Regla de Tres

El estrecho de Bering

“Carrère aborda muchas otras obras para ejemplificar la importancia de la ucronía en la literatura, en la filosofía y hasta en la teología”

Ucronía es una palabra en desuso. Se acuñó en 1876 por el filósofo francés Charles Renouvier basándose en el modelo de “utopía” acuñada a su vez por Tomás Moro que significa “que no está en ningún lugar”, correspondiendo a ucronía “lo que no está en ningún tiempo”. Por lo tanto, a la utopía le correspondería un lugar “espacial” y a la ucronía un espacio “temporal”. La palabra utopía sin duda ha tenido mejor fortuna, pues hay diversas obras literarias que se basan en este modelo o en su contraparte la distopía; por su naturaleza permiten a los autores crear universos posibles, con leyes, costumbres, arquitecturas, lenguajes, y en fin casi cualquier elemento cultural existente, dándoles un ethos específico de acuerdo al sentido que se le quiera dar a la obra. 

La ucronía, en cambio, nos lleva al terreno de “lo que pudo haber sido sí” y por su naturaleza, plantea posibilidades casi infinitas debido a la esencia misma de la pregunta. Por ejemplo: Si Poncio Pilato no se hubiera lavado las manos, y hubiera condenado a Barrabás a morir en la cruz en lugar de a Jesus de Nazaret, ¿existiría el cristianismo? Jesús habría seguido predicando y hubiera muerto de viejo sin surgir el misterio fundamental del cristianismo: la resurrección de la carne; los evangelios habrían tenido otros argumentos o no se habrían escrito; el cristianismo no habría sido perseguido por Roma y habría terminado siendo un pequeño culto que se hubiera extinguido al paso de los años.

La ucronía es el tema central de la obra que hoy recomendamos en esta Zona Oscura. Se trata de El estrecho de Bering (Editorial Anagrama, 2022), de Emmanuel Carrère, uno de los escritores más influyentes de la literatura francesa, creador de una vasta y multipremiada obra, que se ha enfocado principalmente en el género de no ficción, género en el que ya es un referente mundial, pues combina la crónica, la autobiografía y la novela, explorando la intimidad familiar, la nota policiaca y los grandes episodios históricos de Europa, de él, ya reseñamos hace algún tiempo El adversario, obra que junto a A Sangre fría, de Truman Capote se considera uno de los máximos referentes de la literatura criminal de no ficción.

El autor escoge el título de este libro, El estrecho de Bering, de un episodio real de la historia: en los tiempos del esplendor de la Unión Soviética, a todos los miembros del partido se les proporcionaba un ejemplar de la gran Enciclopedia Soviética. En julio de 1953, a la muerte de Stalin, el temido Lavrenti Beria, jefe de la policía secreta (NKVD), cayó en desgracia y fue detenido. A los pocos días de su detención les llegó un sobre a los camaradas miembros de partido con unas hojas y unas instrucciones: se les pedía que cuidadosamente cortaran de la enciclopedia las hojas que hablaban elogiosamente de Beria y las sustituyeran con las que venían en el sobre, que se referían al estrecho de Bering; así Bering sustituía a Beria en la enciclopedia y, por lo tanto, se pretendía borrarlo de los anales de la historia… Toda una ucronía.

Emmanuel Carrère | Fotografía: Editorial Anagrama

Con este ejemplo, el autor nos muestra como la historia -sobre todo en los regímenes autoritarios, aunque no solo en estos-, ha adoptado el modelo ucrónico y lo vemos actualmente en las tentativas revisionistas que quieren negar o dar otro sentido al Holocausto, la intención de los “libertarios” por modificar y minimizar los crímenes de la dictadura argentina de los setenta, o incluso los embates para “humanizar” la conquista española, que la derecha ibérica y la local han emprendido con tanto ahínco. Todo ello con un propósito tácito: que la camarilla o el grupo gobernante no solo controlen el futuro sino también el pasado. Si un líder dice que tal o cual acontecimiento no ha sucedido, es que no ha sucedido.

La ucronía también es un recurso del discurso político y la demagogia: “si me hubieran escuchado, si hubieran votado por mí, no habríamos llegado a esta situación, pero aún podemos enderezar el camino”.

Sin embargo, el papel de la ucronía en la historia y en la literatura es muy amplio, ya que, más allá de las tentativas autoritarias de reescribir la historia, ha sido elemento de discusión entre filósofos y teólogos, y un recurso fundamental para crear grandes obras literarias como esa magnífica novela El hombre en el castillo de Philip K. Dick, donde el autor desarrolla su historia a partir de la pregunta ¿que hubiera pasado si las potencias del eje hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial? También es crucial en la obra de Jorge Luis Borges, en donde en varias de sus narraciones aprovechan este recurso. Me vienen a la memoria, La otra muerte y la flor de Coleridge -que tiene una bellísima figura literaria que dice “¿Qué pasaría si un hombre atravesara el paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba, y al despertar esta flor estuviera en su mano?”-, o el inigualable relatoTlön, Uqbar, Orbis, Tertius, donde se descubre un mundo paralelo a partir del hallazgo de una cita específica oculta en un volumen de la Enciclopedia Británica.

Carrère aborda muchas otras obras para ejemplificar la importancia de la ucronía en la literatura, en la filosofía y hasta en la teología, partiendo de que, al querer modificar el pasado, el autor o el historiador juegan a ser dioses, pues desde la perspectiva teológica solo Dios es capaz de modificar “lo que ya ha sido”.

Todo ello nos lleva a la esencia de la creación literaria, ya que en realidad toda obra de ficción, anticipe o no acontecimientos, modifica de alguna manera el pasado. Toda forma de narrativa roza la ucronía en la medida en que integra elementos imaginarios en la trama de una historia conocida. Aun el historiador, que tiene que llenar huecos y hacer suposiciones, utiliza este recurso. 

Este delicioso y erudito ensayo nos lleva a hacernos preguntas acerca de la validez de los relatos e historias que nos han acompañado siempre, o de la perenne necesidad que tenemos de modificar la realidad a través del arte y así darle un sentido a la vida o a la historia, o del papel de ciertos géneros literarios como la Novela Negra o la ciencia Ficción que nos ofrecen soluciones alternativas a la realidad, a modo de catarsis en nuestra atávica necesidad de modificar el mundo real y hacerlo así un poco más vivible.

Como dijo Bertrand Russell: “Nuestro planeta fue creado hace un instante, y está poblado por una humanidad que cree recordar un pasado ilusorio”.

Sin duda, una lectura que nos hará reflexionar por mucho tiempo.


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