“Nathy Peluso, sabiamente, ha sabido desenvolverse desde lo femenino en géneros musicales históricamente acaparados por el hombre”
Alfredo Barriga Juárez
MeloManía
Cuando se habla de artistas provenientes de Argentina, automáticamente uno piensa en la sagrada trinidad: Charly García, Luis Alberto Spinetta y Gustavo Cerati. Habrá quien esté de acuerdo y quien, por el contrario, me tache de melómano embustero mientras recita una lista con los nombres de las bandas y cantantes que dejé fuera. Da igual, por el bien de mi texto me la banco.
En medio de una crisis política y cultural, Guanajuato celebró la quincuagésima tercera edición del Festival Internacional Cervantino con Veracruz y Reino Unido como invitados especiales.
Y digo crisis por aspectos como la administración casi feudal de una sola familia en Guanajuato Capital; una dirección cultural a nivel estatal sin proyecto sólido, pero que destina mucho recurso en eventos ecuestres; la intensa lucha que aún no pueden ganar los colectivos feministas por despenalizar el aborto y, por último, el relanzamiento de un partido conservador que por fuera agoniza, pero por dentro ya comienza la mutación de color como nuevo ciclo de vida.
Como azares de la extraña casualidad, ese mismo sábado 18 de octubre, mientras Jorge Romero, líder del partido azul proclamaba “Patria, Familia y Libertad” a todo pulmón en la Ciudad de México, Nathy Peluso (oriunda de una Argentina donde Milei proclama lo mismo), se preparaba para cantar Grasa en la plaza de Los Pastitos como parte de su extenso tour que inició también en México.
Lejos de parecer una conjetura arriesgada por estos hechos, soy de los que creen que hay una relación directa o indirecta entre obra, público y cultura. El arte como mera expresión del artista es una visión romántica que debe apalearse. Ahora lo explico.
Grasa (2024), último álbum de estudio de la lujanense, es una obra compuesta por dieciséis temas, de los cuales destacan «Corleone», «Escaleras de metal», «Aprender a amar», «Envidia», «Menina», «Legendario», «Todo roto» y «Mamá».
En cuanto a lo musical, esta obra de Peluso, recoge una gama de géneros que construyen su propia identidad: salsa, bolero, jazz, city pop, rap y funk carioca. Un abanico de géneros que, hoy más que nunca, el peso de la identidad cobra sentido y fuerza tras las abominables políticas internacionales de migración que sufre la comunidad latinoamericana.
Además, las producciones y colaboraciones que ayudaron a materializar este disco fueron piezas clave. Entre los artistas que sobresalen, se encuentra: C. Tangana, Duki, Ca7riel, Pablo Drexler, Blood Orange, entre otros.
En cuanto al discurso, Nathy Peluso, sabiamente, ha sabido desenvolverse desde lo femenino en géneros musicales históricamente acaparados por el hombre. No es gratuito que Grasa inicie con un tema como «Corleone» o incluya un sencillo como «Remedio». Asimismo, exhorta a la reapropiación del cuerpo femenino como instrumento político a través del canto, la actuación y el baile. Una especie de vedette contemporánea.
Esto último -y lo constaté-, puede apreciarse a lo largo de todo su show, porque, aunque tenga sus bailarines en cada concierto, Nathy Peluso se contorsiona, baila y se apropia del escenario sin perder para nada la entonación y afinación de su voz. Solo en pequeños puentes o en el verso de otros artistas, hace uso del playback.
En un sentido técnico, así está conformado Grasa. Sin embargo, es importante señalar brevemente los antecedentes de este álbum.
En una entrevista con Pablo Perantuono para la Rolling Stone en Español, donde Nathy Peluso, en un principio, habla de cómo grabó y desechó un disco completo antes de llegar a lo que conocemos como Grasa, el periodista le cuestiona sobre Serú Girán, específicamente sobre poner a sonar «La grasa de las capitales» en cada uno de sus conciertos, a lo que Nathy responde:
“…más allá de lo que se escuchaba en mi casa, a mí de grande me ha fascinado todo ese universo. Me atrapa la sensibilidad. Te diría que es de los hogares de la música con los que más conecto. Que tiene algo que para mí es, también yo soy una inmigrante, la cuna del sonido que me transmite, la sensibilidad que tienen al decir las cosas, que forma parte también de nuestra manera, que me interpela muchísimo”.
Durante el concierto de Guanajuato sucedió lo mismo. Por un momento en la Plaza de los Pastitos, la voz de aquel Charly García de 1979 resonó ¿Qué importan ya tus ideales? ¿Qué importa tu canción? La grasa de las capitales Cubre tu corazón.
Una canción que criticó la decadencia y la corrupción de las grandes ciudades, especialmente Buenos Aires.
Es importante señalar que, a su vez, este concepto de grasa se originó a mediados del siglo XX, cuando la oposición del peronismo la utilizó para describir despectivamente a los trabajadores que asistían a los eventos públicos de Juan Domingo Perón. Con el tiempo, la palabra fue adoptada para utilizarla como insulto para referirse a alguien de mal gusto, vulgar y poco refinado. Alguien que encarnaba la decadencia social.
En ese sentido, Serú Girán la utiliza como una fuerte metáfora para denunciar una banalidad consumista y vacía desde la década de los años setenta. Y aunque Nathy Peluso hace el mismo juego de humor reivindicando la palabra, claramente hay un diálogo inquebrantable en la actualidad:
“La grasa de las capitales a mí me cruza el alma, es mi disco. Musicalmente me vuela el bocho, me parece inteligentísimo. Me parece que es un disco que es un tesoro. No le puse Grasa estrictamente por eso, pero saco la conclusión de que forma parte de una de las elecciones. También me gusta el humor de hacer algo que para mí es elegante y ponerle Grasa. Porque me parece que también lo grasa es cool y tiene algo interesante. Y reivindicar ese lado también me gusta. Reírme de todo, me parece que, en clave de humor, me define” expresó Nathy en la misma entrevista.
De esta manera, sabemos que, aunque Grasa es un proyecto personal y valiente centrado en la autenticidad de Nathy Peluso, el hecho, en sí mismo, de pararse en un escenario a presentar un show de esta naturaleza como cantar «Aprender a amar», «Manhattan» o agregar el skit de C. Tangana más un sample de Serú Girán, es un acto político por sí solo para una capital que languidece en su propia grasa.
Nathy Peluso seguirá su tour ondeando Grasa en letras rojas sobre una bandera blanca como una consigna de campaña o una hincha apasionada, y pasará desapercibido, quizás, un mensaje entre líneas como sucedió en Guanajuato.
Lo único que no perderá foco de atención es que una joven lujanense, nacida en 1995, recorrió Estados Unidos, España, Francia, Italia, Alemania, México, Colombia, Uruguay y próximamente Puerto Rico, cantando tienes que aprender a amarte, tienes que aprender a amarte, perra.
Grasa, disco completo:


