“…conspiraciones políticas, pactos con lo monstruoso, traiciones cruzadas y un deseo común que todo lo contamina -la persecución de un arma biológica legendaria”
Horacio Cano Camacho
Zona Oscura
Manchuria, 1945. La guerra ha terminado sólo en los papeles. En una franja fronteriza entre China y Siberia emerge un enclave imposible: El Vado de los Zorros, ciudad fantasma y umbral entre mundos donde convergen desertores, científicos sin escrúpulos, chamanes siberianos, inmortales taoístas, mujeres zorro –kitsune/huli Jing-, licántropos y fuerzas que no obedecen a ninguna ley humana.
En el centro de esa marea está Maksim Kronin, antiguo artista de circo, soldado y agente de la NKGB (Comisariado del Pueblo para la Seguridad del Estado), más tarde condenado por “alta traición”. Maksim huye de un gulag con una sola esperanza: encontrar a Ielena, su esposa desaparecida, atrapada en experimentos prohibidos con cuerpos humanos. Su fuga enciende todas las alarmas; la NKGB debe capturarlo a cualquier precio, porque en su memoria arde una información letal sobre las prácticas japonesas en la Manchuria ocupada.
Mientras las facciones se agitan, El Vado de los Zorros se convierte en tablero y trampa: conspiraciones políticas, pactos con lo monstruoso, traiciones cruzadas y un deseo común que todo lo contamina -la persecución de un arma biológica legendaria. En este no-lugar, Maksim, dotado de facultades extrasensoriales, descubre que ha escapado de un infierno para caer en otro más vasto, donde lo humano y lo inhumano se confunden.
Anna Starobinets, periodista y una de las voces más potentes de la nueva narrativa fantástica rusa, firma aquí su cuarta novela publicada (tercera en español). Autora celebrada desde Una edad difícil (2005), en español la hemos leído también en Tienes que mirar (2021) y La glándula de Ícaro (2023), estas dos últimas en Impedimenta. Su nuevo libro es un viaje sobrecogedor al corazón de las tinieblas que seduce por igual a lectores de fantasía oscura y de narrativa literaria: una epopeya hipnótica, visual y sensorial, donde cada personaje halla lo que merece -algunos el amor, otros la muerte- y todos se enfrentan a un destino ineludible, marcado por dioses… o por demonios.
Estamos ante un ejemplo excepcional de lo que suele llamarse ficción weird:
- Estructura coral y sistémica: no hay un solo protagonista, sino una red de policías, criminales, funcionarios, periodistas y profesores; el relato funciona como ecosistema donde cada gesto repercute en el conjunto.
- Realismo político y social: la maquinaria del poder aparece con la frialdad de un informe; se filtran ecos de Gógol, con su sátira de la burocracia y su realismo fantástico.
- Tono casi periodístico: diálogos naturales, jerga profesional, silencios y tiempos muertos; lo atroz se narra con una claridad analítica que hiela la sangre.
En este mundo, la guerra no terminó porque alguien firmara un decreto. No hay soluciones simples ni finales redentores. Le toca al lector reconstruir las conexiones y aceptar que la verdad es parcial, cambiante, borrosa por estructura.
El espacio es un personaje más: agreste, violento, sin concesiones, el espejo perfecto de la ferocidad humana. Uno avanza con el miedo antiguo de quien duda que la naturaleza sea benigna.
Todo apunta a que El Vado de los Zorros está llamado a convertirse en clásico contemporáneo y a confirmar a Starobinets entre los nombres imprescindibles del noir y la fantasía oscura. Aviso para navegantes: son 700 páginas. Planee la expedición, afile los sentidos y cruce el vado: del otro lado hay belleza… y sombras que no olvidan.
Ilustración portada: Reco


