegario Díaz quien, extrañado, acepta la entrevista.
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Olegario Díaz es el creador de álbumes como Jazz Figures, Chill Art Tribute, Basquiat By Night/Day, Aleph In Chromatic y I Remember Chet. La música del venezolano es una obra en continua construcción, gracias a la capacidad perceptiva de otras artes como la plástica y la literatura que le sirven como punto de fuga. Por ello, la textura juega un rol fundamental dentro y fuera de las piezas musicales, porque antes, ha partido de una línea en alguna pintura o de una palabra en un relato que puede llegar a condensar todo, y que sólo el jazz del pianista es capaz de interpretar.
-La dicha de vivir en grandes ciudades, me ha dado la oportunidad de visitar distintos museos. Al visitar museos, tú puedes percibir diversos estilos de pintura uno al lado de otro, y eso crea una posibilidad de saber cómo puede interactuar, por ejemplo, el mismo color negro en una época respecto de otra.
Los artistas preferidos de Díaz son pintores como Picasso, Joan Miró, Victor Vasarely e incluso J. M. Basquiat a quien dedica un álbum entero, siendo uno de los más logrados, es decir, que las composiciones del pianista funcionan en perfecta sintonía. Una geometría sonora surge a partir de lo que parece ser una pintura caótica. Entre otros artistas plásticos, Olegario Díaz confiesa una gran admiración por el mexicano Rufino Tamayo.
-No sé qué tomó en sus años, pero tenía una perspectiva muy amplia en su manera de trabajar. Y bueno, siempre rendí homenaje en mi música a personajes como estos que han sido muy importantes para mí como lo ha sido y ha significado tanto Jean Michel Basquiat.
Intento comprender un tanto la afinidad entre Olegario Díaz y Basquiat y uno de los comunes denominadores que encuentro artísticamente, entre el primero y el segundo, es la improvisación. Para entender mejor esta relación entre pintura y jazz, le muestro a Díaz un libro de Basquiat donde está compilada su obra y le pido que me explique un poco más
-Creo que mi arte no es nada comercial por ser abstracto, pero a pesar de eso hay un contenido y una estética. Por ejemplo, al ver una pintura de Basquiat inmediatamente sabes que se trata de él, y en ese sentido quisiera que me identifiquen, tener un sello arraigado en mi música. Lamentablemente, uno tiende a cambiar drásticamente de estructuras, de ritmo. Un día estás haciendo jazz y al otro tienes que cambiarte al bossa-nova y luego al chachachá para sonar más comercial.
La afición de Olegario Díaz por la pintura es tan grande que además de hablarme de Gustav Klimt, Andy Warhol, Keith Haring, Amedeo Modigliani y otros tantos, me cuenta sus paseos por grandes museos y la experiencia artística que estos le han dejado. Asimismo, tal afición lo llevó a que se dedique a la compra-venta de algunas obras plásticas.
-En Venezuela me llamaban el pianista del arte.
La pintura en el jazz de Olegario Díaz no es un fenómeno gratuito ni mucho menos un cliché. Existe una correlación tan íntima bajo un concepto esencial: organización. Los principios de la arquitectura y la pintura -dice Olegario-, son esenciales para la composición final y absoluta de lo que será visualmente. Y del mismo modo sucede en la música, hay que saber cómo empezar una pieza y cuándo terminarla de modo que cada nota tome relevancia en la organización
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La improvisación en la vida de Olegario Díaz cobra una significación importante a la hora de salir de lo habitual y lo común cada vez que va a grabar algo nuevo. Para el pianista venezolano, estos principios también son aplicables a su manera de ser ante todo aquello que lo rodea. Además, compara un poco el jazz con el acto de leer a Borges. Te quedas asombrado ante algo que no comprendes del todo, y te cuesta asimilar, pero ahí sigues y continúas porque sabes que hay algo que es maravilloso y diferente –asegura Olegario-.
Más que una entrevista con Olegario Díaz, se ha desarrollado una conversación agradable donde nos dejamos llevar por un bucle artístico para retomar nuevamente su música, especialmente su primer disco de 1992 Casi En El Guaire. Confiesa que aunque no le ha gustado hacer ese disco por el recuerdo que le trae del estudio al lado de un río apestoso como el Guaire, ha valido la pena porque se desprendió de él y así, pudo continuar errando y perfeccionando sus siguientes trabajos. La conversación continúa y de pronto, declara lo satisfecho que se siente con la vida a sus sesenta y dos años: la familia, el aprendizaje, el jazz y el arte. Y todo ello se refleja en el mundo cromático que muestra en su música, en su forma de postrarse ante el piano y tocar.
-Hoy estoy en Morelia, mañana estaré en un cabaret en Miami, o en New York tocando tangos que no me gustan, pero debo hacerlo. Hoy por ejemplo que me encuentro en Morelia, me siento arriba, porque conocen mi trabajo y es un honor sentir ese cariño y ese respeto por mi música.
En el escenario un ensamble de jazz infantil se prepara para tocar y antes que termine nuestra charla, Olegario Díaz se despide afectuoso y me pide con entusiasmo que esta noche asista al concierto de clausura porque estará lleno de texturas y escalas cromáticas.


