Regla de Tres

El ojo de Eva

“Sejer es un inspector a la vieja usanza, bondadoso y comprensivo, tenaz y persistente, porque ´un policía tiene la obligación de escuchar´”

Cuando hablamos del exitoso panorama de la novela negra nórdica en las últimas décadas, inevitablemente hablamos de autores que adquirieron fama y notoriedad por sus originales propuestas literarias: Stieg Larsson y su trilogía Millenium, Henning Mankell y su exitosa saga del inspector Wallander, o el sorprendente Jo Nesbø, que le ha dado a la novela negra noruega un ritmo trepidante con su icónico personaje Harry Hole. Sin embargo, a la par que triunfaban estos autores, había otros que, sin tanto impacto mediático, se fueron abriendo camino poco a poco, logrando consolidarse como referentes, con novelas más intimistas, y muy apegadas al carácter e historia de los fríos países nórdicos.

En esta ocasión vamos a hablar en esta columna de Karin Fossum (Sndefjord,1954), quien se ha ganado el título de “la reina noruega del crimen”. Comenzó escribiendo poemas a los veinte años y después migró a lo que sería su verdadera vocación: la novela negra. Son muy conocidas sus novelas del inspector Sejer. Para introducirnos en su obra hablaremos de la primera novela de la zaga de dicho inspector: El ojo de Eva, fecha de publicación original, 1995, versión en español (Edit. Debolsillo, 2010).

Eva Magnus es una joven pintora divorciada, vive en un pequeño pueblo del norte de Noruega con su hija Emma, una rolliza niña de seis años que no se parece en nada a su espigada y alta madre, Emma acaba de salir de la escuela y va caminando con su madre, jugueteando a la orilla del río, Eva camina ensimismada rumiando sus recuerdos, en especial su encuentro después de veinticinco años con su amiga Maja y todo lo que paso después; tan metida está en sus pensamientos que no percibe que Emma se acerca peligrosamente al acaudalado rio que cruza de lado a lado su pueblo. En un momento dado se sientan a orillas del río para que Emma juegue lanzando piedras hacia la corriente, perciben algo “grisáceo” que se acerca y va a encallar en un recodo cercano a ellas, para su sorpresa, Eva se da cuenta de que es un cadáver, el cuerpo de un hombre de pelo rubio y ralo que ofrece una imagen gelatinosa y repugnante, Emma grita asustada y corren juntas a la calle en donde hay una cabina telefónica, Emma le pide a su madre que hable a la policia, Eva duda en hacerlo, pues algo se va abriendo paso lentamente en su memoria, algo que vivió meses atrás y que le cambió la vida. De repente cambia de opinión y decide no avisar a la policía, y le dice a su hija que la invita a un McDonald’s, sabiendo que Emma no se resistirá, y así la convence de no esperar a que lleguen los agentes a levantar los restos del ahogado.

Konrad Sejer, tiene cuarenta y nueve años, es el inspector de la comarca. Nacido en Dinamarca, es muy alto (mide 1,96 m), viudo y ya abuelo porque su hija, que es cooperante en Somalia, ha adoptado un niño allí. Sejer es un inspector a la vieja usanza, bondadoso y comprensivo, tenaz y persistente, porque “un policía tiene la obligación de escuchar”. No le gustan las armas, es partidario de la persuasión y la no violencia. Vive solo en compañía de su perro Kollberg, su único pasatiempo es lanzarse de vez en cuando en paracaídas, pues el momento de la caída libre es, para él, “el espacio de mayor libertad e introspección que haya sentido jamás”.

Sejer tiene seis meses arrastrando dos casos no resueltos, la desaparición de Egil Einarssonun treintañero empleado de la fábrica de cerveza local que desapareció cuando iba a vender su auto, y el asesinato de Maja Durban una “dama de compañía” a quien asfixiaron en su propia casa, probablemente cuando atendía a un cliente, ambos sucesos ocurrieron con pocos días entre sí, y Sejer intuye -con ese fino olfato que le dan sus años de policía- que ambos crímenes están relacionados.

La aparición del cadaver del ahogado, que al examen forense se le encontraron 15 heridas de puñal en el torso, y su posterior identificación como Einarsson -el desaparecido meses atrás- hace que el inspector Sejer retome la investigación y convoca a todos los miembros de su equipo para retomar las pistas y rastrear los pasos de los días previos a la desaparición de Einarsson. La hipótesis principal es que haya sido víctima de un robo durante la venta fallida de su auto, que fue encontrado en un vertedero días después de su desaparición.

El volver a retomar todas las pistas e interrogar a los involucrados, se va perfilando que con quien se vio Einarsson para vender su auto no era un hombre, sino una mujer, esto da un vuelco a la investigación inicial y poco a poco acerca la investigación de este crimen con el de Maja Durban, y aparece el nombre de Eva Magnus, la pintora.

Karin Fossum, no tiene prisa en contarnos la historia, se puede decir que la narración transcurre a un ritmo lento, más, nunca aburrido, la autora se toma el tiempo necesario para describirnos minuciosamente a cada personaje y su entorno, y así va creando una atmósfera plácida que contrasta abruptamente con los crímenes que suceden. Fossum habla de personas normales que hacen cosas normales, y a las que un encadenamiento de circunstancias o casualidades las hace asesinar. Pero no son asesinos. Hay personas malas, pero no malvadas. La autora no se detiene en la descripción de las técnicas forenses ni en investigaciones científico-técnicas, no busca abrumarnos con un despliegue de datos e indicios, lo suyo es escarbar en las motivaciones psicológicas de sus personajes. No hay veredictos ni moralejas, simplemente describe y explica los hechos en un juego lógico e intuitivo que llega a ser deslumbrante, ya que los giros narrativos de la trama nunca se ven forzados, sino que aparecen como consecuencia lógica del devenir de los hechos narrados.

Una novela espléndida que desarrolla personajes memorables y que discurre a medio camino entre el cozy crime y la novela “enigma” clásica. Una historia que se desarrolla en un entorno cerrado de una pequeña comunidad, en donde la mayoría de la gente se conoce y que ve interrumpida su tranquilidad por la irrupción del crimen.


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