Regla de Tres

Jotadé

“…el crimen del puente se debe a una disputa entre bandas que se pelean la venta de drogas en Madrid…”

El subinspector Juan de Dios Cortés (Jotadé) es el único policía gitano de su comisaría en Madrid; es todo un personaje, no solo por su origen sino por su actitud y capacidad de investigación. Jotadé es mal hablado, irreverente, siempre se brinca las normas y atrae los problemas como un imán; también es dueño de una determinación de acero para resolver los casos que le asignan, y su lealtad a prueba de balas lo hace uno de los policías más confiables y queridos por sus compañeros. Jotadé apenas comienza a reponerse de un caso traumático que dejó fuera de la comisaría a su ex jefa Indira Ramos y llevó a la cárcel por asesinato a su compañera de equipo más querida, Lucía Navarro. Le acaban de asignar una nueva investigación que de inmediato le provoca que salten sus alarmas; su instinto le dice que de este nuevo caso no saldrá entero.

En lo que parece ser un siniestro ajuste de cuentas entre clanes mafiosos, dos individuos fueron colgados de un puente que atraviesa la M30 madrileña; al colgarlos, les rajaron el vientre para que sus tripas salieran despedidas de sus cuerpos en una macabra puesta en escena, seguramente para enviar un mensaje a bandas rivales. La mala suerte quiso que las vísceras aún calientes cayeran en el descapotable de tres chicas que venían de una fiesta, provocando la volcadura y hundimiento del auto en el río Manzanares, lo que causó la muerte de una de ellas , que resultó ser la hija del comisario de policía de Madrid. 

Estas son las premisas que nos dan el tono en el que discurre esta estupenda novela, mezcla de thriller vertiginoso y novela negra gore, con la que el autor Santiago Díaz (Madrid, 1971), da inicio a una nueva saga Jotadé (Alfaguara Negra, 2025).

Dadas las circunstancias del crimen en el que murió como víctima colateral, la hija del comisario, Jotadé es el elegido para llevar a cabo la investigación con la ayuda de los compañeros que quedan del equipo original de la inspectora Indira: los agentes Verónica Arganza y Luca Melero. Verónica es la policía en quien más confía actualmente Jotadé; es la lealtad y honradez personificadas, y también quien encausa a Jotadé para que no se desvíe de las normas y procedimientos, situación fuente de constantes fricciones entre ambos. Verónica es su contrapeso estructural y su ancla, la que le impide desviarse de su trabajo como policía y regresar a sus orígenes delincuenciales, de donde surgió en el barrio gitano de Pan Bendito. Lucas es el encargado de la logística de la investigación; es un experto en informática y en las tareas operativas y de procesamiento de pruebas; él ordena y da solidez y estructura a los hallazgos del proceso de investigación.

Todo indica que el crimen del puente se debe a una disputa entre bandas que se pelean la venta de drogas en Madrid, en particular a la que encabeza Hilario Garza, un conocido capo madrileño que ha incorporado a sus filas a sicarios provenientes de México y Sudamerica, lo cual se refleja en sus métodos que se han hecho más sanguinarios en sus eternas disputas con otras bandas para ganar territorios. Por los indicios recabados de cámaras de vigilancia y el modus operandi,la investigación se enfoca hacia su banda. 

Lo que comienza como una investigación prioritaria, en la que Jotadé y sus compañeros avanzan a tientas, pronto da un vuelco dramático, pues Jotadé es acusado de robar dinero en una escena de crimen; lo dan de baja con deshonra del cuerpo policial y va a dar a prisión, donde le toca como compañero de celda un yonqui de altos vuelos, Marcos Garza, el hijo de Hilario Garza quien cumple una pena por posesión de armas y drogas. 

A estas alturas de la novela ya la historia nos tiene totalmente atrapados, rendidos ante un thriller que no da respiro, Jotadé es un personaje entrañable que refleja el habla y las costumbres de una comunidad discriminada (los gitanos), lo que otorga un color costumbrista al relato, rayando en la picaresca por las situaciones que describe el autor; situaciones que en varias ocasiones nos arrancan una carcajada por la peculiar visión del mundo y por los problemas en que se mete nuestro personaje. 

El autor logra una poco frecuente mezcla de sordidez, humor, profundidad psicológica y tensión en esta historia; tiene un estupendo manejo de personajes y dosifica el suspenso y los vuelcos narrativos de una manera magistral. Logra que, como lectores, estemos enganchados, devorando capítulo tras capítulo, pues lo que comenzó como una simple investigación por asesinato se convierte en una compleja trama criminal con tintes de tragedia griega, en la que, más allá de disputas por territorios, se muestra la lucha brutal por el poder, aun en el seno de las familias. 

Santiago Díaz no da respiro, sus escenas de violencia son crudas, gráficas, y -por desgracia- muy actuales. La investigación es impecable: se nota el oficio y conocimiento de los procedimientos policiacos. Además, subyace en esta historia otra, la que nos lleva al interior de la comunidad gitana: nos sentamos a su mesa, conocemos sus costumbres, el papel primordial que para ellos tiene la familia y la religión, y entendemos la actitud de desconfianza pétrea que tienen hacia los “payos”, los no gitanos, que los han discriminado por siglos.

Como buen thriller, nos brinda un final impactante e inesperado que deja abierta una puerta para la siguiente novela de la saga de Jotadé. 

Una lectura muy recomendable que no decae en ningún momento.


 

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