“Los traslados a “santuarios” que proponen los colectivos animalistas, por más nobles intenciones que tengan, no son del todo viables…”
Francisco Viveros Dávalos
Vivero de Ideas
Diversos operativos policiacos ejecutados en los últimos meses en el estado de Michoacán, han dejado como saldo, además de personas detenidas y armamento asegurado, animales salvajes decomisados por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA). Posteriormente, los ejemplares han sido traídos a las instalaciones del Zoológico de Morelia para su valoración médica. Algunos casos como un jaguar macho con sobrepeso o una cría de mono araña encontrada en condiciones infrahumanas, son dos de los más emblemáticos.
Tan pronto aparece el nombre del recinto faunístico en redes sociales, se encienden los ánimos y es entonces cuando el debate ha comenzado: muchos usuarios, que se identifican como animalistas o preocupados por el bienestar y los derechos de los animales, cuestionan que los ejemplares sean trasladados a lo que ellos consideran como “cárceles para animales”. El presente Vivero de Ideas tiene por objeto exponer algunas precisiones importantes que no se deberían pasar por alto cuando se generen estas discusiones.
La primera de ellas es que la PROFEPA es la autoridad a nivel federal que tiene las atribuciones para decidir a qué recinto serán trasladados los animales asegurados; de igual forma, es la instancia que se encarga de supervisar la operación de recintos que manejen fauna silvestre, como lo es el Zoológico de Morelia.
Cabe señalar también que todos los recintos que deseen realizar un manejo de ejemplares de fauna silvestre deben estar constituidos como una Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (por sus siglas UMA). Es el caso del Zoológico de Morelia.
Por si fuera poco, el recinto en cuestión está provisto de infraestructura física y un cuerpo de especialistas en atención a animales silvestres, quienes saben de qué manera atender a cada ejemplar que les llega según su condición específica. Desafortunadamente, en algunos casos, quienes se desviven opinando sobre el tema en redes sociales no cuentan con dicho perfil profesional.
Es decir, la llegada de este tipo de animales al zoológico de la capital michoacana se hace así porque es la vía que establecen las leyes de nuestro país. Los traslados a “santuarios” que proponen los colectivos animalistas, por más nobles intenciones que tengan, no son del todo viables porque esta figura no existe en la legislación mexicana, además, los traslados de fauna silvestre al extranjero están sujetos a rígidos acuerdos internacionales que demandan muchos trámites e implican cuantiosos recursos.
Entonces ¿es culpa del Zoológico de Morelia el tener “cautivos” animales que fueron previamente decomisados? ¿La culpa acaso es de la PROFEPA por no enviarlos a santuarios en África o la India? De ninguna forma; estas instituciones tan solo están cumpliendo la Ley.
Si de verdad se quiere señalar a un culpable, lo que tenemos que poner en el centro del debate es el tráfico de vida silvestre: Para que un tigre, un mono araña o una guacamaya lleguen hasta un domicilio particular, éstos tuvieron que haber sido extraídos, a todas luces de manera ilícita, de sus hábitats naturales. Esto es grave también porque, al ser removidos de su entorno, no adquieren las habilidades que requieren para su supervivencia, y posteriormente, es complicado que se reintegren a su ecosistema. Por tanto, la condena a vivir en un zoológico empieza desde este momento, no cuando la autoridad realiza un operativo.
De igual forma, existe una clara corresponsabilidad en las personas que adquieren animales exóticos, ya sean miembros del crimen organizado, empresarios, funcionarios públicos o ciudadanos de a pie. Para que un negocio funcione, debe haber tanto oferta (los traficantes) como demanda; y es en esta segunda categoría donde entran aquellos que compran animales silvestres.
A manera de conclusión: si a las personas de verdad les interesan el bienestar y los derechos de los animales, la propuesta es criticar la extracción de animales de sus hábitats e integrar un frente común en contra del tráfico de vida silvestre. Son ellos quienes condenan a los ejemplares a vivir el resto de su vida bajo cuidado humano, no los zoológicos.
Que sirva también este espacio para informar a la población sobre las funciones con las que cumple un zoológico, y sumarnos a la consigna que exige: “Bienestar animal con ciencia”.
Ilustración portada: Luna Monreal


