Regla de Tres

Librero se enfrenta a Cinépolis

El propietario de una librería en el Centro Histórico enfrenta en un juicio al monopolio Cinépolis, que pretende desalojarlo con la compra irregular del inmueble

Con una edificación casi que a punto de caerle encima, José Carlos Avilés Becerril, propietario de la Librería Avilés ubicada en la calle de Valentín Gómez Farías en el Centro Histórico moreliano, enfrenta mediante un juicio a la cadena Cinépolis de la Organización Ramírez que pretende desalojarlo del inmueble y cobrarle un adeudo inexistente.

La librería le fue traspasada hace 15 años por Víctor Báez, señala Avilés.

El inmueble forma parte de lo que era “una sola propiedad” sobre la calle Valentín Gómez Farías esquina con Eduardo Ruiz, a inmediaciones de la antigua Central Camionera de Morelia, y que incluía varios locales, entre ellos el que ocupa la librería hasta la actualidad, ubicada a un lado de la edificación que al parecer será demolida.

La propiedad, dice el librero, “era de un mismo dueño, de un matrimonio, era la casa familiar; fallecieron los padres y heredan a los hijos. Se hace cargo como albacea una de las hijas, doña Martha, y este pedacito, esto que ves de la librería, lo vende a un doctor, van al notario, hacen contrato de compra venta, todo bien, le entregan físicamente el local, es el doctor Rubén Bracamontes, él coloca en la parte de arriba su consultorio, donde da su consulta por muchos años y aquí su esposa (donde se ubica la librería) tiene un negocio de venta de regalos”.

José Carlos Avilés Becerril, propietario de la librería desde hace casi 15 años.

Pasa el tiempo y ellos (la familia Bracamontes) se van a Maravatío, rentando el espacio a Báez, quien le insistió en que le comprara la librería, dado que tenía una deuda y que por eso necesitaba traspasarla. Así fue como empezó a gestionar la librería en el lugar donde se encuentra.

Báez habló con Bracamontes, narra Avilés, para que le siguiera rentando “igual que a don Víctor.  Aquí tengo el contrato de compra venta del señor, toda su documentación como propietario; los contratos de servicios son a su nombre, la luz, el agua”.

El problema, dice, “es que nunca ha escriturado porque la señora aducía que había problemas de intestado, primero, y luego de un crédito hipotecario, y se la llevó así a la larga, y sucede que esta señora haciendo fraude, después llegan los de Cinepólis (refiriéndose a la Organización Ramírez, que detenta esta cadena de salas cinematográficas desde Morelia y con presencia en todo el país y en el extranjero), querían toda la manzana y pagar a un peso el metro; muchos vecinos se opusieron, pero llegan con la señora y ella sí les vende, aduciendo ser la dueña de todo; de hecho este local se estaba cayendo, ya lo habían vendido a otro señor, pero la señora sabiendo que Cinépolis estaba interesado, le devolvió el dinero y le dio a ganar”.

Según Avilés, Cinépolis ya compró todo el inmueble, que incluye el local donde se ubica su librería, haciendo a un lado la compra venta anterior a Bracamontes, a quien Avilés le cubre mensualmente la renta por el espacio, “un inminente fraude porque ya estaba vendido”.

Aspectos del inmueble en demolición que ahora sería propiedad de Cinépolis.

Los de Cinépolis, dice, “vinieron aquí a tratar de intimidar: sabe qué, tiene que desalojar porque Cinépolis ya compró y se va a ampliar con tres salas. Yo les comenté que estaban equivocados, aquí tengo mis tres contratos de arrendamiento debidamente firmados por el propietario y por mí, y tengo recibos de arrendamiento. Como se dieron cuenta los abogados (de la empresa) que esto ya estaba vendido y que la señora estaba equivocada y que le habían pagado millones de pesos, entonces me demandaron a mí para que yo desalojara, diciéndome que yo tenía con ellos un contrato de palabra, de arrendamiento y que ya tenía más de 80 mil pesos de deuda”.

Esta acusación, señala Avilés, lo llevó a su defensa. “Recurrimos a contrademandar con mis abogados y demostrar que no debo nada ni tengo ninguna relación con la empresa; a mí por eso no me pueden desalojar, ellos pueden hacer lo que quieran con el resto del edificio, de hecho lo están haciendo”, afirma en alusión a las obras que en la parte contigua del pequeño local se llevan a cabo, con la intervención de la fachada de un edificio casi en ruinas apuntalado desde hace meses y con letreros de riesgo de derrumbe.

Estos trabajos, señala mientras muestra áreas al fondo de la librería, con humedad, agrietamiento en algunas partes de los muros y entrada de cemento por las obras que se desarrollan. “De hecho me están afectando, me echaron a perder muchos libros, que tuve que tirar”.

Las obras a un lado de la librería le han generado a su dueño pérdidas por 10 mil pesos.

El proceso entonces, señala, “está en litigio, vamos a esperar.”, no sin antes advertir el poder al que se enfrenta: “Estas personas (refiriéndose a Cinépolis), ya tienen escrituras, sobornaron a un juez de los anteriores y sobornaron al notario; me muestran documentos que ya tienen escrituras oficiales”.

Señala que en el caso del dueño del local, también emprendió una contrademanda para demostrar su propiedad, “El me sigue dando los contratos de arrendamiento anuales y yo le sigo pagando su renta, no hay ningún problema”.

Llegado el momento, afirma, “yo entrego (el local), no habría ningún problema, pero el que me hayan demandado porque tenía presuntamente con ellos un contrato verbal y que les debía, eso a mí me ofendió y por eso fuimos a la demanda, ya tenemos cerca de dos años”, señala el odontólogo de profesión, ya retirado de la vida profesional y laboral en el área académica de algunas instituciones, entre ellas la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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