“…un mundo de apariencias y valores anquilosados que protegen, como armaduras, el corazón podrido de una sociedad decadente…”
Gerardo Pérez Escutia
Zona Oscura
Francis Fox es un reconocido profesor de literatura en los grados secundarios de la prestigiosa academia privada Langhorne en Nueva Jersey. Su apostura y carisma lo han convertido en el favorito de alumnos y maestros, en especial de la directora Paige Cady, una mujer intimidante, muy exigente y muy difícil de complacer. El señor Fox tiene pocos meses en Langhorne; llegó provisto de grandes referencias y recomendaciones de trabajos previos en otras academias privadas. A pesar de ello, tuvo que vencer la reticencia inicial de la directora Cady, quien quería para el puesto a una mujer, preferentemente de alguna minoría, y así cubrir la cuota de género en la plantilla, aspecto muy importante para ella. Además, la apostura y cierta actitud de autosuficiencia de Fox le molestaban en un inicio y, por ello, le puso todas las objeciones posibles, las cuales venció con creces, superando todas sus reticencias académicas y personales y, de paso, llevándosela completa a la bolsa, convirtiéndose el Señor Fox en el profesor favorito de la directora.
Marcus y Demetrius Healy son dos hermanos originarios de Weiland, New Jersey, miembros de una familia con gran arraigo en la comarca, pero que desde los años de la Gran Depresión ha venido en declive. Cuenta una leyenda local que Romulus, un tío abuelo de ellos, fue el responsable de la “Tragedia del Hindenburg” por haber disparado con su escopeta al dirigible, ocasionando la muerte de más de sesenta personas. Al día de hoy (año 2013), son una enorme familia dispersa por la región que sobreviven en trabajos poco calificados, en medio de núcleos parentales desestructurados, y con un alto índice de alcoholismo. Por su trabajo en construcción, frecuentan la Charca de Wieland, un enorme humedal que es reserva natural al sur de New Jersey junto a la Costa Atlántica.
El 31 de octubre los hermanos Healy acuden a descargar maderas viejas en el vertedero cercano a la Charca de Wieland; como siempre, Demetrius se queja de que su hermano mayor, Marcus le deja todo el trabajo pesado. Él lo acepta, pues sabe que lo protege de quienes constantemente se burlan de él; se dice que es un poco retrasado y su desgarbado aspecto siempre ha sido objeto de burla desde niño. Este día en particular les ha sorprendido la cantidad de buitres cabecirrojos que vuelan en círculos alrededor de un pequeño barranco a orillas del humedal.
Al subir Marcus a una pequeña loma para ver que es lo que atrae a los buitres, llama de repente a gritos a Demetrius para que suba con él. Lo que ven los marcará para siempre: al fondo del pequeño barranco, en un auto semihundido se ven los restos de un cadáver despedazado y devorado parcialmente por la fauna local. Bajan corriendo y vomitando; corren hacia su camioneta y arrancan hasta llegar a una cabina telefónica en donde Marcus llama al 911 para reportar el macabro hallazgo, sin saber que a partir de ese momento su vida cambiaría totalmente.
Hoy tenemos el gusto de recomendar un libro que seguramente será de los mayores éxitos literarios del año, una obra que trasciende los límites del género negro y se inscribe en la tradición de la “gran novela norteamericana”. Se trata de El señor Fox (Penguin Random House, 2025), de Joyce Carol Oates.

En esta columna ya hemos hablado mucho de Joyce Carol Oates. Es evidente que es de nuestras escritoras favoritas: “la gran dama de la literatura norteamericana actual“ y eterna candidata al Nobel de literatura. Este es su libro más reciente, en donde despliega todas sus habilidades literarias, entregándonos una obra espeluznante y profundamente perturbadora.
El hallazgo del cuerpo mutilado a la orilla de la charca de Wieland representa un acontecimiento que sacude a la comunidad. La investigación la encabezan el inspector Zwender y el agente Daryl Odom.Zwender es un veterano y malhumorado policia que vive solo, esperando su retiro; el agente Odom es un robusto mocetón de profunda fe evangélica que cuestiona y desafía constantemente a su jefe por sus métodos poco ortodoxos. Entre ambos hay una gran tensión, aunque se reconocen mutuamente sus virtudes policiales.
La investigación del hallazgo del cuerpo (no se sabe si es homicidio, accidente o suicidio) los lleva a la academia Langhorne, pues las placas del auto encontrado están a nombre del profesor Fox, del que nadie sabe nada desde días atrás cuando salió de vacaciones. El detallado proceso de interrogar a todos aquellos que conocen al señor Fox se convierte en la columna vertebral de la historia y, como si peláramos una cebolla, al ir retirando capa por capa, el relato nos va hundiendo en una trama que va revelando los variados matices de la maldad humana.
Los protagonistas -los policías obsesionados por resolver el misterio del cadaver encontrado en las cercanías de Wieland; las alumnas de la Academia admiradoras de su profesor; la directora solterona y dictatorial; la bibliotecaria enamorada del señor Fox; las madres de las alumnas, mujeres separadas e infelices; y los hermanos Healy-, todos giran alrededor del carismático Señor Fox, quien poco a poco, y gracias a su encanto personal, supo conectar y seducir a cuantos lo rodeaban: alumnos, maestros y, sobre todo, a algunas madres de las alumnas de secundaria.
De la mano de la autora nos adentramos en los recovecos de las vidas privadas de los personajes. Vamos descubriendo un mundo de apariencias y valores anquilosados que protegen, como armaduras, el corazón podrido de una sociedad decadente en la que la apariencia y el prestigio son valores que están por encima de todo. Nos sumergimos en la mente maquiavélica de un narcisista patológico, que tiene un catálogo de herramientas y argumentos como pocas veces hemos visto en una historia de esta naturaleza. Todo ello escrito con una precisión de relojería y un ritmo adictivo que no cae en el vértigo ni en giros argumentales fáciles, sino en la profundidad de los conceptos que maneja la autora, que desmenuza la psique humana como pocas y que, parafraseando a Hanna Arendt nos lleva a conocer de primera mano “la banalidad del mal”.

El señor Fox no es una novela sencilla, ni por su estructura, ni por su temática; es algo mucho más que eso: es la culminación de décadas de escribir cientos de historias explorando los rincones más oscuros del alma humana. Por ello es una novela muy acabada, que se disfruta en su forma y en su fondo, donde cada palabra y cada frase están trabajadas con precisión para causar el efecto deseado, erizándonos la piel en todo momento.
En el fondo, la obra es un espejo que, al modo del retrato de Dorian Grey,nos muestra la verdadera cara, deforme y pervertida, de una sociedad pulcra, tradicionalista y aristocrática. Y por si fuera poco, nos regala un personaje que supera, en complejidad y perversión, a algunos de los grandes villanos carismáticos de la literatura, como el seductor señor Ripley de Patricia Highsmith o Patrick Bateman de American Psycho.
Una gran novela que, al leerla, inevitablemente , nos llevará a hacer comparaciones y analogías con las causas profundas de los sucesos que en este momento tienen al mundo en vilo. Una lectura imprescindible.
Ilustración portada: Pity


