Sobre Morebús, el Movimiento en Defensa de la Loma acusa simulación ambiental; convoca además a defender la Cuenca del Río Chiquito del ecocidio por el 2o. Anillo periférico
Redacción
La controversia por la obra del Morebús en Morelia, particularmente por la tala de árboles en el tramo de Tres Puentes, continúa levantando voces críticas respecto a la medida instrumentada por el Gobierno del Estado en coordinación con el ayuntamiento de Morelia. Para el Movimiento Ciudadano en Defensa de la Loma (MCDL), el dilema no es transporte público contra naturaleza, sino entre repetir un modelo que devora el territorio o construir una ciudad con movilidad, árboles, agua y justicia ambiental.
A través de un posicionamiento, el Movimiento, manifiesta su solidaridad con quienes se han organizado para impedir “la remoción injustificada del arbolado por las obras del Morebús. Su lucha es legítima: defienden el derecho humano a un medio ambiente sano, el derecho a la ciudad y el derecho de la sociedad a participar en las decisiones que transforman su territorio”.
Recuerda que desde 2006 han impulsado la construcción de un sistema de metrobús para Morelia como alternativa al crecimiento del uso del automóvil y para construir una ciudad conectada, accesible y menos contaminante. “Sus beneficios en la reducción de emisiones no cancelan la obligación de prevenir los impactos ambientales locales. Una obra necesaria no puede imponerse mediante la tala de árboles, sin una planeación suficiente y sin demostrar que se agotaron las alternativas de diseño. El conflicto entre movilidad y naturaleza no es inevitable: es resultado de la mala gestión gubernamental”.
En el documento se advierte que la afectación ocasionada por el Morebús no es un hecho aislado, sino que se trata de “un nuevo episodio de una política sostenida durante décadas que, con gobiernos de distinto signo partidista, ha subordinado el ordenamiento territorial y el crecimiento urbano al capital inmobiliario y a la especulación del suelo. Desde hace más de dos décadas hemos combatido los proyectos destructivos como el MegaPuente, el Megatúnel y el Ramal Camelinas, así como los proyectos de presas en el río Chiquito, el Segundo Anillo Periférico y las modificaciones al Programa Municipal de Desarrollo Urbano. En todos ellos aparece el mismo patrón: construir infraestructura que abre nuevos frentes de expansión urbana, eleva la plusvalía privada y socializa los costos ambientales en beneficio de un mismo grupo privilegiado de la ciudad”.
Los propios datos oficiales desmienten que este modelo se traduzca en progreso, refiere el MCDL, entre 1980 y 2020, la superficie de Morelia aumentó más de cinco veces, mientras que su población sólo se triplicó. En 2020 existían 61 mil 254 viviendas deshabitadas y 2 mil 915 hectáreas de terrenos baldíos. El mismo Programa Municipal de Desarrollo Urbano vincula estos vacíos con la especulación y con una ocupación territorial deficiente. Esta es la urbanización salvaje que denunciamos: una ciudad que consume bosques, agua y suelo, pero deja viviendas vacías, periferias sin servicios y ganancias concentradas.
Es así que subraya que ahora el Gobierno pretende reducir el debate a una disputa numérica: “ellos afirman que son 49 ejemplares que serían retirados en Tres Puentes frente a los 613 ejemplares vegetales identificados a lo largo del corredor, como si el problema se agotara en una cifra. Sus promesas vacías de plantar 32 mil árboles son el reflejo de su improvisación. No aceptamos esa contabilidad engañosa. Un árbol maduro no puede sustituirse de inmediato por una plántula ni por un jardín vertical colocado en las columnas de un puente. Su sombra, captura de contaminantes, regulación térmica, infiltración de agua, hábitat y valor comunitario tardan décadas en recuperarse.
“En una ciudad donde sólo el 12.31 por ciento del área urbana presenta cobertura verde y el 87.6 por ciento de la población vive en zonas con menos de 10 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, cada pérdida debe evitarse, no minimizarse”.
Agrega también que la perspectiva histórica vuelve todavía más grave esta afectación, refiriendo que una estimación oficial señaló que Michoacán perdió alrededor de 350 mil hectáreas forestales durante la década previa a 2022. En el Cerro del Águila se perdieron 855 hectáreas de bosque entre 2009 y 2023, mientras que en el Cerro del Quinceo desaparecieron 334 hectáreas entre 1995 y 2023.
“Al mismo tiempo, el Segundo Anillo Periférico abre nuevos corredores de expansión en sus zonas de influencia. El daño acumulado ya no se cuenta por decenas: se mide en cientos de hectáreas y, necesariamente, en la pérdida o degradación de hábitats y de miles de individuos vegetales.
“Además, persiste una pregunta sobre la legalidad del proyecto del Morebús que el Gobierno del Estado no ha respondido. A la fecha, no se ha identificado públicamente el número de expediente de una Manifestación de Impacto Ambiental estatal que evalúe integralmente los más de 30 kilómetros del proyecto, ni se ha sometido la obra a una consulta pública ambiental. Los dictámenes municipales de poda y derribo son necesarios para intervenir árboles, pero no sustituyen la evaluación de los impactos acumulativos de toda la obra. Las reuniones con los vecinos en lucha anunciadas por la autoridad tampoco equivalen a una consulta pública ambiental”.
Son tres las exigencias enlistadas en el posicionamiento:
- La suspensión de cualquier retiro, derribo, poda severa o trasplante en todo el trayecto del Morebús.
- Que se haga público el expediente ambiental integral; que se entregue el inventario georreferenciado de los 613 ejemplares, indicando su especie, condición, dimensiones y destino.
- Que se realice, con participación vecinal y de especialistas independientes, un análisis de alternativas que priorice la conservación de los árboles, en lugar de limitarse a una promesa de reforestación.
Finalmente recalca que Morelia no tiene que escoger entre transporte público y árboles, sino escoger entre continuar con una ciudad diseñada para la especulación inmobiliaria o construir otra ciudad: una democrática, participativa, con movilidad pública digna, bosques, agua y justicia ambiental. Una ciudad para todas y todos que respete nuestro derecho a un medio ambiente sano.
Asimismo convocan a la ciudadanía a prepararse para evitar la construcción del tramo del Segundo Libramiento que atravesará la zona comprendida en el Decreto de Veda Forestal de la Cuenca del Río Chiquito, “lo que ocasionará la tala de miles de hectáreas de bosque y la destrucción de la cuenca que provee de agua potable a los habitantes de Morelia”.
Consulta:
Por Morebús, ecocidio en Morelia
¡Peligro ambiental! 2º Anillo Periférico
La Estancia: el costo del periférico
Represión y despojo, 2º anillo periférico

