“¿Por qué la señora Ayuso hace con nosotros lo que no quisiera que hicieran a ella o sus connacionales?”
Francisco Viveros Dávalos
Vivero de Ideas
Gran polémica ha causado la visita de la alcaldesa de Madrid, España, Isabel Díaz Ayuso, a la Ciudad de México. Invitada por Alessandra Rojo De La Vega, mandataria de la alcaldía Cuauhtémoc, se dieron cita junto con varios políticos de derecha para elogiar a Hernán Cortés, en una suerte de homenaje o quizá agradecimiento a la Conquista de la entonces Tenochtitlán por el Imperio Español de aquella época.
Más allá de las opiniones divididas por este pasaje histórico y las respectivas consecuencias diplomáticas que ha tenido en ambos lados del Océano Atlántico, el presente Vivero de Ideas se centrará en el hecho de que la alcaldesa madrileña se ha empecinado, de manera dolosa, en escribir el nombre de nuestro país, México, con jota.
Díaz Ayuso, así como lo han hecho Santiago Abascal y varios simpatizantes de la extrema derecha española, se escudan en el hecho de que la Real Academia Española de la Lengua (RAE) permite que el nombre de nuestro país sea escrito de manera indistinta con equis (México) o jota (Méjico). Esto no es ninguna mentira, sin embargo, tomar esta postura tiene varios inconvenientes, sobre todo en nuestro país, que no pueden pasar desapercibidos. En consecuencia, se enlistan a continuación algunos argumentos en contra.
El primero de ellos se centra en la etimología de la palabra México. Para nadie es un secreto que el nombre de nuestro país proviene de los vocablos en náhuatl metztli (que significa “luna”) y xictli (que significa “ombligo” o “centro”).
Si bien es cierto que antes de la llegada de los españoles no existían grafías y fueron ellos quienes trajeron el alfabeto, los cambios entre la equis y la jota iniciaron en el Siglo XVI y fueron reconocidos por la RAE hasta el Siglo XIX; es decir, mucho después de la Conquista. Por tanto, la etimología más aceptada es aquella que se mantiene fiel a los vocablos prehispánicos, o sea, con equis.
El segundo argumento está relacionado con la pronunciación. Quienes insisten en escribir México con jota señalan que ambas grafías se pronuncian de la misma manera. Siguiendo esta lógica, no sería descabellado escribir el nombre del país ibérico como “Hezpaña” o el segundo apellido de la alcaldesa como “Halluzo”, pues en nuestro país se conservan las mismas pronunciaciones, respectivamente. Sin embargo, esta postura sería objetada por los ciudadanos españoles, pues en su país existen diferencias de pronunciación entre ce, ese y zeta. Por tanto, la pregunta sería ¿por qué la señora Ayuso hace con nosotros lo que no quisiera que hicieran a ella o sus connacionales?
El tercer argumento y quizá de mayor peso gira en torno a la función de la RAE. A pesar de que nuestro idioma nació en lo que hoy es España y eso les da cierta autoridad sobre la norma del mismo, no podemos soslayar el postulado que en socio-lingüística enuncia que la lengua es de quien la habla.
En pocas palabras, el español, así como cualquier otra lengua que se categorice como viva, evoluciona en función de cómo la usan quienes la hablan cotidianamente. En este tenor, basta apelar al sentido común para darse cuenta que todos los mexicanos escribimos el nombre de nuestro propio país con equis; y la señora Ayuso lo debería entender y respetar así.
Si a esto se agrega que México es el país del mundo con mayor cantidad de hispanohablantes (aproximadamente 130 millones, frente a unos 47 millones en España), tendríamos suficiente autoridad para dictar también las normas de nuestro idioma en nuestro territorio.
Por último, existe un dejo de racismo y neocolonialismo en la postura de la alcaldesa: Esta idea de una metrópoli (España) dictando la norma de escritura sobre la periferia (México en este caso), habla de una intención de establecer una relación de poder dominante sobre el pueblo y los habitantes a quienes se pretende subordinar.
Esto queda aún más evidenciado en el reconocimiento a quien lo logró, en 1521, a punta de violencia. Es también aquí donde miles de mexicanos saltamos, pues hace ya varios siglos que nos constituimos como una nación soberana y que se rige bajo los principios de autodeterminación. Ejemplo de ello es que escribimos el nombre de nuestro país con equis y lo hacemos para reforzar nuestra identidad nacional, no para dar gusto al extranjero.
En conclusión, la visita de Ayuso a México es desafortunada y constituye un ridículo internacional, pues se da con un talante soberbio e irrespetuoso por parte de la “invitada de honor”, y deja también muy mal parada a la anfitriona, haciéndola ver como sumisa. Por estos motivos, personas como Isabel Díaz Ayuso quizá no reciban la cálida bienvenida que nos caracteriza a los mexicanos.
Ilustración portada: Pity


