“…en este país, el camino para llegar a ser millonario no es el trabajar de sol a sol, sino contar con los nexos adecuados entre las élites…”
Francisco Viveros Dávalos
Vivero de Ideas
En los últimos días, el empresario mexicano Ricardo Salinas Pliego ha estado en el centro de la agenda política nacional ¿El motivo? Primero, sus aspiraciones a contender por la Presidencia de México en 2030, mismas que ha hecho públicas en sus redes sociales, así como en un evento público que realizó con motivo de su cumpleaños.
Pero también ha estado en boca de todo México por el fallo que la Suprema Corte de Justicia de la Nación emitió en su contra, en el cual sentenció que el magnate debe pagar al fisco una deuda que asciende a los 33 mil millones de pesos. Más allá de detalles técnicos legales o fiscales, el presente Vivero de Ideas se centrará en exponer los riesgos de que uno de los hombres más ricos de México pretenda convertirse en candidato presidencial.
El primer punto en contra es el origen de la fortuna de Salinas Pliego. Para nadie es un secreto que gran parte de ésta se explica por las concesiones a las que se hizo acreedor cuando compró la empresa que hoy es Televisión Azteca, suceso enmarcado en las privatizaciones de las empresas del Estado en 1993, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. A su vez, este hecho es relevante porque desmorona por completo mitos como la “meritocracia” y la “cultura del esfuerzo” en México. Es decir: en este país, el camino para llegar a ser millonario no es el trabajar de sol a sol, sino contar con los nexos adecuados entre las élites políticas y empresariales del país.
El segundo aspecto negativo tiene que ver con la evasión fiscal. Por un lado, se esperaría que una persona que aspire a un cargo público cualquiera, cumpla con sus obligaciones cívicas, entre las que se encuentran las fiscales. Por otro, la realidad del empresario está totalmente alejada de la del ciudadano promedio, que en el mejor de los casos, figura en una nómina de pago en la que su parte proporcional de impuestos ya está descontada. Entonces ¿Cómo quiere conectar con un electorado al que no representa?
Aún más. El tema de la evasión fiscal se presenta en un momento político a nivel internacional en el que cada vez más voces cuestionan a las grandes fortunas y piden que se les cobren mayores impuestos. Cuenta de ello da la agenda impulsada a nivel internacional por la organización no gubernamental Oxfam, respaldada por el presidente de Brasil, Luis Inácio Lula Da Silva, el movimiento Tax the Rich en países de habla inglesa, entre otros.
De igual forma, muchos colectivos de ambientalistas señalan que la justicia fiscal también equivale a una justicia climática, toda vez que los multimillonarios de todos los países, que representan menos del 1% de la población mundial, son responsables de la emisión de gases de efecto invernadero correspondiente a las 5 mil millones de personas más pobres. El suspirante presidencial en cuestión podría entrar en el selecto primer grupo.
Un tercer aspecto está relacionado con la idea que se ha vendido en los últimos años, de que la administración pública de un país es semejante a la administración de una empresa. Bajo este postulado, han gobernado: Silvio Berlusconi en Italia, Sebastián Piñera en Chile, Mauricio Macri en Argentina, o el propio Donald Trump en Estados Unidos. Todos ellos han dejado sabores amargos de escándalos de corrupción, estallidos sociales, crisis económicas o una “batalla cultural” llena de xenofobia, racismo y discriminación en el caso del presidente estadunidense. Además, en un país tan desigual como México, una postulación que le da poder político al poder económico, da un mensaje que contribuiría a profundizar aún más las diferencias entre las élites políticas y económicas y el resto de la población.
La cuarta desventaja de esta virtual candidatura es la forma violenta que tiene el magnate para dirigirse en redes sociales, especialmente con quienes lo cuestionan. Paradójicamente, algunos de quienes lo apoyan son los mismos que todo el sexenio pasado se quejaban de que López Obrador “polarizaba todos los días y dividía a los mexicanos”. Para su mala suerte, un multimillonario que llama “zurdos de mierda”, “prietos”, “pendejos huevones”, “brujas” o “perras” a quienes se atreven a criticarlo, no hace gala de empatía ni de un mensaje conciliador que busque reducir la crispación en las redes sociales.
Hasta ahora, son más los puntos negativos que se pueden encontrar en Salinas Pliego. La pregunta obligada: ¿Cuáles serían sus puntos a favor? De momento, encuentro dos. El primero es que representa a un sector de la población que se muestra abiertamente intolerante hacia el partido en el poder y sus militantes. Cabe señalar que no se trata de la mayoría, sino de apenas el 20% o 30% de la población.
El segundo sería que, al poseer varias empresas, contribuye a la generación de empleos o inclusive a incrementar el Producto Interno Bruto del país. En el primer caso, si trata a sus empleados como a las personas en redes sociales, deja mucho que desear. En el segundo caso, si bien es cierto que el sector privado forma parte fundamental de la economía de un país, el arreglo fiscal que impera en México desde hace casi treinta años, lo vuelve uno de los más inequitativos de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
En síntesis, si Ricardo Salinas Pliego se lanzara como candidato presidencial, no tendría un respaldo popular robusto, representaría la acentuación de las desigualdades socioeconómicas del país y contribuiría a la violencia en la opinión pública.
Ilustración portada: Reco


