El 15 de enero de 1894, Juventino Rosas, de tan solo 25 años edad, desembarca en la isla para presentar tres días después un elogiado y esperado programa
Alfredo Barriga Juárez
MeloManía
Por largas horas con mi bien, nos diste
esa noble ternura de estar triste
que en su amorosa sed quejarse escucho.
Y nuestra dicha, hermana del silencio,
como tu aire gentil, pobre Juvencio,
hablaba poco y suspiraba mucho.
Sobre las olas, Leopoldo Lugones.
Aquella mañana del 15 de enero de 1894, cuando el buque Olivette se aproximaba al puerto de La Habana, custodiado por El Morro, la brisa del mar caribeño se posaba sobre la cara de un joven compositor guanajuatense, anunciando su llegada a Cuba con un solo propósito, debutar en el Teatro Payret.
Se trata de Juventino Rosas, de tan solo 25 años edad, director de la Compañía Típica Italo-mexicana, cuyos artistas desembarcaron para presentar tres días después un elogiado y esperado programa:
Primera parte:
- Marcha zacatecana.
- Eureka, obertura.
- Sobre las olas, vals ejecutado al violín, con acompañamiento de orquesta, por su autor, Juventino Rosas.
- Polka, Carmela, de Rosas.
- El Sinsonte, capricho para violín por el Sr. Pasqualino Bianculli.
- Himno Nacional Mexicano, a toda orquesta.
Segunda parte:
- A la orilla de la playa, vals por Rosas.
- Tonight, obertura.
- Polka Capricho.
- Over lit, gavota.
- En el mar, vals compuesto para la niña Manuelita.
Tercera parte:
- Poete et paysan, obertura.
- Solo de arpa.
- Serenata Pizzicatta.
- Fantasía de Il trovatore.
- Jarabe, baile típico mexicano.
José Juventino Policarpo Rosas Cadenas nació el 25 de enero de 1868 en el poblado de Santa Cruz de Galeana, actualmente Ciudad Santa Cruz de Juventino Rosas, estado de Guanajuato. Hijo de José Juan Francisco de Jesús Rosas Rosas, un hombre otomí y Paula Cadenas Alcocer, una mujer mestiza.
Desde niño, Juventino mostró una gran disposición y talento para el aprendizaje de la música, siendo inducido y enseñado por su padre a tocar el violín, su instrumento preferido. Vivió de joven en una vecindad del barrio de Tepito en la Ciudad de México y trabajó de campanero, violinista y cantor en los servicios religiosos de la Iglesia de San Sebastián.
Posteriormente estudió en el Conservatorio Nacional de Música de la Ciudad de México, aunque abandonó el estudio sin graduarse. Sin embargo, a su corta edad, se había convertido en director de orquesta y compositor de bailes de salón populares, produciendo más de trescientas piezas, incluyendo valses, polcas, chotis y mazurcas durante su breve carrera, puesto que falleció a los 26 años.
La vida de Rosas siempre estuvo marcada, curiosamente, por la pobreza extrema. A pesar que se había convertido en un artista tan aclamado, al punto que Porfirio Díaz le obsequió un piano, tuvo que venderlo para continuar subsistiendo. Se dice también, y tiene mucha lógica, que vendió para pagar sus deudas, los derechos de autor de Sobre las olas a la casa Wagner & Levien por solamente 45 pesos, convirtiéndose en la obra más conocida internacionalmente del compositor.
Una de las razones por las que inicié dicho texto relatando su arribo a Cuba, es porque pasó en la isla sus últimos seis meses de vida. Además, porque fue tratado con decoro hasta el día de su partida.
Aquella noche que debutó en el Payret, la prensa no dejaba de evidenciar la emoción que el recital había causado: […] bajo la dirección del afamado Juventino Rosas, añadió un triunfo más a los muchos que ya lleva cosechados, ejecutando diferentes piezas musicales con envidiable afinación y exquisito gusto y siendo sumamente aplaudido […].
En el libro Los días cubanos de Juventino Rosas del investigador cubano Hugo Barreiro Lastra, devela una cronología desde su primer concierto en La Habana hasta llegar a Surgidero de Batabanó donde sería enterrado. Además, sin dejar de lado el impacto político que acontecía en una Cuba por la fuerte represión española, cuyo régimen colonial se buscaba terminar de una vez por todas desde la organización del Partido Revolucionario Cubano liderado por el poeta José Martí, Barreiro retrata con detalle los lazos culturales arraigados en el compositor guanajuatense.
Es curioso pensar en el contexto donde surgen artistas como Juventino Rosas, sobre todo en un México marcado por el porfiriato donde el género del vals se arraiga como símbolo de identidad nacional, tratando de aproximarse a un elitismo cultural a la par de Europa, quizás y solo quizás, como sucedió también por aquellas épocas en Cuba, pues Matanzas era reconocida como la Atenas de la isla caribeña.
Los valses, originarios de Viena y difundidos ampliamente gracias a las obras de la familia Strauss —en especial de Johann Strauss II—, adquirieron gran relevancia en México hacia finales del siglo XIX. Este fenómeno refleja la afinidad de la época por la música de baile europea.
Dichas composiciones fueron adaptadas tanto a los salones locales como a los espectáculos callejeros, lo que permitió que el refinado ritmo vienés se transformara en una expresión musical accesible a distintos sectores sociales, especialmente en centros urbanos como la Ciudad de México.
Sea cual fuere las razones estéticas de Porfirio Díaz, tuvo un acierto en exportar a este tipo de compañías de artistas pues, aunque tardaron poco más de un siglo, ahora se sabe la influencia de esta música para el nacimiento del jazz en Nueva Orleans, ciudad a la que también viajaría Juventino Rosas.
Por último, me gustaría mencionar que, aunque el destino ha dejado un poco olvidado a Rosas, su obra ha trascendido como pocas de esta misma naturaleza, pues aquella obra que vendió por menos de cincuenta pesos, Sobre las olas, se ha convertido en la banda sonora de: películas de Pedro Infante, películas de Disney como Mary Poppins; videojuegos como Carnival de Sega, Theme Park de Bullfrog Productions y Forza Horizon 5 y en episodios animados de Looney Tunes, como «Bugs Bunny Gets the Boid» y «Case of the Missing Hare», donde la melodía subraya las travesuras trapecistas y las actuaciones cómicas de personajes como Bugs Bunny.
La muerte de Juventino Rosas en Cuba se convirtió en un puente cultural inquebrantable para la historia musical entre la isla y México, vinculándose íntimamente a tal grado que estos valses, polcas, popurrís y serenatas, le dieron rostro a una tradición ahora muy reconocida.
Acá pueden escuchar la versión de Sobre las olas


