Con un largo camino entre flashazos y conceptos, Guillermo Wusterhaus cubre una trayectoria desde el fotoperiodismo a la docencia y a la fotografía de autor
Raúl López Téllez
El fotógrafo Guillermo Wusterhaus (1963-2024) será objeto de un homenaje este domingo 21 de septiembre dentro del Festival Tragaluz en el Centro Cultural Clavijero a las 18:00 horas. Reeditamos esta entrevista con el maestro y experimentador de la imagen, publicada en Regla de Tres en mayo del 2023. Un conversatorio y una exposición destacarán la trayectoria de quien impuso un estilo en el arte de capturar la realidad.

La fotografía es ante todo un arte visual que requiere de la intervención indispensable del humano, concepto que debe prevalecer con todo y los actuales adelantos tecnológicos, incluida la inteligencia artificial, sostiene Guillermo Wusterhaus (Ciudad de México, 1963).
“Retratar la realidad, entre comillas”, plantea, debe remitir a que “uno no fotografía cosas o no presenta cosas en una imagen, uno presenta una idea. Retrato ideas, al final mi fotografía será la idea que yo he pensado.”
Con una incursión inicial en el laboratorio paterno, luego en el fotoperiodismo -donde destaca que la lucha de poder se reproduce en las redacciones, con poca visión de la imagen como línea editorial-, donde sus registros se enfocaron mayoritariamente a retratar el ámbito cultural y artístico, Wusterhaus acumula 34 años de experiencia que ha derivado en la actualidad hacia la docencia y la entrega a “la fotografía de autor, a la ficción totalmente.



Con una carrera que inició en 1989, año en el que falleció su padre, fotógrafo también, es cuando se hace cargo del laboratorio familiar en Toluca -aunque dice que hace fotografía “desde no me acuerdo, andaba en el cuarto oscuro, echándole la mano a mi papá”-, dedicado a generar imágenes para materiales audiovisuales, fotografía para reproducción de materiales y de objetos de uso médico para ilustrar investigaciones, “diapositivas antes de que existiera el Power Point, fotografía totalmente analógica.”
Tomarse en serio la fotografía, dice en entrevista con Regla de Tres, fue a partir de ese entonces, con una pausa en sus estudios de Antropología Social, para dos años después de sostener un laboratorio propio con su esposa, llega a Morelia, donde inicia su incursión en el fotoperiodismo en Cambio de Michoacán, en 1992.

-¿Encontraste en el fotoperiodismo algo que buscabas o solo fue una etapa más como fotógrafo?
“No me interesaba el fotoperiodismo por el fotoperiodismo. Había diarios como el unomásuno, La Jornada, que me llamaban mucho la atención, pero nunca me imaginé que yo fuera a involucrarme. Cuando conocí Cambio de Michoacán, la oferta para el lector, dije sí, sí le atoro, porque además algo en lo que yo me enlacé mucho fue en la posibilidad de a ver fotografía con la óptica de un documento visual, que es lo que conocía de la carrera de antropología social; cuando hago fotografía periodística, mi visión es que la fotografía no se muera al día siguiente. Si bien es una fotografía noticiosa, que no quede al olvido, que sí retrate un momento, un personaje, que dibuje personajes, paisajes urbanos, pero que te muestre el contexto humano.”



-A estas alturas, ¿cómo valorarías el fotoperiodismo que se hace en lo local?
“Es muy diverso, hay mucha calidad en algunos medios. Lo sigo viendo como esta lucha entre el fotógrafo y el editor, que siempre está luchando contra la opinión de algunos editores sobre una imagen que se tiene que proteger de sectores de poder, partidos, políticos, empresarios, y siempre hay como esos dos frentes en un mismo medio, se llega a ver esas luchas. Me tocó un tiempo en el que sí había fluidez, esa homogeneidad, en Cambio, pero de pronto, en otros medios, si había esa lucha y en pocos se puede ver como una línea editorial esa visión gráfica.”
-Muchos te vemos como un fotógrafo especializado en cultura…
“Si, desde que estuve en Cambio y luego en La Voz de Michoacán. Yo agradecía dos cosas, a los editores: que por un lado sí le daban espacio a que hubiera una imagen noticiosa y a una imagen con sentido artístico; que no se tratara a los temas culturales, artísticos, como personajes también dentro del mismo ámbito político o deportivo y por el otro lado, le agradezco mucho a los compañeros colegas fotógrafos, que les aburría, no encontraban el sentido, les chocaba tratar los temas artísticos, porque entonces decían: ‘Sí, que vaya Wusterhaus´. Yo súper agradecido con eso y podía trabajar con mucha libertad y me permitió obviamente continuar la relación con el ámbito cultural y artístico.”
-¿Consideras que has alcanzado una madurez como fotógrafo?
“Yo digo que sí, espero que sí, la mera verdad es que no dejo de ponerme retos, si algo no quisiera es llegar a aburrirme con mi propio trabajo. Prefiero no hacer fotografía que hacer algo que me aburra. Si tengo que hacer fotografía de las golondrinas que llegan a mi casa, hago fotografías de golondrinas pero que esté satisfecho con las golondrinas que estoy fotografiando”.
En los últimos 15 años, señala, “he logrado ser más eficiente con la fotografía que hago para mí, o presentar proyectos a solamente esperar a que un cliente me pida algo, esta doble faceta que tengo de autor y de docente me permite un respiro y poder exigirme a mí, sin tener que esperar el reconocimiento.”

-¿Qué es lo que queda después de pasar por el periodismo, la fotografía de cultura, cómo se van definiendo los intereses?
“Yo le agradezco mucho al periodismo, porque lo educa a uno mucho si se hace de forma seria. Ser previsor, informarse, no hacer fotografía y luego, que es lo que abunda ahorita, hago 300 disparos y luego veo cuál está buena, sino al revés. Yo me eduqué con los rollos de 36 exposiciones, tenía 36 oportunidades para que hubiera cuando menos una buena y no esperaba encontrar más; cuando tienes el suceso, el momento, que se cae el sujeto, el personaje, la estatua, el monumento, enfrente de ti, tienes una sola oportunidad, pero aprendí a no tener un material ilimitado, no tener rollos ilimitados, así que hay que ser previsor, informarse de ir hacia el tema, conocerlo y preguntar antes de disparar, qué es lo que estoy esperando, cómo se va a mover, qué momentos va a haber, quién es fulanito o fulanita y después, cuando pasé al fotodocumentalismo, tuve un proyecto becado, entonces continué con ese sentido de la investigación. Enterarse, llegar en el momento adecuado y después tener la educación y eso se lo agradezco a la antropología social, uno tiene las herramientas para poder llegar a un lugar con gente desconocida, no llegar con la cámara echando flashazos y luego ver cuál es la buena, con la cámara por delante, primero que te conozcan como humano y luego vean que vienes con una cámara.”
De esta etapa en el diarismo, dice, “transito a la fotografía de autor, a la ficción totalmente, gracias a que tengo un descanso y me dedico a la docencia, pero también puedo preparar, convencer a la gente, presentar mis intenciones y provocar los momentos, en lugar de ir hacia un escenario, provocarlo, construirlo.”

-Como docente, ¿qué tan importante es transmitir el hecho de mantener la imagen como un elemento de comunicación?
“Importantísimo. El analfabeta del futuro, sería el que no entiende, no sabe cómo expresarse con una imagen. Y esto lo dijeron Man Ray, Walter Benjamin, hace más de cien años y no es posible que no lo terminemos de entender y sigamos fotografiando y luego preguntándole a la imagen para qué me sirve, cuál será la buena, en lugar de plantearse que es muy importante observar, entender que el dispositivo, la cámara, la cosa que usemos para crear una imagen técnica, nos sirva para presentar una idea. Estoy más convencido y soy cada vez más terco con los alumnos, de que entiendan que uno no fotografía cosas o no presenta cosas en una imagen, uno presenta una idea, retrato ideas, al final mi fotografía será la idea que yo he pensado, me sirven las cosas frente a mí, me sirven las personas, representan esa idea que yo tengo y entonces a partir de ahí yo hago una imagen hecha con cámara, con el celular, con la cosa que aparezca, que inventen mañana, y entonces les presentaré la imagen.”
Cada vez, agrega, “estamos regresando más a esa relación que ya se nos había olvidado, la relación de la fotografía y las artes visuales. La fotografía estaba totalmente entendida como un arte visual en los primeros treinta, cuarenta años (del siglo pasado), no había pleito. Había bronca, claro que sí, con los retratistas, con los pintores, pero estaba muy claro acerca de que la fotografía es un arte visual, de manera que es también ficción como una pintura, un grabado, un dibujo, oleo, lo que tú quieras pero ahorita, siento que muchos compañeros, la inteligencia artificial, la fotografía con los dispositivos móviles y la idea de que ´ya cualquiera puede hacer una fotografía´, no, cualquiera puede hacer un click.”

Señala a pregunta expresa que utilizar la tecnología no es una perversión para la fotografía. “Lo que es perversión es vender una cosa por otra. Es decir, vender la idea de que la fotografía no engaña, la fotografía no miente. Por favor, es una mentira, es continuar una perversión mostrando la fotografía como un documento, un testimonio que no miente. No, la fotografía tiene sus parámetros, cuando vemos una fotografía, estamos viendo cuando memos cinco factores en una sola cosa, estamos viendo primero a alguien, un autor, una autora que trajo la cámara, en un cuando, en un dónde, y en un cómo y obviamente el qué. Es decir, sujetos en un momento dado, en un lugar, con una cosa llamada cámara, dispositivo, tablet, que tiene sus propiedades, hizo click frente a una montaña, un edificio o una chica bailando o un chico desnudo y entonces, todos estos factores nos van dado vistas sobre lo que estamos haciendo en esa cosa que se llama fotografía y eso para mi no tiene problema, por eso disfruto mucho ver fotografías ajenas, presentes o pasadas, y eso todavía sin meter los factores estéticos, la composición, el encuadre, etcétera. A partir de ahí puedo entender ese documento fotográfico, puede ser ficción o puede ser retratar la realidad, entre comillas.”
Fotografía de portada: Derribo de la estatua del virrey Antonio de Mendoza por los «500 años de lucha y resistencia india, negra y popular». Imagen del 12 de octubre de 1992. | Guillermo Wusterhaus Cortés


