Sobre la desaparición de Antonio Díaz Valencia, defensor en Aquila, su hijo Keyvan Díaz, habla del proceso revictimizante por el actuar institucional
Patricia Monreal
La desaparición de un familiar “te rompe la madre”, subraya Kevyan Díaz, hijo del líder comunal de Aquila y defensor del territorio, Antonio Díaz Valencia, quien, junto con el abogado Ricardo Arturo Lagunes Gasca, desapareció el 15 de enero de 2023 en la localidad Cerro de Ortega, del municipio de Tecomán en Colima.
Es 30 de agosto y se conmemora el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, y para Kevyan y su familia la fecha tiene doble significación, no sólo por ser Antonio uno de los miles de desaparecidos en México, sino también, porque este día es cumpleaños de su padre.
“Lamentablemente se cumple otro 30 de agosto, y nos encontramos en el mismo punto en el que estamos en el caso desde hace ya más de tres años. Sí tenemos tres personas judicializadas, sí se elevó a la Federación el caso desde hace prácticamente tres años. Sin embargo, las líneas de investigación siguen siendo muy laxas.
“El mismo proceso y las mismas investigaciones de la FGR (Fiscalía General de la República) no arrojan ni nos han dado tampoco, una satisfacción con que se estén buscando a todas las personas que estuvieron involucradas”.
De acuerdo con el trabajo periodístico “Desapareció CJNG a defensores de Aquila”, de Analy Nuño, integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación fueron los protagonistas del secuestro de ambos defensores de derechos, sin que hasta el momento se haya ahondado en la probable responsabilidad de Ternium, la principal productora de acero en América Latina, con la cual Antonio, Ricardo y la comunidad mantenían una lucha social y legal.
“Lamentablemente, la desaparición de mi papá y de Ricardo ejemplifica cómo en México un defensor del territorio y de los derechos humanos puede ser completamente desaparecido, inclusive aunque tenga recomendaciones por la ONU, que esté dentro del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas”, apunta Kevyan.
Además, lamenta que independientemente de que las víctimas indirectas, hagan todo lo que el proceso establece, “que atiendan todas las carpetas de recomendación y debido proceso, que lo lleven al pie de la letra, que hagas tu denuncia antes de las 72 horas y demás, no te garantiza que vas a tener una respuesta positiva por parte del Estado”.
En el caso de Antonio y Ricardo, acusa que el Estado ha sido omiso en cuanto a no agotar todas las líneas de investigación y todas las instancias que se debieron agotar desde un inicio. “A más de tres años y medio de la desaparición de mi papá y de Ricardo, seguimos prácticamente en el mismo punto, donde no tenemos ni idea de dónde están o qué fue de ellos”.
De las tres personas que están detenidas, vinculadas por la desaparición de ambos defensores, detalla que dos están como autores materiales y otro como autor intelectual.
“Sin embargo no hay avances pese a las investigaciones tanto periodísticas como las del Mecanismo de Investigación Forense que nosotros hicimos, esto como parte del derecho que tenemos y en el que involucramos a un equipo interdisciplinario para poder contraponer las líneas de investigación de la Fiscalía, para que se agoten todas las investigaciones posibles. Sin embargo, no hemos tenido ningún tipo de respuesta.
“Nos encontramos en el mismo punto donde las autoridades en lugar de coadyuvar y cooperar entre ellas mismas, se siguen echando la bolita, siguen peleando. Es un tema bien revictimizante donde, por más que hagas al pie de la letra las recomendaciones, tanto nacionales como internacionales, de organismos de la sociedad civil para familiares de desaparecidos, lamentablemente en México no te garantiza eso nada”.
Además de la desaparición en sí misma de ambos defensores, está el impacto que ella genera en la comunidad y la lucha que venían realizando. Al respecto Kevyan refiere que este tipo de crímenes, como lo es la desaparición forzada, “justamente buscan dejar una huella de terror dentro de la comunidad, dentro de la familia, dentro de la misma sociedad. Hacer este tipo de desaparición de personas defensoras del territorio, de líderes de territorios indígenas y demás, pues, más allá de también de desaparecer propiamente a la persona, lo que se busca es fundar terror.
“Es una estrategia sistémica de estos grupos para poder debilitar las organizaciones, las luchas y también desarticular cualquier tipo de defensa que se haga dentro de las comunidades y de la sociedad en general. Lamentablemente, a tres años, es un tema complicado, por ejemplo, yo no puedo regresar a Aquila.
“Uno, como familiar, se encuentra con la revictimización y con el saber que buscan lastimar más allá. El crimen de la desaparición no termina con la desaparición, sino empieza con ella y con todo lo terrible que desencadena alrededor”.
En lo que toca a las víctimas indirectas, Kevyan asevera categórico que la desaparición “te rompe la madre”, y refiere: “de un día para otro te encuentras con que, al menos en mi caso, ya eres responsable de muchas cosas de las que no eras. Yo vivía todavía con mi papá y de un día para otro, pues tienes que hacerte responsable de tu vivienda, tu comida y demás, y afrontar justamente el saber que tu proyecto de vida se vea coartado.
“Los primeros meses, me atrevo a decir los primeros dos años, uno está en un limbo emocionalmente, y laboralmente también. No es tan fácil conseguir trabajo porque muchas veces, el activismo te orilla a tener que estar pidiendo permisos en el trabajo, tener que salir, estar al pendiente de las investigaciones, la Fiscalía y las autoridades, porque lamentablemente, no son muy empáticas en el sentido de que uno tiene una vida, te hablan y tienes que estar al día siguiente.
“Obviamente con la escuela pasa también, si tenías pensado tal vez estudiar una carrera, una maestría, un posgrado, pues no se puede. Tienes que replantear por completo tu vida y es con el pasar del tiempo, conforme la marea se va calmando, y uno emocionalmente va encontrando un poco de tierra”.
Kevyan apunta que el tener “un buen círculo de personas que te apoyan, apoyarte también en colectivos y colectivas, creo que es algo que ayuda bastante, pero sí, la desaparición te destruye por completo, no solamente en tu proyecto de vida, sino en tu vida misma. No hay comparación en cuanto a lo que yo aspiraba y era antes de la desaparición de mi papá a lo que soy después de su desaparición”.


