“Moss se encuentra con una escena dantesca: las secuelas de un tiroteo entre narcotraficantes mexicanos…”
Gerardo Pérez Escutia
Zona Oscura
Hace ya dos años que murió el gran escritor estadounidense Cormac McCarthy y parece que fue ayer. Con él murió un estilo único en la literatura contemporánea: singular, oscuro y potente. Su prosa transmite una belleza dura, áspera, con resonancias antiguas, casi bíblicas. Sus obras se desarrollan en ambientes salvajes, inhóspitos y -como en La carretera– apocalípticos; historias que desnudan la condición humana en situaciones extremas, pobladas de personajes condenados a un destino sin esperanza o redención.
En esta columna dedicada a la novela negra, de cuando en cuando, le abrimos la puerta a autores que, aunque no son claramente identificables como autores del género, por su temática, estilo y, sobre todo, por su calidad literaria, pensamos que sería un “crimen” no incluirlos. McCarthy, de quien ya reseñamos La carretera, no podría faltar en nuestra selección. Hoy vamos a recomendar: No es país para viejos (Penguin Random House, 2005).
Estamos en la frontera texana entre México y Estados Unidos, a inicios de los años ochenta. Llewelyn Moss es un veterano de Vietnam que sobrevive trabajando como soldador en una herrería de un pequeño pueblo, y cada que puede sale a cazar venados a la semidesierta y salvaje campiña fronteriza. Mientras persigue a un venado herido por él, Moss se encuentra con una escena dantesca: las secuelas de un tiroteo entre narcotraficantes mexicanos, con varios muertos y un solo sobreviviente agonizante que le pide agua. Moss no lleva agua y lo abandona; sigue inspeccionando y, en una de las camionetas, encuentra varios paquetes de heroína, por lo que intuye que hubo un intercambio que salió mal. Comienza a seguir un rastro de sangre, y a unos cientos de metros encuentra bajo un árbol a otro sobreviviente, también muy malherido, con un maletín que contiene cientos de miles de dólares. Sin pensarlo dos veces, toma el maletín, abandona al hombre y lleva el dinero a su casa, donde vive con Carla Jean, su joven esposa. Por la noche no puede dormir por el remordimiento de haber abandonado al herido que encontró en la camioneta; se levanta, llena un bidón de agua y regresa a la escena de la masacre, encontrando ya ejecutado al herido. De repente, Llewelyn es visto en la escena por un grupo de pistoleros que regresaron por la droga y el dinero, dando inicio a una persecución que a la postre será la columna vertebral de toda la novela. Luego de escapar de los pistoleros, regresa a su casa, ordena a su esposa que se esconda en otra ciudad con su madre, mientras él escapa con el dinero.

Ed Tom Bell es un sheriff maduro, ya en la cincuentena, que está pensando en el retiro. Veterano de la Segunda Guerra Mundial, es un hombre taciturno y reflexivo que aún debe lidiar con los demonios que carga desde sus años de combatiente. Además, se siente extraño en un mundo que ya no reconoce, donde la violencia entre los grupos de narcotraficantes que pululan en la frontera es cada vez más brutal y sangrienta. Recibe una llamada para a acudir a la escena de un crimen donde se encuentra un hombre asesinado con una extraña herida limpia y redonda en la frente. Bell intuye que se enfrenta a algo diferente; percibe la presencia de una voluntad asesina como nunca ha conocido.
Anton Chigurh es un psicópata de manual, un asesino despiadado que se contrata como sicario a sueldo, lo que le sirve de pretexto para satisfacer su mayor “vicio” : matar por el gusto de hacerlo. Es un depredador total. Chigurh ya está en la frontera; tiene el encargo de recuperar el dinero perdido del intercambio fallido, eliminar a quien se lo llevó y, de paso, a todo aquel que se interponga en su objetivo. Es un tipo “exótico”, tanto en su aspecto, como en su “modo” de asesinar: una pistola de aire comprimido para matar ganado y una escopeta con silenciador son su firma personal.
Con estos tres personajes principales, McCarthy va construyendo una trama que se estructura a partir de la persecución de Moss por Chigurh y, paralelamente, de la investigación que hace el Sheriff Bell para encontrar al culpable de los asesinatos que se van acumulando. Bell intuye que, para atrapar al asesino, deberá proteger a Moss y a su esposa del implacable depredador que los persigue. La historia recorre los pueblos polvorientos de la frontera y se desarrolla en tristes moteles de carretera, en cantinas y ranchos olvidados, dándole a la trama un marcado carácter de road novel y thriller vertiginoso y desencantado. Los asesinatos de Chigurh se acumulan; su peculiar método y la forma en que interactúa con sus víctimas le otorgan una profundidad psicológica muy especial a la narración, constituyendo esos encuentros uno de los aspectos más memorables y siniestros de la historia.

La dinámica propia y necesaria de una novela donde la violencia aparece en toda su crudeza y desnudez tiene un contrapunto en la estructura narrativa, ya que está contada a dos voces: la de un narrador omnisciente que nos conduce a través de toda la trama y la del sheriff Ed Tom Bell, que va intercalando sus observaciones sobre la vorágine criminal que presencia -y no puede evitar- con reflexiones filosóficas acerca del sentido de la vida, la vejez, la culpa, y el papel de la violencia en un mundo que le es cada vez más ajeno. Así, el autor imprime en la historia un aura de melancolía, como una pátina sepia que le da una densidad magistral, brindándonos pasajes y frases que se quedan grabadas indeleblemente en nuestra memoria literaria.
Cormac McCarthy no es un escritor fácil por su estilo, ya que prescinde en gran medida de la puntuación, lo que nos obliga como lectores a hacer un esfuerzo doble de atención para sumergirnos en sus palabras; pero una vez que encontramos la cadencia y el ritmo de la narración, obtenemos una de las experiencias literarias más profundas de las que podemos disfrutar en la literatura actual.
Esta novela fue llevada al cine en el 2007, en una magistral adaptación dirigida por los hermanos Cohen. Recomiendo mucho ver la película, y así lograr una experiencia total de esta magnífica obra.
Ilustración portada: Reco


