“JCO no oculta ni reniega de sus influencias; en su obra se puede ver la huella de Faulkner cuando habla del «profundo sur», del racismo y la pena de muerte…”
Gerardo Pérez Escutia
Zona Oscura
Cuando se lea esta columna, ya sabremos quién fue el ganador o ganadora del Premio Nobel de Literatura 2026. Desde hace varios años, el nombre de Joyce Carol Oates suena como una de las más fuertes candidatas al premio; si lo ganó en esta ocasión, enhorabuena, pues sin duda es una de las escritoras vivas más prestigiosas, prolíficas y capaces en la actualidad; si no, no hay problema, esto no demerita su calidad y seguirá siendo una de las favoritas de esta columna. De ella ya hemos reseñado algunos de sus títulos más recientes: Carnicero, Señor Fox. Hoy hablaremos de algunas de sus obras anteriores, lo que nos dará un mejor panorama de la importancia y calidad de su obra.
La violencia y el crimen son parte consustancial de las sociedades humanas; sin embargo, es en esta época, dominada por las redes sociales y la tecnología, en que -violencia y crimen-, se perciben más cercanos, más inmediatos a todos nosotros. Esto que pudiera parecer un eufemismo en sociedades más desarrolladas se convierte en una inquietante realidad que rige la vida cotidiana en sociedades como la nuestra.
Esta “realidad” es fuente inagotable de historias y personajes que influyen enormemente en los escritores actuales, creando así una nueva narrativa que la describe exhaustivamente.
La novela “realista” actual necesariamente transita por los caminos de la novela negra, lo cual ya se ha convertido en un fenómeno global, pues la NN, gracias a su calidad, sofisticación y complejidad de temas, ya es considerada por muchos la “novela costumbrista del siglo XXI”. Esto es muy evidente con varios de los escritores y obras que hemos reseñado en esta Zona Oscura y en particular con la escritora de la que me ocupo en esta entrega.
Joyce Carol Oates, es considerada como “la gran dama de la literatura norteamericana actual”; como pocos escritores, ha sabido captar y retratar el “lado oscuro” del alma estadounidense. Mucha de su obra se inscribe dentro de los parámetros de la NN, pero también ha hecho crónica y biografías; sin embargo, donde más destaca su oficio es en el noir, en los temas oscuros e inquietantes.
Joyce Carol Oates nació en Lockport, Nueva York, en 1938; es autora de más de cincuenta novelas, múltiples ensayos, poesía y obras de teatro. Desde hace años se le menciona como candidata al premio Nobel de Literatura, y hoy día es referente indiscutible de la cultura norteamericana, particularmente -y esto es una de las características principales de su obra-, del lado oscuro, de la eterna dualidad del ser humano, de las pulsiones que en lo social y en lo individual caracterizan a la sociedad norteamericana como una sociedad fascinada por el crimen, las prisiones y los asesinos seriales.
JCO no oculta ni reniega de sus influencias; en su obra se puede ver la huella de Faulkner cuando habla del «profundo sur», del racismo y la pena de muerte; se puede apreciar también la huella de Stephen King y de Edgar Allan Poe en sus relatos que colindan con lo sobrenatural y con el horror en el sentido más íntimo y personal, y todo ello transcurriendo en una América muy actual.
Joyce es literatura pura y dura, es una escritora que lo mismo puede publicar una biografía del máximo símbolo erótico del siglo XX, Blonde, sobre Marilyn Monroe, que escribir una novela clásica de misterio -en la mejor tradición de la novela negra-, como Rey de Picas, o entrar en terrenos que son tradicionalmente reductos de la “masculinidad”, como el boxeo, y escribir un ensayo deslumbrante y ya clásico, Del boxeo, en donde disecciona con la destreza de un cirujano el “oscuro” universo de este deporte.
Me enfocaré en cuatro obras de Joyce Carol Oates: Carthage, Infiel (recopilación de relatos), Rey de picas y Del Boxeo. No pretendo hacer una crítica literaria de estas obras -para ello están los expertos-; más bien hablar de lo que me provocan, de la inquietud y zozobra que deja su lectura y cómo, después de leerlas, no podemos mirar a la sociedad estadounidense de la misma manera.

Leyendo a JCO, entendemos mejor por qué este pueblo se permitió la llegada al poder de un personaje tan esperpéntico como Donald Trump, y entrever que tal vez él es la verdadera cara de una nación que siempre ha estado ahí, en donde el racismo, el fanatismo religioso y el desprecio por el otro -el diferente-, son moneda corriente.
Carthage (2014). Esta novela debe su nombre a la ciudad en donde se desarrolla gran parte de la trama, Carthage, Nueva York, ubicada en la zona norte del estado, en un área densamente boscosa y colindante con Canadá. Algo tiene este lugar que seduce a escritores de novela negra como John Connolly para ubicar aquí sus relatos.
La historia contada en Carthage es toda una tragedia americana… sus personajes: un excombatiente de Irak, otrora el golden boy del pueblo, que regresa lisiado de la guerra; una familia de clase alta, tradicionalista y protestante; un patriarca WASP y macho alfa; una hija insegura, outsider, renegada de la familia y de la monótona vida del pueblo; y la hija “perfecta”, bella e insulsa, que espera casarse con el príncipe azul que regresa de la guerra.
A partir de estos personajes y poniendo como detonante de la trama la desaparición o muerte de una de las hijas de la familia Mayfield, la autora desarrolla un retrato de la sociedad estadounidense conservadora, sus miedos y sus reacciones ante la mayor pesadilla de cualquier familia, la desaparición de un hijo, pero JCO no se queda en el drama, desnuda crudamente a los protagonistas, relata el proceso de destrucción de los vínculos que los unen a consecuencia de la tragedia y desarrolla personajes atormentados, con claroscuros, que van creciendo frente a quienes los leemos y vemos reflejados en ellos nuestros propios temores y limitaciones La autora no tiene consideración alguna y sigue adelante, no se instala en la comodidad de un drama bien contado, es más, esta tragedia es la simiente de la verdadera historia que subyace en la novela.
Joyce nos pone a tono, nos sumerge en un mundo en donde las cosas no son lo que parecen y las víctimas y victimarios tampoco; magistralmente juega con la ambigüedad de los protagonistas y nos lleva por algunos territorios «underground» de “América”. En algún pasaje, uno de sus personajes dice: “Tenemos trabajo pendiente que considero urgente y que consiste en dejar al descubierto el vientre enfermo del alma norteamericana”, y eso es precisamente lo que hace la autora sin caer en el relato escatológico, sin abusar del recurso fácil de “crimen y castigo”; logra poco a poco que nos sumerjamos en ese “vientre enfermo”.
En particular me pareció magistral un pasaje en donde habla de la visita a una “Supermax”, una de esas modernas catedrales norteamericanas que son las cárceles de máxima seguridad, como buena estadounidense se explaya en los detalles que los inquietan; en el pasaje de la visita a la cárcel nos lleva realmente ahí… podemos ver, oír, oler y sentir el microcosmos que se construye en esos lugares, entendemos -y nos estremecemos al hacerlo-, la psique de los guardianes de este sistema, como se convierten en tiranos, en dueños de vida y muerte; vislumbramos como, aún en este universo asfixiante y acotado, ellos se manejan con gran discrecionalidad y el poder se ejerce brutalmente; compartimos la angustia rayana en la locura del condenado a muerte, nos estremecemos ante la frialdad cegadora -como en un quirófano-, de la cámara de ejecuciones y entramos, como a un gran anfiteatro, al espectáculo cuasi operístico de un comedor con cientos de presos, con su impronta de violencia , humor de machos encerrados y la desesperanza que lleva al acto irracional.
No haré un spoiler en este relato, solo agregaré que la novela cierra el círculo y termina donde comenzó; más que respuestas, encontramos preguntas y, en el ínter, disfrutamos de una prosa magistral, elegante, que no desdeña los abismos de la mente humana ni se instala en la comodidad de resolver con solvencia el enigma planteado en la novela.
Infiel (2001). Esta recopilación de relatos breves a pesar de lo diverso de sus personajes y épocas, tiene varios «hilos» que le dan unidad; en todos se abordan «las pasiones oscuras»: celos , asesinato , racismo, desencanto, sexualidad, —nunca tratada como algo gratificante sino como fuente de angustia y frustración,—están presentes en estos relatos. Vemos desfilar a un marido celoso de los tiempos de la Gran Depresión que hace vivir a su familia en un universo oscuro y cerrado, nos adentramos en el mundo de los condenados en el “pasillo de la muerte”, de la mano de un reportero especializado en hacer la crónica del último día de un condenado, conocemos la existencia de una sociedad secreta de policías en Copland, que se rige bajo las reglas mas brutales de la venganza y un concepto torcido de la justicia; asistimos al relato de un escritor revelando en público un secreto inconfesable.
21 relatos que no tienen desperdicio, que muestran a JCO como maestra del género del relato corto, con una prosa certera y un estilo que hurga en los recovecos del “alma” y desenmascara nuestros temores y obsesiones en personajes sencillos que han caído bajo el dominio de sus “demonios” y con los cuales inquietantemente encontraremos «identidad».
Rey de picas (2015). Este libro es uno de los más famosos y reseñados de la autora; es una novela gótica con resonancias a Edgar Allan Poe y a Stephen King.
Como preámbulo, desde las primeras líneas nos recuerda uno de los mejores cuentos de Poe, “El pozo y el péndulo». A partir de este primer golpe, desarrolla la historia de un escritor de novelas de “suspense” exitoso, con una familia ideal y una cuenta en el banco más que holgada; sin embargo, este escritor guarda un secreto, tiene un “alter ego” (un Mr.Hyde) que, bajo el seudónimo Rey de picas, escribe relatos oscuros, grotescos, plagados de crímenes y con un lenguaje que el otro, el escritor famoso, no se puede permitir.

Esta doble vida literaria va complicando la existencia de nuestro personaje principal, Andrew J. Rush, pues a partir de que su hija encuentra accidentalmente en su estudio una novela de Rey de Picas, la lee y lo cuestiona acerca de su autoría, se suceden una serie de acontecimientos que lo van sumergiendo en una espiral emocional descendente que trastoca totalmente su vida. Hay una demanda por plagio, hay un crimen, habitaciones oscuras y un gato negro, todo ello llevado de la mano magistral de una autora que no se queda en los convencionalismos del género, sino que lo reinventa con una prosa de notable elegancia.
Del boxeo (1987). Esta obra no es una novela, es más un ensayo y un homenaje, una declaración de amor al más machista e individualista de los deportes: el boxeo. Con gran prolijidad de datos, la autora nos lleva por la historia de este ¿deporte?, desde sus brutales inicios, cuando se peleaba sin límite de rounds y sin protección alguna, hasta la actualidad de las bolsas millonarias y peleas hiper cuidadas.
La autora indaga en la psicología de los míticos boxeadores norteamericanos como Joe Louis, Jack Dempsey, Rocky Marciano, Jake LaMotta y, por supuesto, Muhammad Ali; nos habla de sus motivaciones, del factor “social”, que hace posible que haya esta “raza” de hombres dispuestos a dejarse machacar a golpes a cambio de la gloria y el dinero, nos reseña la fascinación morbosa de una pelea vista desde ringside, haciendo un símil con la contemplación de una película pornográfica, y por último nos habla del impacto que el boxeo ha tenido en la cultura norteamericana de este siglo.
Joyce Carol Oates no es la única escritora que ha sido seducida por este deporte; también lo fue Hemingway, y en nuestro mundo hispanohablante destaca Julio Cortázar, quien en sus cuentos y novelas hacía múltiples referencias al boxeo, y escribió un magistral cuento -que entra totalmente en los parámetros de la novela negra-, “La noche de mantequilla». Nuestra autora no apela a la ficción, hace crónica y registra con minuciosidad “las diversas historias”, pintando un fresco magnífico de la historia del box.
Después de la lectura de este libro, la aproximación al boxeo no podrá ser igual; tendremos más elementos de juicio y un contexto histórico, cultural y psicológico que nos hará disfrutar más, o execrar, de esta metáfora del American dream, que es el boxeo.
Hasta aquí mis comentarios; ojalá les sirvan a los ya lectores de Joyce Carol Oates y estimulen a los nuevos. ¡No se arrepentirán!
Ilustración portada: Emilio Monreal


