En torno al homenaje al maestro, su compañera Alicia Badajoz Carrillo recuerda la trayectoria del experimentador constante que dejó huella en la fotografía
Raúl López Téllez
Después de su incursión en el fotoperiodismo, Guillermo Wusterhaus Cortés (Toluca, 1963-2024), inició un periodo como docente que transcurrió en 25 años y en el que dejó honda huella tanto en aprendices de fotografía como en quienes con una trayectoria reconocen su perfil de maestro.
Alicia Badajoz Carrillo, su compañera por 34 años, destaca en Wusterhaus su afán constante por la experimentación. Rememora que Guillermo desde temprana edad ayudando en el laboratorio de su padre, fotógrafo también, prestándole una cámara hacía historias que luego se convertirían en diapositivas que veían todos en familia los fines de semana.
En su formación como antropólogo, Wusterhaus se mantuvo en la tendencia de hacer historias desde la fotografía. “En ocasiones sus fotografías no necesitaban un pie de foto porque la misma fotografía describía”, señala Badajoz, quien participó en la trayectoria profesional de Guillermo con la clasificación y archivo de su trabajo, en la que destaca su perfil como una persona ordenada, sistemático en su labor y en la que se distinguía porque no solo se concretaba a disparar en las coberturas sino que registraba en una libreta los datos fundamentales de la noticia, algo raro de ver en los fotoperiodistas, inmersos en la rapidez y lo efímero de la rutina diaria.
Esta misma búsqueda, relata su compañera, lo llevó a buscar una expectativa fuera del laboratorio que manejó luego que falleciera su padre. Así fue como llegaron a Morelia, donde tras un proyecto planteado a la Universidad Michoacana que no se concretó, inicia sus funciones como fotorreportero en el diario Cambio de Michoacán, fundado en 1992 y el cual recién había empezado a circular.




“El fotoperiodismo si le gustaba, mucho, pero enfermó y entonces tuvo que decidirse por un cambio, desde su régimen alimenticio hasta sus dinámicas, fue entonces que decidió empezar a dar clases. Memo en su inquietud, siempre estaba buscando, así que nunca dejó de buscar en la fotografía otros puntos de vista, la fotografía como profesor, la fotografía como desnudos, la fotografía como punto de referencia. Muchas de sus fotografías expresan los cambios que tuvo en esas etapas. Siempre encontró el lado agradable de la fotografía”, señala.
La carrera docente de Wusterhaus inició en el año 2000, en instituciones como las universidades Vasco de Quiroga, de Morelia y Latina de América, además de participar como tal en el proyecto Fábrica de Imágenes, al igual que colaboró con imágenes en La Jornada, México Desconocido, unomásuno y Proceso.
“Él decía que la fotografía no se podía perder, siempre buscaba cómo enseñar e inclusive a sus mismos alumnos los motivaba a buscar alternativas. Las últimas fotografías, que fue pintar con luz, él solo se puso a inventar una barra, le ponía colores, cablecitos para que cuando jalara aquí hiciera acá, siempre estaba inventando esa parte creativa como artista que estuvo presente en su fotografía”.
Destaca también que en su trabajo, “tanto con hombres como con mujeres, era muy respetuoso y estableció un formato donde firmaban las personas que iban a participar en el taller, de que las fotografías que se tomaran no se iban a publicar, eran simplemente para el taller, eso hacía que sus modelos tuvieran confianza y con el apoyo de sentirse seguros; su forma de proyectarse, su sonrisa, hacía bromas con las que otros se preguntaran si estaba hablando en serio, su carácter hacía que la gente se sintiera a gusto en las actividades a desarrollar, mucha gente joven lo seguía por lo mismo, los impulsaba a arriesgarse a tomar fotografías que nunca se imaginaban se pudieran tomar… Se trepaba, se subía al árbol, buscando la foto que él deseaba, se arriesgaba”.


Respecto al acervo generado por Wusterhaus y ahora a su cargo, Badajoz señala que de momento no se puede cuantificar entre negativos, fotografías impresas y digitales, en color y en blanco y negro.
“Todo su archivo fotográfico lo tienen en sobres, está clasificado por día y por evento, sus fotografías atrás siempre llevan de qué se trata, de esa manera es un archivo muy ordenado y es lo que me ha facilitado el poder ubicarlas. A mí me tocó el otro lado, Memo tomaba la fotografía y a mí me tocó ordenar”, indica.
Después del homenaje de este domingo 21 de septiembre dentro del Festival Tragaluz-Entre Mundos, refiere, se dedicará a la clasificación de imágenes del archivo en el que destaca, “tiene una parte de la historia de Morelia, de mucha gente que pasó sobre todo de cultura, donde hizo mucha mancuerna con Demetrio Olivo, (periodista de esa fuente, ya fallecido también), en danza, teatro callejero, literatura, hay muchos temas que inclusive se puede hacer otra exposición”.
Recuerda la exposición retrospectiva de su trabajo en el año 2017 en el Centro Cultural Clavijero, “Mirada Infinita. 25 años”, donde montó un cuarto oscuro para dar un taller de revelado, con alrededor de 80 a 90 imágenes, número promedio de que constará la exposición homenaje que inicia también en el inmueble con permanencia hasta diciembre próximo.

Badajoz comenta que la revisión del acervo tiene la finalidad de integrar un libro recopilatorio de las tendencias que Guillermo manejó en su trayectoria “desde que fue reportero hasta la fotografía de autor”, y que vería la luz en noviembre próximo, al cumplirse el primer aniversario de la partida del maestro que, reitera una y otra vez su compañera, “dejó huella en Morelia, entre amigos y conocidos, este homenaje que se va a hacer es para rendirle el cariño que todos le tenían”.
Imagen de portada, Guillermo Wusterhaus Cortés | Fotografía: Alicia Badajoz Carrillo

