Carmen Zepeda, activista y regidora, habla sobre la realidad de paramilitarización, desplazamientos, minas y abandono institucional que prevalecen en el municipio
Patricia Monreal
“Si alguien quiere ver y tener evidencias de lo que es un Estado fallido, que venga a Apatzingán”, sostiene Carmen Zepeda Ontiveros, activista y regidora del municipio. Frente a la realidad que prevalece en la región, no duda en afirmar que “en este pequeño municipio se encuentran todas las características de un Estado fallido”.
Su aseveración tiene base en la experiencia que ha acumulado en su activismo, como integrante del Frente Popular Francisco Villa en Apatzingán y por la labor que realiza como regidora de Morena. Sobre el partido al que aún pertenece, ejerce fuertes críticas por sus omisiones y la corrupción que, asegura, lo invade.
-De manera particular, Apatzingán es un municipio emblemático en materia de violencia para Michoacán y para el país, al igual que lo puede ser Uruapan; siempre son referentes en materia de inseguridad…
“Yo podría ir todavía más allá, porque en Uruapan no se han enquistado grupos criminales como en Apatzingán. Aquí se han creado, han crecido, han dominado y han sido hegemónicos diversos grupos criminales”.
Autodefensas y paramilitares
Carmen Zepeda, de 63 años, es egresada de la Escuela Normal de Arteaga. También estudió Literatura en Monterrey y cursó una licenciatura en Ciencias de la Educación en la Universidad Pedagógica. Durante la lucha magisterial conoció al líder campesino e indígena oaxaqueño Catarino Torres Pérez, quien la motivó a trabajar con comunidades rurales y de quien aprendió a organizar a la población.
En 2004 concluyó una comisión que desempeñaba en la Sección 18 de la CNTE y regresó a Apatzingán para trabajar con las comunidades. Ese mismo año fue invitada a coordinar en Michoacán al Frente Popular Francisco Villa, organización en la que permanece hasta la fecha.
-¿Cómo ha observado este proceso a lo largo de las dos últimas décadas?, ¿dónde ve el punto de quiebre?, no sé si fue a partir de la mal llamada guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón Hinojosa ese enquistamiento que comenta, ¿cuándo echó raíz?
“Mucha gente dice que acá nos perdimos desde la guerra de Felipe Calderón. Nosotros lo ubicamos desde que Enrique Peña Nieto manda aquí a un suplente del gobernador, Alfredo Castillo Cervantes, y levanta grupos paramilitares”.
Su alusión es a la creación, en 2014, de la Comisión para la Seguridad y el Desarrollo Integral en el Estado de Michoacán, encabezada por Alfredo Castillo, mediante la cual, bajo el argumento del combate a la delincuencia, fueron cooptados los grupos de autodefensa que surgieron en 2013 en Michoacán.
“La gente que no estuvo aquí, que no vio las cosas, dice que Manuel Mireles fue un héroe, y eso es una mentira. Él fue un paramilitar pagado por el Estado para asesinar, para robar, para engañar. ¿Cuándo se ha visto que a un guerrillero lo premien? A los guerrilleros los asesinan; ahí están Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. A Mireles lo premiaron, le dieron la dirección del ISSSTE de acá”.
-Este proceso de paramilitarización del que habla, ¿qué tan vinculado está con la apropiación del territorio y de la riqueza productiva de la región?
“A partir de que Peña arma paramilitares acá, se hizo una guerra tan intestina y tan cruel como nunca la habíamos visto o tenido, porque murió mucha gente inocente y otra fue detenida y permaneció muchos años en la cárcel. Nosotros tenemos compañeros que fueron víctimas de eso: era gente a la que le llegaban los paramilitares y la agarraban en un cultivo cortando ajonjolí, y la presentaban como criminal, cuando solamente eran campesinos, sin tener nada que ver. Estuvieron años en la cárcel sin deberla. Esos niveles de crueldad y de violencia los vimos con los paramilitares, engañaron a muchísima gente y reclutaron a muchísimos jóvenes bajo engaños”.
-¿La operación de esos grupos paramilitares benefició a quién?, ¿al gobierno?, ¿a las grandes agroindustrias exportadoras?, ¿quién obtuvo el beneficio?
“Gente que vino a operar. Por ejemplo, Alfredo Castillo se fue de aquí siendo dueño de grandes extensiones de aguacate, y lo pudimos comprobar en la Sagarpa, ahí aparecían títulos de propiedad a su nombre como aguacatero. También había gente que vino con él.
“Aquí, por ejemplo, Hipólito Mora se hizo terrateniente de muchísimas hectáreas de limón que le quitaron a los cárteles que habían despojado a la gente y que nunca les devolvieron; ellos se quedaron con ellas, y mucha gente también. Les dieron todo el poder a los paramilitares, aquí ellos mandaban, incluso sobre la Policía Federal que Calderón envió en su momento. Los que daban las órdenes eran los paramilitares: el ‘Papá Pitufo’, toda esa gente.
“No eran autodefensas, porque un autodefensa sale a la lucha con lo que tiene, si tú cortas limones, ¿con qué sales a la lucha?, pues a lo mejor con la red, con los guantes, con lo que tienes. Gente que no tiene nada, que solamente recolecta limones, ¿de dónde consigue un AK-47?, ¿de dónde consigue un uniforme táctico?, ¿de dónde consigue vehículos para traer un grupo armado?, esa es la evidencia de que acá no hubo autodefensas. Eso fue solamente una cortina.
“Castillo vino a decir que había autodefensas. Fueron contra el cártel que tenía la hegemonía aquí y que en ese momento eran los Caballeros Templarios. Se da la muerte de Nazario Moreno, pero ya había una exigencia social porque estaban abusando de la población; no pudieron sostenerlo más y tuvieron que irse. Rompen la hegemonía del cártel y entonces surgen un montón de células. Nosotros hacíamos ese balance desde antes y decíamos: ‘¿Qué va a pasar cuando rompan esa hegemonía? Pues van a surgir un montón de células que ya están acostumbradas a delinquir, que no saben hacer otra cosa, que están armadas, que son peligrosas’, y eso pasó. De ahí surgen todos los demás cárteles que ahora están asolando la región”.

Sin alternancia
En su activismo, Carmen Zepeda se sumó a las redes de apoyo de Andrés Manuel López Obrador durante el proceso de desafuero al que fue sometido, así como en sus campañas de 2006, 2012 y 2018. Participó en la fundación de Morena, realizando las primeras afiliaciones en Apatzingán y en otros municipios de la región. Permanece en ese partido porque, dice, aún no la han corrido, aunque se reconoce como una crítica permanente de los gobiernos guindas, a los que acusa de actuar como mafiosos.
-A partir del panorama que da de Apatzingán, ¿cómo ha sido el devenir?, porque hay en la población una condición permanente de vulnerabilidad y una violencia que se asume como parte de la vida…
“A partir de 2018, cuando Andrés Manuel toma posesión (como presidente de la República), hay una descomposición muy grande en las Fuerzas Armadas, se da en todos los grupos castrenses. Aquí nosotros vimos cómo grupos criminales perseguían a los elementos de la Sedena (Secretaría de la Defensa Nacional), haciéndolos retroceder a balazos, y la Sedena no los enfrentó.
“A mí me consta, por ejemplo, cuando atacaron El Aguaje, en el municipio de Aguililla. A cinco kilómetros estaba un destacamento de la Guardia Nacional y hasta allá se oían los drones y las balas, nosotros les dijimos: ‘oye, ahí hay gente, necesitan sacarla, la gente está huyendo para donde sea y ya hay muertos’, y la respuesta fue: ‘no tenemos indicación de intervenir’. Esa respuesta sigue siendo la misma hasta este día”.
-¿En el sexenio de López Obrador los pactos de gobernanza criminal se mantuvieron en Apatzingán?
“Quizá se fortalecieron, surgieron más células al amparo del poder y de la impunidad. Proliferaron más células criminales de las que aquí todos han sido víctimas”.
Sobre el arribo de Claudia Sheinbaum Pardo a la presidencia de la República, y la instrumentación del Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, en noviembre de 2021, tras los asesinatos del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, y del líder limonero Bernardo Bravo Manríquez, Carmen Zepeda señala que no ha existido cambio alguno.
“Acá no hubo alternancia, termina el gobierno de Andrés Manuel y sigue el gobierno de Claudia Sheinbaum, pero no hay alternancia, la línea sigue siendo la misma, la estrategia fallida sigue siendo exactamente la misma.
“Mira en lo que terminó lo que hicieron con los productores de cítricos, acá vino Carlos Torres Piña (cuando era secretario de Gobierno en Michoacán) a dar un discurso de paz, diciendo que ahora ellos iban a retomar el Tianguis Limonero y que la extorsión iba a parar. Bernardo (Bravo) se lo creyó y lo que pasó fue que le cortaron una parcela completa de limón en una sola noche, se la dejaron toda tirada. Después lo asesinaron”.
-Las autoridades continuamente reportan el arribo de elementos de seguridad a Apatzingán, ¿ha servido de algo?
“Es una justificación, pero desde luego que no protegen contra los criminales, y no porque yo lo diga, sino porque los hechos lo revelan. ¿Cuántos muertos no aparecieron en Apatzingán solamente en julio?, todos los días aparecen tres o cuatro tirados por la ciudad, hay narcomantas, comunidades desplazadas y bombardeadas, está la gente que muere por minas.
“Entonces, si tienen una estrategia para pacificar la región, eso se debe reflejar, y no se ha reflejado, la violencia ha aumentado. Tenemos más desplazamiento y reclutamiento forzados, tenemos comunidades que ahora son rehenes. La gente de El Alcalde está en medio de dos líneas de guerra, ya ni siquiera puede salir a sus parcelas, ahí había más de 300 personas y ahora sólo quedan 64.
“Los primeros que se empezaron a desplazar fueron los de San José de Chila, una comunidad hermosa. Después se fueron con Las Anonas, después con La Saladera, después con La Alberca, donde quedan dos familias; después Llano Grande, El Platanal, Las Bateas el año pasado, y fue cruel ese desplazamiento, entraron a El Alcalde y a El Guayabo. Han bombardeado con drones todas las comunidades entrando por Las Tinajas, San Fernando, El Mirador y El Manzano, por la lateral han bombardeado La Loma de los Hoyos, La Puerta de Alambre, La Presa del Rosario, y bueno, de otros municipios también.
“La Loma de los Hoyos ha sido bombardeada cuatro veces y está sitiada, la gente en cuanto cae la noche, ya no puede salir de sus casas porque los retienen, se los llevan; a algunos los devuelven muy heridos y a otros no los vuelven a ver nunca. La Puerta de Alambre ha sido una comunidad que han bombardeado durante 12 horas de manera sistemática, sin que nadie se presente a poner orden, y eso que aquí están los cuarteles.
“Ahora mismo hay una Base (de Operaciones Interinstitucionales) en El Alcalde, hay otra en El Guayabo y una más en Acahuato, pero no sirven de mucho. De Acatlán, ayer sepultamos a un campesino que explotó por una mina, en El Alcalde hemos tenido gente destrozada por minas y en El Guayabo también. Yo subo a esas comunidades y les digo a los soldados: ‘Oye, acompáñenme, llevo ayuda humanitaria, medicamentos, comida’, y me responden: ‘no tenemos órdenes, no podemos hacer nada si no nos dan la orden”.

Bajo amenaza de muerte
El sábado 11 de julio Carmen acudió a El Valle de Acatlán, para llevar ayuda humanitaria a las familias que quedan en el lugar. De regreso, integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación le salieron al paso, encañonándola junto a su acompañante, ahí le advirtieron que si regresa la van a matar.
“No me golpearon, estoy bien, pero sí me dijeron que, si vuelvo por esos lugares, así, literal, ‘la vamos a tirar en pedazos en el río’. Eso es muy intimidante cuando te lo dice alguien que te pone un arma en la cabeza y estás rodeada de gente, yo iba en mi camionetita, con mi novio. Hasta el novio perdí, porque estaba tan asustado que agarró su mochila y se fue para no volver.
“Fue a las cinco de la tarde, yo había subido a las doce del día para el Valle de Acatlán. Para llegar allá tengo que pasar por Presa del Rosario, Loma de los Hoyos, Puerta de Alambre, El Alcalde, El Lindero y luego subir la brecha hacia Acatlán en donde ahorita están 13 familias, 47 personas en total, entre las que hay 12 niños y ocho adultos mayores. Lo que más me preocupaba es que dos de ellos ocupan insulina.
“Cargué la camioneta con despensas, insulina y medicamentos para la clínica que está en El Alcalde y la que está en Loma de los Hoyos, que son las únicas que están funcionando por esa lateral, porque las enfermeras siguen ahí, pero los médicos ya no están desde hace dos años, y no tienen abasto de medicamentos”.
Carmen narra cómo de ida se detuvo en El Alcalde, en donde opera una Base de Operaciones Institucionales para ver si podían acompañarla, le respondieron que no tenían órdenes para hacerlo y que el camino estaba despejado de minas porque ellos habían hecho un recorrido por la mañana.
Una vez que entregó la ayuda humanitaria en Acatlán, ya de regreso, fue que sobrevino la amenaza.
“Me vine y un kilómetro y medio adelante, hay un puente que es el del Pitayo, de ahí salió de la nada un grupo de gente armada, a pie, y dentro del vehículo me pusieron un rifle en la cabeza y dijeron: ‘¿quién es?’, saqué la identificación que tengo del Ayuntamiento y les dije quién era, les comenté que había llevado ayuda, alimentos y medicinas. Me dijeron ‘está bien, váyase’ y nos fuimos.
“Seguimos, y en la curva de Ayacuato, poco antes de llegar a Puerta de Alambre había cinco vehículos obstruyendo el paso, con mucha gente armada. Inmediatamente nos bajaron del carro y preguntaron lo mismo: quiénes éramos y a dónde fuimos. Ahí nos tuvieron, yo veía que pasaba mucho rato y les dije, ‘yo necesito irme’, y me respondieron que estaban esperando a su jefe. Ese tiempo a uno se le hace eterno porque no sabes qué es lo que va a pasar.
“Llegó otro auto y otro hombre más intimidante, se me puso enfrente y me dijo, ‘¿sabe qué?, ya nos enteramos que usted es una templaria’, yo le respondí, ‘estás, pero muy jodido, yo no soy delincuencia organizada, ¿me ves como estás tú?, con esa ropa y con un arma?, no, no somos lo mismo señor’. Nos separaron en ese momento a mi compañero y a mí, le preguntaban cosas a él y luego me preguntaban a mí para comprobar.
“Ya luego me dijo, ‘si la vemos otra vez por aquí, usted va a aparecer en pedazos por el río’, y le contesté, ‘yo te digo que voy a volver a venir’; entonces me gritó, ‘ya le dijimos que no se pare por aquí’, todavía le insistí que yo iba a volver, porque las familias allá, están esperando la ayuda de nosotros. Nos dejaron subir al auto y empezaron a gritar ‘dígale a su jefe’ -y mencionaban nombres que no conozco- ‘que vamos avanzando, que somos cuatro letras y que vamos a acabar con ellos’. Y entonces nosotros nos fuimos, la libramos pero sí, fue… fue jodido.
“Mientras estábamos retenidos pasó una camioneta, la revisaron y la dejaron pasar. También pasó una motocicleta con una pareja y un niño como de tres años, y eso me dio mucho temor, porque el niñito estaba viendo todo eso tan violento, esa gente armada, gritoneando y con un aspecto tan intimidante. Fueron con el rifle a decirle a su papá ‘déjeme ver la identificación’, y el papá todo asustado”.
Al seguir Carmen su marcha, un par de kilómetros adelante se encontró con un retén de la Guardia Nacional, ahí les dijo a los uniformados que se movieran al lugar en el que estaban los hombres armados deteniendo a la gente.
“Uno de los de la Guardia me dijo, ‘mire, no sé de qué lugar me habla, hoy llegamos a Apatzingán, y no conocemos el territorio, llegamos aquí porque muchos soldados de Sedena están desertando y nos mandaron de refuerzo; si me voy por ahí, no sé a dónde voy a llegar y no tengo indicación de moverme de aquí’.
“La situación aquí está muy complicada, la gente ya no aguanta más. Es una analogía muy cruda la que voy a poner, pero así lo veo: es como si le prendieras fuego al bosque y los animalitos salen hacia donde no hay llamas, pero luego el fuego también llega al lugar en donde se ocultan y tienen que correr hacia otro lado. Así está la gente, ya no saben para dónde ir, es terrible, son familias enteras”, refiere.



