Regla de Tres

Mindhunter

El asesino serial aparece casi en cualquier tipo de sociedad. También surge en países económicamente emergentes, en sociedades ricas y en sociedades depauperadas.”

Hace muchos años -cuando era niño-, en una ocasión caminando por la calle me topé en un puesto de revistas, con una portada del periódico “Alarma” (los más jóvenes tal vez no recuerden, pero se trataba de un periódico amarillista que daba cuenta de los crímenes más grotescos de nuestra sociedad), en la que se mostraba con una nitidez obscena, la foto de la cabeza de un hombre, quien había sido “asesinado y decapitado por su esposa para después cocinar su cabeza y hacer pozole”. Esta foto y este encabezado provocaron en mí una especie de trauma o fijación con el crimen violento. Recuerdo que me preguntaba: ¿qué podía provocar un asesinato?, ¿de qué tamaño era el dolor de la víctima?, ¿nos puede pasar a cualquiera?, Y, sobre todo, me preguntaba si quien cometía un crimen así ¿nacía criminal o se hacía criminal?

Muchos años después y frente a la página en blanco, recuerdo ese momento y los muchos libros, ensayos, películas y series que he visto y leído sobre el tema, el cual es tal vez uno de los más exitosos y socorridos en la literatura y en el cine: ”el crimen”. Tanto así, que es el sustrato más íntimo que alimenta esta Zona Oscura, en la que, en sus diversas entregas, nos hemos sumergido en él para recomendar novelas del género negro; novelas que hablan sobre el “hecho criminal”, a partir del cual se tejen historias, se crean géneros y subgéneros, se desarrollan personajes, tramas y en los casos más afortunados nos permiten entender a sociedades y momentos específicos de la historia bajo el paraguas de una buena novela, y nos llevan, a los que somos irredentos seguidores de este universo, a aprender y gozar de la incertidumbre en que nos sumerge cada buena historia bien contada.

En el universo criminal tiene un lugar de honor el asesino serial, el ”serial killer”, a quien muchos considerábamos como un producto netamente estadounidense, tan gringo como la mac burger o el pay de manzana. El asesino serial es un ícono norteamericano y una de las mayores pesadillas para la sociedad de bienestar en nuestra época (aunque ya podemos decir que es un fenómeno global que incluso tiene “dignos exponentes” en Latinoamérica). Sobre el asesino serial se han escrito muchos libros y se han producido espléndidas películas y series. Me llegan a la memoria “El silencio de los inocentes” de Jonathan Demme, basada en la novela de Thomas Harris; “Asesinos por naturaleza” de Oliver Stone; la magnifica “Seven” de David Fincher; o la más reciente serie sobre John Wayne Gacy, a quien se le encontraron treinta y un cuerpos enterrados en el sótano. Hay muchos ejemplos, pero estos son de los más representativos y que mayor huella han dejado en el imaginario colectivo, perfilando la siniestra figura del “asesino serial”.

Estas películas y libros tienen algo en común: para su realización buscaron asesoría de los creadores del término serial killer: John Douglas y Bob Resler, ambos agentes de la unidad de Ciencia del Comportamiento del FBI en Quantico, Virginia, quienes crearon y definieron en la década de los setenta el término “asesino serial”, a partir de realizar exhaustivas investigaciones y entrevistas a cientos de presos convictos por asesinatos brutales a lo largo y ancho de USA.

Este es el origen de la recomendación de esta semana. En esta ocasión recomendamos la serie Mindhunter (disponible en streaming en sus dos temporadas) y el libro del mismo nombre Mindhunter (Planeta, 2017), escrito por John Douglas y Mark Olshaker, a partir del cual los guionistas y productores crearon la serie.

Recomiendo ambos productos: los dos son obras de altísima calidad y se pueden abordar independientemente. La serie es una gran adaptación, y el libro nos proporciona los detalles que no alcanzan a plasmarse en pantalla, además de darnos contextos más amplios, detallados y explícitos de lo que puede ser mostrado en un producto audiovisual. Son dos obras complementarias y una muestra muy acabada de colaboración y hechura de altísima factura.

La serie consta de dos temporadas y desarrolla en sus diecinueve capítulos la historia de los agentes del FBI, Holden Ford y Bill Tench (nombres ficticios) en la década de los setenta y principios de los ochenta, cuando a partir de múltiples investigaciones y entrevistas a convictos, vieron la necesidad de crear “perfiles criminales”. Antes de ellos ya existían esbozos (de hecho en la literatura podemos rastrear intentos de elaboración de perfiles hasta en la obra de Edgar Allan Poe y en la de Arthur Conan Doyle), pero los esfuerzos eran aislados, y la investigación criminal y su éxito se basaban fundamentalmente en las pruebas forenses y en la confesión. No se contaba con una herramienta que permitiera anticipar o encontrar puntos en común y pautas de comportamiento que pudieran unificar esfuerzos, anticipar y frenar a los criminales, sobre a todo a aquellos que en esa década comenzaban a esbozar las ominosas características de asesinos repetitivos, metódicos, organizados, con componentes sexuales evidentes en sus motivaciones y que no se detendrían en su sangriento periplo hasta ser cazados o detenidos.

Holden y Tench forman equipo con la doctora Wendy Carr para comenzar a clasificar sujetos y sistematizar sus hallazgos, desarrollando una metodología en la que se ponían tanto en la piel de la víctima como en la del victimario para entender los factores detonantes en los comportamientos y en la historia de los protagonistas que los juntan en el hecho criminal. Así se va desarrollando la trama, en la que figuran famosos asesinos de esa época espléndidamente caracterizados. Vemos desfilar a Edmund Kemper, un gigantón de dos metros que mató a sus abuelos, a su madre y a varias jóvenes a quienes llevaba de “aventón” en su automóvil; Kemper tenía la peculiaridad de decapitar a sus víctimas y guardar parte de sus restos. Vemos también la entrevista que hacen a Richard Speck, quien asesinó a ocho enfermeras en una misma noche en una orgía de sangre y sexo dantesca. En todas las entrevistas, la personificación de los asesinos, sus historias personales y su entorno son exhaustivas y precisas; así van acumulando información que, al sistematizarla, permite hallar concordancias para crear perfiles.

En el ínter, Holden y Tench viajan a diferentes partes de Estados Unidos coadyuvando con las policías locales a resolver algunos de los casos más siniestros, mientras nosotros, -los espectadores- asistimos a una espléndida representación de la “America profunda“ de los años setenta. La fotografía en tonos ocres le da una pátina de tiempo; la música, el vestuario y hasta los clichés de la época están espléndidamente plasmados en la serie. Se nota el oficio del director David Fincher (también director de la película Seven) y del espléndido equipo de guionistas, que logran transmitir en imágenes los aspectos esenciales del libro y el espíritu de la época.

A contrapelo de los thrillers, lo más importante en esta serie no son las escenas de acción, ni siquiera las escabrosas (que abundan), sino los diálogos: las entrevistas a los asesinos que nos permiten asomarnos a lo que el autor del libro llamo “el corazón de las tinieblas” de la mente criminal. Sus orígenes, sus motivaciones, sus historias de familias disfuncionales y frustraciones personales, que poco a poco van esbozando un cuadro siniestro, con puntos en común, que a la postre serían la base a la Ciencia del Comportamiento para desarrollar los perfiles criminales que hoy día son esenciales para las investigaciones exitosas en los cuerpos policiales serios y profesionales.

Nos muestran con pasmosa simpleza la “banalidad del mal” de seres mediocres e insignificantes que, por una serie de circunstancias personales y -esto solo se esboza- genéticas, llegan a convertirse en los modernos monstruos que han poblado las pesadillas de varias generaciones.

La serie alcanza cotas magistrales en momentos como en el que entrevistan a Charles Manson (el criminal más peligros de USA, aunque nunca haya matado a nadie), pero que sin duda se convirtió en uno de los iconos y referentes de la cultura pop de los sesenta.

Una de las ventajas de las series sobre las películas es que por su formato permiten adaptar guiones y libros de una manera muy fidedigna. Permiten construir una narrativa en la que se desarrollan los matices y la profundidad de los personajes, además de elaborar tramas con altas dosis de credibilidad y de tensión dramática. Todas estas son características de esta espléndida serie.

Por otra parte, el libro tiene todo lo que he hablado sobre la serie y mucho más; evidentemente el detalle de la trama es más minucioso. Aquí no hay concesiones dramáticas, es la historia pura y dura de los agentes originales que hicieron las entrevistas y crearon los perfiles criminales. Nos muestra también los obstáculos culturales y burocráticos a que se enfrentaron dentro y fuera del FBI para desarrollar la Ciencia del Comportamiento, en una década en la que aún pesaba mucho la herencia de Edgar J. Hoover, el sempiterno, todopoderoso y misógino director. Época en la que aún no se admitían agentes mujeres y en la que las teorías psicológicas y, por ende, la creación de perfiles, eran vistas casi como brujería. La trama detalla cómo, a golpe de voluntad, éxitos y fracasos, fueron imponiendo a estos, como pilares en la investigación criminal.

Producto de nuestra época, el “asesino serial” concita terror, morbo y, en muchos casos, seducción, en diferentes sectores de la sociedad. Es un fenómeno que se ha mercantilizado y que año con año genera millones de dólares en libros, películas, souvenirs y hasta tours a lugares de crímenes famosos. Muchos de sus más “brillantes” exponentes tienen casi el nivel de rockstarscon miles de fans. Este ya no es un fenómeno meramente norteamericano; en una sociedad globalizada también se globalizó el serial killer, y así ha aparecido en lugares tan distantes como Ucrania (Andrei Chikatilo), Inglaterra (Ian Brady), Colombia (Alfredo Garavito), Pedro López Alonso (Perú) y por supuesto México con: Diana Barraza (la mataviejitas), Goyo Cárdenas (el estrangulador de Tacuba), el Pelón Sobera (asesino necrófilo) y recientemente, los tristemente célebres Monstruos de Ecatepec (Juan Carlos Hernández y Patricia Martínez).

El asesino serial aparece casi en cualquier tipo de sociedad. También surge en países económicamente emergentes, en sociedades ricas y en sociedades depauperadas. Sin embargo, aún falta mucho por entender y así protegernos de estos “fenómenos”, pero sin duda, la Ciencia del Comportamiento, con sus bases psicológicas y psiquiátricas y con su metodología científica (que se nos muestra a detalle en el libro y la serie en su génesis y desarrollo) es la herramienta más acabada que tienen las corporaciones policiacas actuales para anticipar y detener a estos criminales.

Por todo esto, tanto el libro como la serie Mindhunterson una platea de lujo para asomarnos y tratar de comprender este siniestro e inquietante mundo; además, como todo buen producto cultural, nos enriquecerán y dejarán con muchas más dudas y preguntas de las que hoy día tenemos.

Ya sea que veamos la serie o leamos el libro, seguramente, a partir de ello, miraremos a nuestros vecinos y compañeros con mayor detenimiento…

1 comentarios

Carmen Yáskara Escutia Frías 08/12/2025 at 22:42

Te quedó una reseña muy buena: clara, atrapante y con observaciones inteligentes. Da gusto leerte, saludos.

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