Regla de Tres

Mudanzas

«Mabe Fratti desde Guatemala y Fuensanta Méndez desde Veracruz hicieron de sus raíces, alas. Una para llegar a la Ciudad de México. La otra, a Ámsterdam»

Si no sé quién puedo ser, pues soy mi presentimiento.
*
Mabe Fratti

I

No hacer raíz; devenir rizoma. Transformación del pensamiento y de la vida en una red abierta, sin centros fijos. Desgajar al árbol de su ancla y devolverle su delirio de enredadera. Hacer la apología de la mala hierba, de la multiplicidad y de las redes infinitas. Expandirse para que el horizonte sea un latido de aves raras y mil ecos de algarabía. Si anuncian lluvias, volverse río; si acaso sismos, malabarista. No quedarse inmóvil en la estatua de la identidad. No quedarse encarcelado en los marfiles. No quedarse: ser nómadas de la cuna a la tumba. Danzar sin miedo a los abismos como el loco del tarot. Migrar. Mudar. Morir por amor al viento.

II

Árboles para viajar. Madera para hacer vuelo al fruto y olas a la flor. Mudanzas del canto. Tejerse y destejerse con una música de mar y bosque. Ser mujer contemporánea del viento, que es maestro de todas las respuestas.

Mabe Fratti desde Guatemala y Fuensanta Méndez desde Veracruz hicieron de sus raíces, alas. Una para llegar a la Ciudad de México; la otra, a Ámsterdam. Entrecruzamiento de lo mismo y lo diferente. Migraciones para encontrar lo más propio en lo extranjero. Llevaban árboles para viajar; árboles que pesan, pero que se vuelven ligeros en sus manos. Árboles llamados Violonchelo y Contrabajo. Compañeros del amoroso delirio de sus manos en vaivén de pentagrama.

Deshabitar es otra forma del arraigo. A la intemperie también puede construirse una casa con los materiales del deseo. Poner los pies en la tierra es otro modo de asaltar el cielo. Dejar atrás es traer consigo lo que aquí o allá nos hace un nido. Saltar. Soltar. Soñar es decir adiós.

III

En su voz, Fuensanta lleva una parvada de surrealista versar. No ha dejado la humedad ni la neblina del bosque veracruzano: va con ella como respiración de su alma. Es parte del paisaje sonoro que comparte en los escenarios de Europa igual que una maga, haciendo aparecer madera, agua y jazz. Veracruz va con ella en ese corazón que hace latir su garganta, en su intención de que las atmósferas y los cantos de su tierra natal se asomen de maneras distintas.

Al graduarse del Conservatorio de Ámsterdam, tuvo el tino y la oportunidad de crear el Ensamble Grande junto a músicos de varias partes del mundo y compañeros de estudios. De ese proyecto nació un disco grabado en vivo: una propuesta de avant-garde que mezcla el recurso de lo mínimo con lo caótico y visceral. Del grito al murmullo, de la energía a lo sutil.

Y esa es su forma de cantar… la de quien sabe extender las notas, volverlas curvas o tambor de rito antiguo. Fuensanta Méndez danza, escribe poesía y toca varios instrumentos. Tiene ya una discografía, pero va lento, deletreando una trayectoria que no por ello es menos firme y profunda, como el poema de la aurora. En seis años ha sumado cuatro producciones y ha colaborado con la pianista y compositora española Lucía Fumero, además de compartir en Bandcamp composiciones íntimas y piezas poéticas autogestionadas. En su canción No será regresar, nos dice: «No será regresar, ni tocar los colores febriles que habitaron mis sienes. No los sueños infantiles de la rabia más hermosa».

IV

Íntima, experimental, sin lamento pero con cierto matiz de nostalgia que envuelve como viento enamorado de octubre. La voz y la música de Mabe Fratti son un bosque atardeciendo, en el cortejo de la luz que se va y la noche que llega. Su canto es una murmuración que, sin ser un rezo, recuerda esa atmósfera en donde comenzó su camino: el aprendizaje de adoraciones a Dios en el ámbito familiar y en la comunidad religiosa que la escuchó por primera vez elevar su voz a las mansiones del espíritu; el maestro que, dogmático y generoso, le enseñó la disciplina y el aprecio de la música clásica. Así fue hasta que un día llegó la revelación y, con ella, la rebeldía que la impulsó a buscar su cuarto propio. Y lo encontró en la Ciudad de México, ese caótico espacio en donde un horizonte, una esperanza y un abismo aparecen y desaparecen en uno y otro parpadeo del tiempo. Su vida anterior fue una preparación para la por venir. Los caminos del Señor son inescrutables.

V

Instrumento relacionado tradicionalmente con la academia y el clasicismo, el violonchelo en manos de Mabe Fratti, siendo lo mismo, es otra cosa. Abrazo entre árbol y carne, murmullo y ave, sonido y silencio. No es la llegada, sino la partida. Es el pretexto certero para modificar y alterar sus timbres naturales por medio de pedales de efectos y sintetizadores. Entonces ya no es madera inerte, sino una amorosa lucha cuerpo a cuerpo. Cuerpo que se golpea, se rasga y se acaricia. Lejos de la búsqueda de pureza o perfección tonal, Fratti experimenta con tensiones, disonancias y atmósferas densas pero amables, como canciones de amor desde las sombras. Y entonces llega el jazz, el pop de finos timbres, el shoegaze y la gozosa improvisación de una artista que no ha dejado de mudar.

VI

Tanto Mabe Fratti como Fuensanta Méndez tienen otra característica en común, reflejo de los tiempos que corren: su ánimo por unir búsquedas creativas y personales con otros y otras, lo cual enriquece y multiplica las posibilidades de encuentros afortunados. No están cerradas en una agrupación, sino que buscan y encuentran resonancias de forma rizomática, ya sea en proyectos alternos o emergentes, sin que por ello pierdan eso que podríamos llamar su esencia o estilo. Ya no es tiempo de claustros ni de nichos; hay que celebrar las fiestas de lo múltiple y diverso.

Existen aspectos de la realidad que duelen y enojan, a los cuales hay que mirar de frente; sin embargo, por esa misma razón cobran altura, fuerza y belleza las actividades que, como el arte, crean posibilidades distintas de habitarnos. ¡Que vivir sea una fiesta del rizoma, la encarnación del rito de los bosques!

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