“…una vez más, se han revivido discursos de odio e intolerancia, en este caso, en contra de quienes salieron a las calles.”
Francisco Viveros Dávalos
Vivero de Ideas
El pasado viernes 4 de julio se llevó a cabo en la Ciudad de México la primera Marcha en contra de la Gentrificación. Este fenómeno hasta ahora es poco conocido por gran parte de la población en México, y el evento causó polémica en redes sociales. Por lo tanto, este Vivero de Ideas tendrá por objetivo desmenuzar de qué se trata y, sobre todo, porqué sería bueno que el tema fuera abarcando la opinión pública.
Pero vamos por partes ¿Qué es la gentrificación? El término fue empleado por primera vez en Londres, Inglaterra, en la década de 1960. Se trata del desplazamiento de habitantes de un barrio o conjunto habitacional, muchas veces empleando la fuerza pública, con el propósito de que alguna empresa del ramo inmobiliario se apropie del espacio, lo transforme y sobre todo, eleve significativamente el precio de la propiedad y con ello, el de sus alrededores.
Ejemplos de este fenómeno hay muchos: El crecimiento de la empresa de hospedaje en línea Air Bnb ha causado el aumento de la renta de la vivienda en ciudades turísticas como la capital de Portugal, Lisboa o la ciudad de Barcelona, en Cataluña, España, en donde los vecinos de los principales barrios turísticos se ven obligados a dejar sus propiedades y mudarse a las periferias.
En el caso de la capital mexicana, los casos más emblemáticos se han dado en la Alcaldía Cuauhtémoc, en colonias como la Roma, la Condesa y la Hipódromo-Condesa, que en los últimos cinco años han visto la llegada de ciudadanos extranjeros que trabajan en línea y escogen nuestro país, pues la renta es más barata que en sus países de origen (siendo Estados Unidos el principal emisor) y el pago de impuestos es prácticamente nulo. Estas personas reciben el nombre de “nómadas digitales”, y su arribo se dio principalmente durante y después de la pandemia por Covid-19.
La principal consecuencia de esto ha sido el aumento en los precios de la vivienda en la Ciudad de México, pero también que los nuevos residentes demandan que los habitantes locales se adapten a su lenguaje y a sus costumbres, pero ellos se resisten a aprender el español o a seguir las normas implícitas de la cultura mexicana o capitalina. Inclusive, en algunos casos, se muestran altaneros y agreden a empleados que trabajan en a zona.
Todo esto, fue lo que motivó a varias personas a salir a las calles y demostrar su descontento hacia esta nueva realidad socio-espacial del otrora Distrito Federal. La gran mayoría se manifestó de manera pacífica, tan solo un puñado se volvió agresivo e irrumpió violentamente contra comensales de cafés y restaurantes en la zona; escena que acaparó gran parte de la cobertura mediática.
Una vez que se ha esbozado qué es y qué implica la gentrificación, ahora vale la pena escribir porqué es urgente que el tema se posicione en la agenda pública.
Son dos los motivos principales. El primero de ellos deja al descubierto una realidad por muchos conocida: el precio de la vivienda en la Ciudad de México y varias ciudades de nuestro país se ha vuelto escandalosa e insosteniblemente alto, derivado de la especulación generada por la expansión de las compañías inmobiliarias y la ausencia de un marco legal que regule el precio de rentas y venta de casas y departamentos. Si a eso se le añade la precariedad laboral y la informalidad en la que viven 5 de cada 10 mexicanos, tenemos como resultado que el acceso a la vivienda constituye más un sueño guajiro que un derecho al que la mayoría de la población pueda acceder. Por poner un ejemplo: para que una persona de la generación Millennial o Centennial (es decir, nacida entre los 80´s y el 2000) pueda comprar una casa propia, necesitaría trabajar entre 110 y 120 años para lograrlo.
La otra razón por la cual es importante abordar el tema, es que una vez más, se han revivido discursos de odio e intolerancia, en este caso, en contra de quienes salieron a las calles. Furibundos usuarios de redes sociales los tildaron de “envidiosos” y “resentidos sociales” (término repulsivo que, por cierto, no existe en las ciencias sociales) y se envalentonaron retándolos con frases como “Pónganse a trabajar” o insinuando que “Quieren vivir como en la alcaldía Benito Juárez pero pagar los servicios de Iztapalapa”.
Estos prejuicios son muy lamentables e inaceptables, porque reproducen la lógica de que “el pobre es pobre porque quiere”, y sobre todo, justifican y perpetúan la brecha de acceso a la vivienda que, como ya se expuso párrafos arriba, no es “culpa” de la ciudadanía, sino una consecuencia de la expansión inmobiliaria alimentada del contubernio o la permisión de gobiernos locales.
Entonces ¿Qué sigue o qué se puede hacer? A corto o mediano plazo, los tres órdenes de gobierno se verán obligados a replantearse las políticas públicas para garantizar el derecho a la vivienda. Los monocultivos de vivienda de interés social en los periurbanos tampoco lo han garantizado del todo, pues un gran porcentaje de éstas están inhabitadas o constituyen casas dormitorio; y en contraparte, las propiedades de mayor renta, son inaccesibles para la mayor parte de la población. En conclusión, el problema de la vivienda en México no está centrado en la existencia, sino en la accesibilidad y el Gobierno tendrá que entrarle a la regulación de los precios, tarde que temprano.


