Atrás del lema de “la Universidad de la nación” se esconden situaciones de inestabilidad laboral para un 70 por ciento de sus docentes
Raúl López Téllez
Es irónico que las demandas que dieron origen al primero de mayo, Día Internacional del Trabajo, sigan siendo las mismas de la actualidad: estabilidad laboral y jornadas de ocho horas, señala Andrés Ávila Armella, integrante de la Secretaría General Colegiada del Sindicato Independiente de Trabajadoras y Trabajadores Académicos de la UNAM (SITTAUNAM).
Suma otras demandas, un salario que cubra las necesidades básicas de un trabajador y su familia, además de que se respete el derecho a la libertad de organización, temas que finalmente son parte de la situación que enfrentan los académicos y trabajadores en general de la UNAM, donde avanza la inestabilidad laboral, una plantilla conformada en su mayoría por docentes de asignatura que precariza la academia y en la que la autoridad no duda en alentar sindicatos “blancos” para preservar conquistas grupales no para la generalidad de agremiados.
Ávila refiere como un ejemplo de ello, el que aunque un juez le concedió la razón al SITTAUNAM para que se erradiquen los “privilegios” a los integrantes de la Asociación de Personal Académico de la UNAM (APAUNAM, el que concentra a la mayoría del profesorado) y que sean extensivas sus prerrogativas a todos los docentes, la organización se amparó en contra de la resolución mientras que la Rectoría señaló que “revisaría” la resolución.
Sociólogo de profesión, el dirigente plantea que un profesor de asignatura en la UNAM gana 85 pesos por hora, insuficiente para poder alcanzar esa canasta básica necesaria para una familia. La mayoría del profesorado en la UNAM ya se ubica en este rango, el de los docentes sin tiempo completo que estima en rango de un 70 por ciento, por lo que tienen que emplearse en otro lado y enfrentar la limitación en recursos que le genera esta condición.
De los servicios médicos, plantea que aunque la UNAM los concede, contar con los mismos depende de la continuidad de los contratos que se renuevan semestralmente, medida que aduce es utilizada por las autoridades universitarias para disfrazar despidos, “ya que no te dicen que te corren, simplemente que no hay renovación de contrato”, táctica que emplean para eliminar profesores críticos o molestos para la estructura directiva de los planteles.
En suma, dice, “semestre con semestre, lo que hace la UNAM es elegir quien continúa o a quien desecha, hay indefensión laboral”.
El SITTAUNAM tiene en Morelia 160 agremiados, el mayor número de sus afiliados en los campus de la UNAM, además de tener presencia en las facultades de Economía, de Ciencias, y en los bachilleratos universitarios.

Cada semestre, elegir y desechar
“Irónicamente muchas de las cosas que estamos demandando siguen siendo las demandas históricas que dieron origen a la declaración del primero de mayo, una jornada de trabajo estable; en las movilizaciones de Chicago y sus alrededores la demanda era ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, eso es lo que necesitamos, un trabajo estable con un salario que pueda cubrir las necesidades básicas de un trabajador y obviamente libertad para hacerlo”.
“La situación concreta en la UNAM es que las y los profesores de asignatura no podemos hacer eso, no tenemos un horario, no tenemos una jornada de trabajo estable y estamos contratados por pedacitos y eso a veces deriva en que trabajamos jornadas que exceden las 8 horas, no porque la UNAM nos contrate más de 8 horas, sino por el hecho de que somos contratados por menos de 8 horas nos obliga a buscar otros trabajos, entonces entre lo que implican los traslados, los riesgos y que uno tiene que aceptar los trabajos por no perderlos, termina muchas veces en una jornada que excede las 8 horas”.
Esta circunstancia, agrega, regresa a situaciones como las que dieron origen al movimiento obrero: “los patrones seleccionaban a los trabajadores a pie de fábrica y solo se comprometían a contratarlos por ese día; en la UNAM no lo hace día por día, pero lo hace semestre por semestre, consideran que no tienen por qué asumir un compromiso con el profesor en una temporalidad más larga, consideran que cada semestre tiene derecho a elegirnos o a desecharnos y eso nos pone en una situación de mucha indefensión laboral y de inestabilidad económica”.
Por ello, dice, la principal demanda del gremio es la estabilidad laboral, “que la UNAM abra oportunidades de tener una plaza definitiva e incluso, que para muchos de ellos, que ya dan más de 8 o 9 horas frente a grupo, se debería reconocer como media plaza, una plaza de medio tiempo, de 20 horas al mes, donde 9 son ante grupo y las otras 11 son de preparación de clases, calificación de trabajos, reuniones, etcétera”.
En la UNAM, refiere ante la pregunta, de un total de 40 mil profesores existe ya un 70 por ciento del profesorado bajo condiciones de inestabilidad laboral, es decir, de asignatura o por horas, “y además suele ser el personal que da las clases en los grupos más grandes, sin ayudantes en general y las da con menos condiciones a su favor, es decir, atendemos a más estudiantes, tenemos que poner más de nuestra parte que un profesor de tiempo completo.”
Señala que en la pandemia hubo elementos de sobreexplotación laboral, en la inercia obligada del trabajar desde casa. “Las clases se empezaron a dar en línea, pero obviamente nosotros como profesores de asignatura teníamos que dar esas clases con nuestros equipos de cómputo personales, pagar servicios de internet y telefonía celular con un salario muy escaso y lo que hacemos cotidianamente, usar instrumentos comprados de nuestro salario. No se nos asigna cubículo, no se nos asigna computadora, tenemos trabajar con una computadora personal, incluso lo que más han hecho autoridades de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES), es abrir una sala a donde tú llegas y te sientas a chambear”.
De este periodo, dice, se normalizó hasta la fecha el uso de plataformas para dar las clases y asignar tareas o trabajos, lo que prolonga las condiciones inestables en horas para los docentes por asignatura y sin una mayor remuneración.

El miedo de no ser contratados
Sobre la pérdida del poder adquisitivo de un maestro de la UNAM, señala que un estudio del Centro Multidisciplinario establece que “a nivel nacional se calcula que hay que trabajar alrededor de 23 horas y media para completar una canasta alimenticia recomendable; el salario base de un profesor de asignatura en la UNAM es de 85 pesos hora-clase”, a lo que añade que ante cada hora de clase frente a grupo, “por lo menos hay otra hora, entonces estamos hablando de un salario de 40 pesos y si trabajara 8 horas diarias, sería para tener un poquito más de esa canasta y sin contemplar gastos como renta, servicios, en términos llanos, el salario de un profesor de asignatura, aunque trabaje una jornada completa, es insuficiente”.
Sobre las prestaciones en seguridad social, dice que existe atención a los docentes de la UNAM por parte del ISSSTE. “El problema es que este lujo que se da la UNAM de finalizar los contratos cada semestre promueve siempre una serie de problemas burocráticos y administrativos que afectan al trabajador, eso implica retrasos de pago, en que a veces se tiene que reponer la papelería y a veces falta algo, entonces si se han dado situaciones en donde por alguna razón el contrato se retrasa más de dos meses, lo que complica la atención médica”.
-¿A los maestros de la UNAM realmente les interesa defender sus intereses?
“La mayoría de los profesores de asignatura, están inconformes con su situación pero la mayoría tiene mucho miedo a organizarse, porque la UNAM tiene esa libertad de que técnicamente no te despide pero sí te despide, puede decir, ´no te estoy despidiendo, simplemente no te renové el contrato´, entonces si algún profesor se comporta, se queja de alguna forma que las autoridades consideran no es conveniente, entonces esperan a que termine su contrato y ya no se renueva, por lo que aunque muchos se acercan al Sindicato y hasta reconocen algunos logros, cuando los invitas a participar dicen, híjole, yo prefiero que no me vean, que mejor mi nombre no aparezca en esa lista o que no me vean con los sindicalizados, esa es la situación”.
Otro aspecto que influye en la falta de organización es lo que denomina, “una ignorancia general sobre los servicios laborales, no se conocen, y por supuesto las prácticas charriles de otros sindicatos hacen que la gente tenga miedo de involucrarse porque asume que todos los sindicatos tienden a corromperse, entonces como los sindicatos independientes somos la excepción, es difícil para muchas personas creer que esto va a salir bien y que no nos vamos a corromper”, por ello en el caso del SITTUNAM, “nos mantenemos con los núcleos activos, la gente que ya entendió que bajar la cabeza de todos modos no nos garantiza el trabajo”.
Las cifras de la desigualdad
Sobre el porcentaje de despidos por semestre, disfrazados como “de no renovación del contrato” los calcula en un 30 por ciento de los docentes de asignatura.
Del total del profesorado en la UNAM, por antigüedad académica, los que tienen hasta dos años laborando son el 16 por ciento; los de 3 a 11 años, 31 por ciento; los de 12 a 20 años, el 22 por ciento; de 21 a 29 años, el 1 por ciento y de 30 años y más, 18 por ciento.
De los alrededor de 40 mil docentes de la UNAM, Ávila Armella señala que “el 55 por ciento tiene maestría o doctorado, lo cual implica que la precariedad no está en la falta de experiencia ni de preparación académica”. Otra cifra que refleja la desigualdad en la estabilidad laboral, es que “el 72 por ciento de los profesores de asignatura están considerados interinos a no definitivos, a pesar de su antigüedad” y de éstos, en la categoría A se ubican 31 mil 589 profesores y en la B, 3 mil 301, es decir, “la gran mayoría ni siquiera ha sido promovida del nivel A al B”.
Señala que hay casos de profesores con más de 20 años trabajando y la UNAM los sigue considerando interinos. “Hay casos de docentes que lo más que duran son cinco años, porque finalmente la situación es insostenible. A veces te ponen un horario imposible”, indica, al referirse a que se les impone intencionalmente un horario que ya no les permite emplearse en esa misma hora en otro lugar. “Eso en las estadísticas nunca va a aparecer como un despido”, señala.
Ante este panorama añade el que la UNAM no mantiene programas permanentes de promoción del personal docente para alcanzar el tiempo completo. Y en los casos en que así ocurre, dice, llegan perfiles impuestos por el amiguismo, las influencias, por lo general en demerito de los docentes que han entregado una buena parte de su tiempo y vida a dar clases por horas. En la UNAM, señala, esa ruta “está cerrada”, aunque advierte que el artículo 52 del estatuto universitario concede a que los directores “inviten a dar clases”, lo que puede darse por un periodo de un año, pero su carácter discrecional lo vuelve excluyente y deriva en tener docentes improvisados, “incompetentes para dar clase”. Otro caso puede ser el de pelear por oposición “la basificación por horas”, es decir, pelear por el tiempo que tiene establecido ante grupo, pero igual, agrega, esta opción es discrecional se convierte en una salida para deshacerse de ciertos docentes al no aprobarlos simplemente considerando que no son aptos para la docencia.
Fotografía: ENES Campus Morelia, tomada de internet



2 comentarios
Una pena que la UNAM tenga a su profesorado en estas condiciones.
Excelente análisis. Gracias siempre Raúl López Téllez