“La IA llegó para quedarse. No hay vuelta de hoja ni berrinche que valga. No solo para quedarse, llegó para extenderse como luz y sombra”
Ernesto Hernández Doblas
crónicas que Muerden
I
Hace nueve días, en las redes sociales estalló el griterío que de por sí abunda cotidianamente por esos lares. Ahí la histeria es normalidad. No faltan motivos para la discusión, de poca monta la mayoría de las veces, pero muy intensa. Más que debate hay batidillo.
En ese ring de palabras, se levantó la polémica frente a la noticia de que, según investigación del diario El País, una novela premiada había sido escrita con un 99 por ciento de Inteligencia Artificial (IA).
¡Vaya escándalo! Escritores, críticos, lectores y opinólogos de ocasión, vieron la oportunidad para lanzar furibundas sentencias aunque también se han colado reflexiones más sensatas, entre las que destacaría las de los escritores Jorge Carrión, Emiliano Ruiz Parra y Yásyana Elena Aguilar.
El acontecimiento está lleno de ángulos para reflexionar de tópicos variados. Sin embargo, muchos han decidido extender su flamígero índice contra el autor y su deleznable y presunta cómplice: la IA. Al primero le aplicaron la santa inquisición de la pureza literaria y a la segunda, le mostraron los dientes por intrusa en terrenos de lo humano.
Resulta que el peruano David Silva Rojas, decidió participar en una convocatoria internacional de novela breve lanzada por la editorial mexicana Almadía y la Fundación Ventosa Arrufat de España. El jurado estuvo conformado por Cristina Rivera Garza (México), Mónica Ojeda (Ecuador) y Selva Almada (Argentina), quienes determinaron premiar su novela «Donde el agua trabaja».
Es importante anotar que en las bases del concurso estaba especificado que no serían admitidas novelas escritas con IA, total o parcialmente. El resultado fue dado a conocer el 29 de julio pasado y el libro se puso a circular a partir del pasado 13 de octubre.
El 23 de octubre, en Madrid, iba a dar comienzo una serie de presentaciones, que sin embargo se suspendieron cuando ese mismo día el periódico El País lanzó un bombazo: según análisis de Pangram, una IA entrenada para descubrir coincidencias escriturales entre textos de manufactura humana y otros con IA, la novela del peruano tenía intervención artificial en un 99 por ciento.
Almadía suspendió cualquier presentación y dijo que iba a revisar el caso aunque la novela sigue vendiéndose. El autor ha desmentido tajantemente las acusaciones y dice que presentará pruebas, a las que en un principio se negó. Las redes sociales se han enredado en una polémica que aborda varios aspectos pero ha enfocado sus baterías en demonizar el uso de este tipo de herramientas en terrenos de la literatura.
II
El antropocentrismo está herido de muerte. En lugar de canto del cisne balbucea reclamos. Se atrinchera en la intemperie de cierto esencialismo. Quiere seguir siendo el centro de la creación y como un niño asustado llora en la oscuridad.
Tal como muchas distopías lo habían predicho, serían las máquinas que su ambición le llevó a crear, quienes lo quitarían del trono que durante mucho tiempo imaginó ocupar. ¡Trágica y bellísima paradoja! El creador siendo traicionado por su creación. ¿No ha sido siempre así? El escritor es quien desliza y desenvuelve insectos de palabras sobre la hoja en apariencia blanca, pero apenas tienen contacto con los lectores y entonces cada mirada les hace decir otras cosas, incluso a veces contrarias a las que el pequeño dios de papel quiso decir.
III
La IA llegó para quedarse. No hay vuelta de hoja ni berrinche que valga. No solo para quedarse, llegó para extenderse como luz y sombra. Cualquier discusión en torno a ella debe partir de lo incontrovertible, de lo contrario únicamente se patalea en el naufragio.
Es evidente que hay muchos aspectos a criticar. Como cualquier otra herramienta humana, el uso que le demos marcará su dirección. Hasta cierto punto… ¿Hay motivos para el temor? Por supuesto. Los señores del poder y el dinero no dudarán en usarla en su beneficio es decir, en nuestra contra. Plantea retos también en cuanto a la ética, los sesgos y la privacidad, es decir temas no muy diferentes a los que nos hemos enfrentado desde el nacimiento de la internet. Pero posicionarse desde el ninguneo (ese modo de intentar conjurar el miedo) o la satanización, solo sirve para darle alimento a las mil y un paranoias del presente siglo que no sirven ni para pensar ni para tomar acciones a nuestro favor.
IV
¿Qué es la literatura? ¿Qué es ser autor? ¿Qué es lo humano? Desde inicios del siglo pasado, estas tres preguntas fueron cada vez más difíciles de responder. Las vanguardias fueron impulsos telúricos que hicieron caer estatuas y dogmas en favor de una libertad expandida y sin visos de tener fin. Ello, junto con otras revoluciones culturales, formaron el cuerpo nómada y diverso del siglo XX. Desde comienzos del año 2000 hasta la fecha, el uso de redes y algoritmos continuaron su expansión en la mayor parte del globo terráqueo. La IA generativa causó furor, entusiasmo y el avivamiento de temores apocalípticos.
Nuevamente el ser humano vio peligrar su sitio en el universo. Aunque no olvidemos que esta situación no es nueva, mucho tiempo antes. Freud, Marx, Nietzsche, Einstein y Darwin, habían desplazado los tableros de la tranquilidad y soberbia antropocentrista.
Regresando a los ismos artísticos y literarios que hicieron efervecer estos campos de conocimiento y sensibilidad humana, en buena medida, su labor consistió en poner en duda y jaque, los rígidos preceptos de lo que es la literatura la posición del escritor, y en muchos casos incluso, la idea sobre lo que era y significaba ser Humano.
V
Así llegamos hasta el día de hoy en que la Inteligencia artificial se revela (¿rebela?) como una herramienta de uso humano, con tantas posibilidades como mundos caben en cada cabeza. El ámbito artístico como uno en los que por excelencia la creatividad se muestra y trabaja, no podía dejar pasar la oportunidad de indagar de cuántos modos se puede aprovechar. Por supuesto que nunca han faltado ni faltarán quienes por pereza o incapacidad usen la IA como la nana de un talento inexistente. Para ello habrá que ir creando en el camino medidas de resguardo no para algún tipo de pureza literaria o humana, sino para que la escritura digna, creativa y en constante movimiento de imaginación, siga teniendo su espacio, ajeno a la superficialidad capitalista y a las farsas del gato por liebre.
Muchas cosas aún están por seguirse pensando y descubriendo al respecto, pero resulta curioso que el supuesto monstruo que hoy les quita el sueño a muchos, haya sido engendrado por las propias capacidades humanas; somos el Víctor Frankenstein que se horroriza ante los ojos amarillos de su criatura, olvidando que en sus costuras habita nuestra propia herencia.
Pienso que muchos creen que la Inteligencia artificial nada más tiene una posibilidad: la de ordenarle hacer textos para ganar concursos o prestigio y escribir con el menor esfuerzo posible. Imaginan Así que muchos escritores «verdaderamente humanos» serán desplazados.
Como bien se sabe -incluso ante el genio de la lámpara-, hay que ir bien preparado para hacer la pregunta correcta, de lo contrario, el resultado será desastroso. Lo mismo pasa en el caso del uso de las herramientas electrónicas, que entre otras cosas, son la realización de la utopía del conocimiento ilimitado aquí y ahora al alcance de la mayoría. Pero no basta con que estén democráticamente a un clic de distancia, si quien las usa no tiene la capacidad, ni el conocimiento, ni la sensibilidad, ni la imaginación suficientes para sacarles el máximo partido. Por supuesto que a la Inteligencia artificial generativa, con muy poco de pericia, puedo pedirle algún poema o cuento sin yo intervenir apenas, pero necesito mucho más para crear un verdadero artefacto artístico que enriquezca a la literatura.
VI
Paradójicamente un botón de muestra de ello es la novela que hoy recibe la acusación por haber echado mano de una IA, cuando su verdadera y principal errancia ética fue, en caso de que finalmente así quede establecido, el no haber atendido las reglas predeterminadas de una convocatoria. Por supuesto que esto es una falta y tendría que señalarse así, como una intención de tomarle el pelo a la entidad convocante, al jurado y finalmente a los lectores.
Pero si el Jurado calificador con toda su experiencia conocimiento y sensibilidad le otorgaron el premio, es porque el texto en sí cumple con la suficiente calidad literaria. El resultado final es loable independientemente del proceso. Es decir, si el autor hizo uso de la Inteligencia artificial cuando en la convocatoria estipulaba que no se permitiría, ésa es la cuestión a criticarle. Pero si se plantea el otro tema de la ia y sus posibilidades para que los escritores en una especie de coautoría hagan textos dignos, el dictamen indica que sí es posible.
Además, si una convocatoria establece ciertos lineamientos, es porque a la hora de dictaminar las obras y mucho más al momento de publicar la ganadora, debieron de haber sido revisados con la suficiente claridad como para saber que se cumplieron, y que no únicamente estaban ahí como mero trámite. De lo contrario podría indicar que aquello de que no se permitirían obras con intervención de Inteligencia artificial, bien pudo ser simplemente un guiño a los lectores sobre la autenticidad y pureza del concurso. Un asunto de marketing.
Todo esto abre otras rutas de reflexión, porque indica que la Inteligencia artificial es más capaz de lo que se han creído o que el autor hizo lo suficiente, participó lo necesario, para que junto con la Inteligencia artificial, lograran crear una obra valiosa. Es decir que una obra literaria tendría valor con o sin intervención de cualquier tipo de elemento, siendo el resultado final lo que verdaderamente importa.
En todo caso, estas circunstancias nos están obligando, de manera irreversible, a cambiar de paradigma sobre lo que significa ser humano, sobre los modos de publicar, de concebir el arte y de mirar el vacío. Que los guardianes de la pureza sigan gritando en sus trincheras de papel. Mientras tanto, el desmoronamiento de sus pedestales nos devuelve la única libertad que importa: la de crear sin el lastre de la soberbia, habitando con los ojos abiertos este nuevo y lúcido paradigma. Con esperanza y ojo crítico: Celebremos.
Portada: Fotografía de StartupStockPhotos | Pixabay


