Regla de Tres

Los mensajeros de la oscuridad

“Muy al norte de ahí, en lo más denso de los bosques de Maine, hay una vieja casa que parece abandonada, pero que no lo está.”

En el vasto y a menudo inquietante universo de la novela negra contemporánea, pocos autores han sabido construir un mundo tan coherente, atmosférico y perturbador como el del irlandés John Connolly. Con su saga protagonizada por el atormentado detective Charlie Parker, ha logrado trascender los límites del género, incorporando elementos sobrenaturales sin perder el anclaje en los dilemas más crudos de la realidad (corrupción, crimen organizado, racismo, grupos supremacistas, trata de personas).

En esta entrega número 22, Los mensajeros de la oscuridad (Tusquets,2025), Connolly regresa con una historia que combina crimen, misterio, dolor y redención en los sombríos paisajes de Maine, en el noreste estadounidense.

Colleen Clarkes una joven esposa de Portland. Acaba de pasar un período muy difícil debido a una fuerte depresión posparto y a las infidelidades que descubrió de su esposo, Stephen, durante su embarazo. Por si esto fuera poco, acaba de ser interrogada por la policía de Portland respecto a la desaparición y posible muerte de su hijo de dos años, Henry, desaparición que ella misma denunció, y aunque en un principio no se le consideraba sospechosa, todo cambió cuando se encontró una manta ensangrentada bajo la rueda de repuesto de su coche. Las declaraciones de su marido terminaron de justificar las sospechas de la policia, pues él relató los episodios de ira y depresión que tuvo Colleen durante y después del embarazo, situación que la llevo a consulta psicológica y psiquiátrica.

Moxie Castin es un obeso abogado muy conocido en Maine. Se sabe al dedillo todos los trucos, caminos, y atajos de la ley en el estado. Es un tipo afable, que en su palmarés tiene más triunfos que derrotas, y al que un caso como el de Colleen representa un desafío y una oportunidad de acrecentar su fama como abogado e incrementar sus tarifas en casos futuros. No obstante, no se hace ilusiones: sabe que Colleen lo contrató como un medio para que él, a su vez, integrara a su viejo amigo, el detective Charlie Parker, en su equipo. Charlie, -a quien tiene frente a él en la mesa que comparten desayunando- se muestra reacio a participar como detective de la defensa de Colleen, es un caso muy difícil, muy mediático y en el cual ya la sociedad condeno a su defendida del peor crimen posible: el de una madre que mata a su hijo.

Charlie es una figura muy conocida en el medio. Su fama como investigador implacable, curtido en múltiples encuentros con representantes del lado más oscuro y maligno de la sociedad, le otorga un aura que atrae y repele a la vez. Vive solo en una casa frente a las marismas y solo recibe la visita de sus hijas Samantha y Jennifer de vez en cuando. Sam, hija de su segunda mujer, y Jennifer… quien murió junto con su madre, ambas asesinadas dos décadas atrás.

Charlie sabe que no puede negarse a su amigo Moxie a tomar el caso, y así lo hace sintiendo con un escalofrío que nuevamente se enfrentara a un pasado que creía superado, un pasado en el que fuerzas oscuras y antiguas aún tienen cuentas que cobrarle.

Moxie le encarga a Charlie la ardua tarea de interrogar a Colleen y a todos sus allegados para recabar las pruebas necesarias y llegar preparados a un juicio que se avecina complicado, pues la fiscal Erin Becker quiere postularse como fiscal general del estado, y este caso se le presenta como el trampolín perfecto para sus ambiciones. Por ello está utilizando todos los recursos de la policia de Portland para hundir a Colleen, a quien la opinión publica ya juzgo y condenó.

Moxie y Charlie intuyen que Colleen es inocente. Es una mujer muy frágil y ensimismada, que, aunque tiene todo en su contra, no deja de irradiar cierta fuerza interior y una fe inquebrantable en encontrar a Henry vivo y dar con los culpables de su secuestro.

Conforme Parker avanza en su investigación, el caso se va llenando de interrogantes, ya que Stephen (el marido) es un tipo verdaderamente antipático; además, es el principal instigador de la culpabilidad de Colleen. La figura de su misteriosa amante Mara Teller -con quien engañó a su esposa durante el embarazo- va cobrando peso, pues es inencontrable, no hay registros de ella, y Stephen se muestra muy ambiguo respecto a su relación.

Lejos de Portland, en el condado de Aroostook, Sabine Drew vive desde hace una década sola y prácticamente como reclusa. Tuvo una época de repentina fama al ayudar con sus dotes de vidente a encontrar a un niño asesinado años atrás, y esto condujo al arresto de su asesino. Su casa se convirtió en punto de peregrinaje para personas desesperadas que buscaban encontrar a sus desaparecidos o comunicarse con familiares fallecidos. Esto le llevó a aislarse y a vivir como una ermitaña. Sin embargo, desde hace unos días, escucha a un niño que llora y que pide ayuda. Intuye que es Henry, el niño desaparecido, y sabe a quién acudir… al detective Charlie Parker.

Muy al norte de ahí, en lo más denso de los bosques de Maine, hay una vieja casa que parece abandonada, pero que no lo está. Los pocos vecinos de los alrededores nunca se acercan a ella. Se se cuentan historias sobre antiguos habitantes, se sabe a qué familia perteneció y se conoce su historia. Quien llega a pasar cerca de ella la percibe más que como una casa inerte, como un ser vivo, como si hubiera una entidad que hibernara en su interior y que, cada tanto tiempo, necesita salir a alimentarse.

Con estos elementos, John Connolly nos trae la que tal vez sea su historia mas lograda de la saga de Charlie Parker. Una historia compleja, con personajes sólidos, bien trabajados, con un detective Parker más irónico y sagaz que nunca. Los retratos que hace de los protagonistas son crudos e hiperrealistas, dándole gran credibilidad a la historia. Todos tienen un pasado de derrotas y perdidas tras de sí, y eso les otorga un aura melancólica y triste, muy acorde a los bosques de Maine donde transcurre la historia. Por supuesto, la trama se hace compleja, y surgen cabos sueltos por doquier. Entra en escena una comuna de supremacistas blancos que tiene viejas cuentas por cobrar a Charlie, y él no tiene más remedio que pedir el apoyo de sus viejos amigos: el asesino y el ladrón, Louis y Angel, sus ángeles guardianes y compañeros de mil batallas.

Nuevamente encontramos las obsesiones de Connolly en esta novela: la injusticia, el abuso de poder, la maldad como un ente con vida propia, y la presencia perenne de la trágica historia de Charlie Parker. Pero esto, lejos de ser repetitivo se agradece, pues el autor refuerza y amplia su universo temático, todo se renueva, se viste y actualiza con nuevos personajes y situaciones, logrando una novela vertiginosa y original a la vez, sin perder el estilo que lo ha consolidado como uno de los referentes de la novela negra actual en lengua inglesa.


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