“…el Partido Verde siempre ha estado del lado del puntero, vendiéndose al mejor postor y ejerciendo lo que (…) se puede denominar prostitución electoral”
Francisco Viveros Dávalos
Vivero de Ideas
En los últimos días, el Partido Verde Ecologista de México ha estado en el centro del debate nacional, ya sea por su oposición a la Reforma Electoral presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum, así como la insistencia de postular familiares directos de gobernadores y candidaturas independientes en algunos estados de la República, lo que también contraviene los ánimos anti nepotismo de la Cuarta Transformación. Por lo anterior, el presente Vivero de Ideas constituye una breve biografía y severa crítica al instituto político del tucán.
Desde sus inicios, el Partido Verde nació contaminado: si bien la historia oficial cuenta que surgió de una asociación de colonos de la Ciudad de México, Paula Sofía Vásquez y Juan Jesús Garza relatan en el libro La Mafia Verde la trayectoria política de su fundador, Jorge González Torres.
Se trata ni más ni menos que de un michoacano, hijo de un acaudalado empresario farmacéutico, que contrajo nupcias con la hija de un ex gobernador priísta de Tamaulipas, militó en el Partido Revolucionario Institucional y que, tras no haber logrado una candidatura a diputado local en la Ciudad de México, aprovechó el incipiente surgimiento del ambientalismo en México para impulsar la fundación de su propio partido.
Aliados con Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, siendo oposición durante el sexenio de Ernesto Zedillo, acompañando al panista Vicente Fox en el 2000 o apoyando a los priístas Roberto Madrazo (2006) y Enrique Peña Nieto (2012), en lo que unos ven pragmatismo y otros oportunismo, el Partido Verde siempre ha estado del lado del puntero, vendiéndose al mejor postor y ejerciendo lo que de manera respetuosa se puede denominar prostitución electoral.
Aunado a ello, en todos estos años de vida, sus militantes han demostrado nulo interés por las causas ambientales, pues la gran mayoría ni siquiera tiene una formación profesional o experiencia en el ramo; y lo que es peor, han aprobado o acompañado políticas que atentan contra el patrimonio natural de México.
A tal grado que en 2009, la familia de Partidos Verdes europeos desconoció a sus homólogos mexicanos, quienes propusieron la pena de muerte durante los comicios federales intermedios. En ese mismo proceso electoral y los subsecuentes de 2015 y 2021, el partido del tucán ha violado sistemáticamente la ley electoral al rebasar topes en los gastos de campaña y utilizar a celebridades del espectáculo para hacer proselitismo en redes sociales la noche anterior a la elección.
Durante el gobierno del priísta Enrique Peña Nieto, endilgaron al empresario Rafael Pacchiano como Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, desarticularon la política nacional forestal, consintieron la destrucción de manglares en Tajamar, Quintana Roo y acompañaron una Reforma Energética que promueve la extracción de petróleo con la técnica de fracking.
Pero quizá la aberración más emblemática fue la desafortunada campaña Circos sin Animales, pues lograron decomisar ejemplares de vida silvestre de circos, para después abandonarlos en un terreno baldío en el estado de Hidalgo, o venderlos a familiares de los mismos militantes. Años después se supo que también durante esta administración, se fundó el “santuario” Black Jaguar White Tigger, que representó un conflicto de intereses pues era propiedad de un entonces funcionario de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) y no contaba con un plan de manejo para grandes felinos, que al final, estaban siendo víctimas de negligencia por parte de su “rescatador”.
En 2021, adquirieron boletos para abordar el crucero de la Cuarta Transformación. Durante este sexenio, guardaron completo silencio ante las desapariciones y asesinatos de activistas ambientales en México, y tamién sobre el ecocidio que ha supuesto el Tren maya, obra insignia del presidente López Obrador. Tres años después, en la coalición que postuló a Claudia Sheinbaum, lograron construir una mayoría artificial en el Congreso de la Unión, que permitió sacar adelante, entre otras, la polémica Reforma al Poder Judicial de la Federación.
Por si fuera poco, los militantes del partido verde han sabido cobrar con intereses altos su amor: Al ver en riesgo las posiciones políticas que mantienen su modus vivendi – curules y escaños plurinominales en ambas cámaras del Congreso y gobiernos estatales a cambio de formar parte de la coalición oficialista- ahora literalmente sacan las garras e implementan el chantaje y la extorsión como formas de negociación política.
Paradójicamente, en otros países europeos y latinoamericanos, la alianza entre izquierdas y partidos verdes es digna de admirar; en México, por el contrario, es motivo de vergüenza.
De esta forma, el Partido Verde se constituye quizá como el más nefasto y pernicioso para nuestro país: su único interés es conservar puestos de poder; sus armas políticas son el oportunismo electoral, la violación a la Ley, el chantaje y la extorsión; pero sobre todo, ensucian el nombre de una causa tan noble y urgente como es el ambientalismo en México, en detrimento de quienes sí hemos sido formados académicamente en el área y de quienes han defendido a la madre naturaleza directamente en territorio. Por lo tanto, este es un modesto exhorto para usted, apreciable lector(a), que en la medida de lo posible, evite favorecerlos con su voto en futuras elecciones.
Ilustración portada: Reco


