Regla de Tres

Los peligros de fumar en la cama

“Mariana Enriquez ha creado un universo intimo y siniestro que inevitablemente nos remite a maestros del genero como Shirley Jackson…”

Mariana Enriquez (Buenos Aires,1973), es una de las más prestigiadas escritoras de la narrativa latinoamericana actual. Su labor también abarca el periodismo y la crónica cultural. Su obra literaria se inscribe principalmente en el género del terror, en el cual cuenta con varios títulos galardonados, como Las cosas que perdimos en el fuego (2016) y Nuestra parte de la noche (2019). En esta ocasión, nos damos el gusto de incursionar en el oscuro universo de Mariana Enriquez recomendando su libro de cuentosLos peligros de fumar en la cama (Editorial Anagrama, 2017).

El universo de la obra de Mariana Enriquez es fronterizo. Sus relatos parten todo el tiempo de situaciones cotidianas, anodinas y domesticas, que a todos nos resultan familiares de una u otra manera; situaciones a las que la autora les da un giro hacia el terror, ya que, en determinados momentos, abre ventanas hacia un universo oscuro, agazapado, que sentimos que siempre ha estado ahí y que solo de vez en cuando percibimos con un escalofrío en la piel. Es en esta característica -el horror dentro de lo cotidiano- donde la escritora despliega su magia, con una prosa sencilla, plagada de los modismos de su entorno , que refleja también las tribulaciones comunes de los pueblos latinoamericanos. Tal vez sea esta conexión a ras de tierra lo que otorga una gran verosimilitud a sus historias, que nos recuerdan aquellas que nos contaban los abuelos en la niñez, frente a una fogata.

A través de las páginas de sus cuentos y novelas se filtran los problemas sociales de su entorno: la angustia ante el fracaso económico, la diversidad sexual, la represión política, la pobreza, la carestía, la soledad y la falta de oportunidades de la juventud.

Otra característica de sus historias es el erotismo, que de manera a veces velada y a veces explícita, recorre todos sus relatos. Un erotismo que se “palpa” a cada momento en una carnalidad que desborda a sus personajes y que también constituye un vaso comunicante a la otredad del horror. Un erotismo que involucra también diversos objetos cotidianos, en una fijación fetichista que, por momentos bordea lo escatológico, elevando aún más la sensación de horror corporal que en ciertos momentos nos provoca su lectura.

En los doce relatos que componen este libro encontramos desde unos huesos enterrados en un jardín, que una niña descubre para darse cuenta de que no pertenecen a un animal y de lo que hay detrás de ello, hasta el despertar al erotismo y al demonio de los celos de un grupo de adolescentes durante un tranquilo paseo dominical. En otro relato, la autora nos confronta con la repulsión que, a querámoslo o no, nos provocan los vagabundos -los homeless– y nos sacude con una historia que refleja nuestros peores temores sociales. Otro cuento nos hace habitar el cuerpo de una niña llevada a la provincia, donde atraviesa una experiencia terrorífica, marcada por brujas, maldiciones, y maltrato doméstico. Barcelona se presenta en ouno de los relatos como una ciudad sucia y decadente, habitada por fantasmas agazapados. La autora también incursiona en historias de fantasmas vengativos, como es el caso del relato “El mirador”, donde el protagonista es un alma en pena que habita un viejo hotel. El fetichismo escatológico está presente en “Donde estás corazón”, una historia de soledad y rabia.

La obsesión y el fanatismo nos avasallan en el brutal cuento “Carne”. En “Ni cumpleaños ni bautismos”, nos adentramos en la vida solitaria de un fotógrafo muy particular y en las consecuencias de su obsesiva búsqueda creativa.

“Chicos que vuelven”, más que un cuento, es una novela corta de tintes detectivescos que aborda, desde una perspectiva distinta, el drama de las desapariciones y la trata de blancas en Buenos Aires. Paradójicamente, el relato más breve, “Los peligros de fumar en la cama”, es el que le da nombre al libro y es uno de los más intensos: aquí el tema central es la soledad y el abandono. En “Cuando hablábamos con los muertos”, los protagonistas son un pequeño grupo de jovenes amigas, casi adolescentes, que están obsesionadas con la ouija y que buscan afanosamente comunicarse con los muertos; la autora le da un giro inesperado al relato, alejándose de lo previsible y presentándonos una historia muy inquietante.

En todos los relatos del libro se nota una visión y postura femenina. Además, la mayoría de los personajes son mujeres, y la sutileza, el enfoque y la atención a los detalles mínimos otorgan un aire turbio y ominoso que recorre el volumen de principio a fin y constituye el sello estilístico de esta gran narradora . Mariana Enriquez ha creado un universo intimo y siniestro que inevitablemente nos remite a maestros del genero como Shirley Jackson y, muy en particular, a su compatriota, el gran Julio Cortazar con quien comparte el minimalismo, ciertos giros verbales del estilo y el vertigo que provoca la irrupción del horror en lo cotidiano: lo siniestro , lo “unheimlich”.

Recomiendo mucho este libro de relatos como puerta de entrada al perturbador universo de Mariana Enriquez.

Deja tu comentario