En cartulinas y lonas, miles de mujeres en Morelia dejaron el mensaje más potente sobre las persistentes violencias que enfrentan en el país y el estado
Patricia Monreal
El domingo 8 de marzo, una vez más, miles de mujeres acudieron al centro de Morelia para alzar la voz, repudiar las múltiples violencias que enfrentan día a día, y gritar por las calles en defensa de sus derechos.
Más allá de los cantos, la danza, las consignas, los discursos, los cristales hechos añicos, la pintura y el fuego sobre Palacio de Gobierno, fue en las cartulinas, lonas y banderas de donde emanó el mensaje más potente en las dos movilizaciones realizadas, una convocada por la Asamblea de Mujeres de Michoacán, la otra por el Frente Violeta.


La propia marcha tuvo ejemplo de esas violencias, como el caso del Subway ubicado en el Hotel Alameda, en donde trabajadoras fueron colocadas sobre la acera como escudos humanos, una debajo de cada ventana en las que se colocaron moños de papel violeta y un cartelón, por si las manifestantes tenían intención de intervenir el lugar.
El Gobierno del Estado hizo lo propio, al enviar mujeres uniformadas para hacer frente a las manifestantes del bloque negro que se movilizaron con el Frente Violeta y desmontaron parte de las vallas de protección, abriéndose paso entre la estructura metálica colocada frente a la puerta principal de Palacio de Gobierno. Los hombres integrantes de las fuerzas de seguridad estatal permanecieron dentro del inmueble, otros más, desde la azotea, les gritaban a las manifestantes que se fueran a hacer de comer.


La palabra escrita, los nombres, vivencias, pensamiento y consignas, se abrieron paso en pancartas y lonas para visibilizar los cientos de casos impunes, los derechos, la rabia, la determinación, y las violencias afrontadas por las mujeres. Con brazo firme, ellas caminaron por el centro de la ciudad para recordar que, en Michoacán como en México, el ser mujer suele costar la vida.

















