Cuando una “visión” sustituyó a la verdad, así nació uno de los mayores montajes de la justicia mexicana
Redacción
El martes 8 de octubre de 1996, Francisca Zetina, alias “La Paca”, tuvo “una visión”: le fue revelado el lugar en que se encontraba el cadáver del diputado federal Manuel Muñoz Rocha. El trance espiritual que la vidente aseguró haber tenido daría pie a uno de los episodios más nítidos de la descomposición institucional y el surrealismo político del México moderno.
El montaje en la finca “El Encanto”, confeccionado en los pasillos más exclusivos del poder mexicano durante el sexenio del priista Ernesto Zedillo Ponce de León, pretendió, a través de una ficción burda, dar salida al colapso político que los magnicidios generaron en el país durante la última década del siglo XX, en este caso, el del secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu, ocurrido el 28 de septiembre de 1994, semanas antes de concluir el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.
A partir de la visión de Francisca Zetina, la entonces Procuraduría General de la República (PGR) abdicó de los métodos científicos para supeditar la investigación a los supuestos trances y visiones de una vidente de barrio. El resultado fue un montaje criminal que sepultó, entonces, la poca credibilidad de la justicia mexicana.
Previo a su participación en el escándalo de “El Encanto”, “La Paca” operaba como líder vecinal del PRI en la delegación Iztapalapa; no obstante, su verdadera influencia se tejió en la sombra, como consejera esotérica, entre otros, de Raúl Salinas de Gortari, hermano del expresidente Carlos Salinas. Zetina realizaba limpias, predecía el futuro y blindaba espiritualmente a funcionarios de alto nivel.
A su arribo al poder, Ernesto Zedillo se topó con una creciente presión social para resolver los homicidios de Luis Donaldo Colosio, ocurrido en Lomas Taurinas, Tijuana, y de Ruiz Massieu, ocurrido en las afueras del Hotel Casa Blanca, en la Ciudad de México.
Raúl Salinas de Gortari fue arrestado en febrero de 1995, acusado de planear el homicidio de su excuñado Ruiz Massieu; la PGR argumentó que existían motivos personales, como enemistades políticas y familiares tras el divorcio del priista con Adriana Salinas, y que el hermano del expresidente utilizó a Manuel Muñoz Rocha para organizar y operar el magnicidio.
El fiscal especial del caso, Pablo Chapa Bezanilla, nombrado por Ernesto Zedillo, se topó con un callejón sin salida debido a que Muñoz Rocha se encontraba desaparecido desde el día siguiente del homicidio. Desesperado por obtener resultados que sostuvieran la hipótesis oficial contra Raúl Salinas, recurrió a los servicios de “La Paca”.
Al día siguiente de que Francisca Zetina tuvo “la visión”, que le reveló que Muñoz Rocha había sido asesinado y que sus restos yacían enterrados en la finca “El Encanto”, una lujosa propiedad de Raúl Salinas ubicada en Cuajimalpa, las autoridades montaron el operativo para localizar los restos en el lugar.
Ante las cámaras de televisión, contingentes de la PGR, peritos y perros rastreadores cavaron exactamente en el punto que la vidente señaló, donde finalmente desenterraron una osamenta humana. Chapa Bezanilla, quien encabezaba el operativo, celebró el hallazgo como el golpe definitivo contra Raúl Salinas.
La farsa se desmoronó al poco tiempo. A principios de 1997, las pruebas forenses develarían el montaje, al comprobar que el cráneo hallado no correspondía a Muñoz Rocha, sino a un hombre de avanzada edad, y que el cuerpo presentaba cortes quirúrgicos limpios, incompatibles con un asesinato violento en una finca.
Una posterior investigación criminal evidenció que “La Paca” y sus familiares habían sembrado los restos con la complicidad y el financiamiento de Chapa Bezanilla. Zetina pagó para exhumar ilegalmente el cadáver del suegro de una de sus hijas del panteón de San Lorenzo Tezonco, en Iztapalapa, para introducir los huesos en la finca dentro de bolsas de plástico.
El 31 de enero de 1997, Francisca Zetina fue detenida y, tras un proceso penal que acaparó las portadas de los diarios, el siete de octubre de 1999 fue sentenciada a prisión por delitos que incluyeron falsedad en declaraciones, fraude, exhumación ilegal y violación de sepultura.
El escándalo le costó el puesto al procurador General de la República, Antonio Lozano Gracia, quien fue destituido por Ernesto Zedillo.
Pablo Chapa Bezanilla huyó del país y fue capturado en Madrid en mayo de 1997, para posteriormente ser extraditado. El proceso en su contra duró poco más de siete años, durante los cuales la falta de acciones jurídicas de la PGR impidió que se acreditaran los delitos de soborno, uso indebido de atribuciones, informes falsos y simulación de pruebas que le imputaba. En diciembre de 2005 quedó en libertad.
En tanto, “La Paca” pasó más de una década tras las rejas en el penal femenil de Santa Martha Acatitla, para finalmente quedar en libertad el nueve de abril de 2008, tras cumplir una condena reducida de poco más de 11 años.
El juicio contra Raúl Salinas por autoría intelectual continuó basándose en otras evidencias previas, como el testimonio del asistente de Muñoz Rocha, por lo que, en enero de 1999, un juez lo halló culpable y lo sentenció a 50 años de prisión, pena que un año después se redujo a 27 años y medio.
La defensa de Salinas aprovechó el escándalo de “El Encanto” para demostrar la fabricación de pruebas y, tras años de apelaciones, evidenció que el asistente de Muñoz Rocha recibió un pago de 500 mil dólares por parte de la PGR para incriminar a su cliente, por lo que un tribunal federal acabaría por exonerarlo y absolverlo de toda responsabilidad, ordenando su inmediata liberación, lo que ocurrió el 14 de junio de 2005.

