La voz se escribe: un joven desplazado de Guerrero busca contar su historia en el destierro
Margena de la O
Cuando salieron a prisa y abandonaron la casa con casi todo lo que tenían en Ojo de Agua del Progreso, una localidad de Guerrero clavada en la región Sierra, a mil 154 metros sobre el nivel del mar, tenías apenas nueve años. Durante los 10 años transcurridos has reconstruido lo que les pasó, en charlas con María, tu madre, quien sigue situada en la tristeza.
Las razones te sobran. Digamos que la huida forzada es lo menos, pues nada supera el asesinato de Daniel, tu hermano mayor, ocurrido meses después, el 22 de agosto del 2017. Era muy joven.
Daniel nunca encajó en Chilpancingo y las circunstancias le orillaron a regresar a la Sierra de su municipio, Heliodoro Castillo. Esas condiciones estuvieron asociadas al estigma que viven muchos desplazados cuando buscan un nuevo comienzo.
La Sierra es una región del estado que siempre ha existido, pero recién reconocida, conformada por las poblaciones que están sobre un circuito de montañas, de cumbres quebradas que forman parte de la Sierra Madre del Sur.
Fue de todo, pero como dijiste, Chico –el apodo que te gusta usar–, hay “gente abusiva” en la ciudad y nunca faltó quién se aprovechara del trabajo de tu hermano.
Desde ese agosto de su muerte, tu familia está petrificada en el “silencio sepulcral”.
Zacarías, tu padre, enfermó por el alcohol, que lo hunde en el llanto y la culpa. Cree que si lo hubiera apoyado podría haber evitado que Daniel regresara a la Sierra. No haberlo presionado para que mantuviera a dos familias, la de su esposa y dos hijos, y la de ustedes: tu madre, tu padre y tú, el más pequeño. Osbaldo, el hermano de en medio, ahora con 30 años, estudiaba en Taxco y tenía cierta independencia.
Ahora ninguna de esas dos familias existe. A tu cuñada y a tus dos sobrinos, con quienes creciste –solo tienes 19 años– no los ves desde 2018, un año después de la muerte de Daniel y, ustedes, están divididos.
Por ahora trabajas en una farmacia en Ciudad de México, donde te mudaste a mitad del año pasado para alcanzar a Osbaldo; querías salirte de casa. El plan que traes en mente es en el futuro contar tu propia historia, que incluye la de Daniel, como escritor o periodista o, quizá, cineasta.
Ya escribiste algunos poemas, como el que le dedicaste a tu hermano fallecido.
…Y con más fuerza apretaban el gatillo de sus trompetas y trombones,
dejando salir al sonido una, tras otra.
Las amapolas no hacían nada más que ponerse tristes,
pues, sus amapoleros se les iban, los miraban tristes y avergonzadas.

La salida intempestiva
El día que huyeron, tu padre llegó temprano a casa de trabajar en los plantíos. Nunca lo hacía, era una mala señal. Le dijo a Daniel, ya casado y con hijos, que pusiera en las camionetas que tenían lo que creyera importante para mudarse. Él, por lo pronto, salió con los chivos que estaban criando para venderlos en la comunidad o en las rancherías cercanas y así obtener dinero con qué salirse del pueblo. Había pocas posibilidades de que los vendiera puesto que no tenía tiempo y había pocos habitantes. Regresó con varios animales, porque no tuvo éxito en la venta. Al final abandonó a los animales en la casa que dejaron, con muchas otras pertenencias.
El último censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) indica que en Ojo de Agua del Progreso hay 204 habitantes, pero hace 10 años eran menos. La comunidad la conformaban dos grupos de familias, uno situado al norte, del que ustedes formaban parte, y otro al sur, donde la mayoría se apellidaban Maldonado.
Ese mismo día salieron del pueblo hacia Chilpancingo, donde tenían una casa en una colonia popular. También estaba la opción de llegar a donde vivía tu abuela paterna.
Para huir de la Sierra tomaron un camino distinto al usual. Nunca cruzaron por Xochipala, un pueblo del municipio de Eduardo Neri que lleva o trae de la región. Menos salieron por Casa Verde, la desviación que desemboca a la carretera Chilpancingo-Iguala. En lugar de bajar, subieron y dieron la vuelta, evitaron salir por el camino principal hacia el municipio de Leonardo Bravo, en particular, la comunidad Polixtepec.
La gente de Leonardo Bravo, en la región Sierra, tiene conflictos con los de Heliodoro Castillo.
Muchos recuerdos son difusos, pero tu memoria selectiva recuperó momentos de cuando cruzaron por la comunidad de Corral de Piedra, en el municipio de Leonardo Bravo, en las dos camionetas de redilas cargadas de lo que pudieron sacar. Las calles del pueblo que hace honor a su nombre y que tienen cercas de piedra, estaban polvorientas, era la época de sequía. La camioneta cerrada de color negro, que estaba estacionada al final del pueblo, con unos tipos recargados, era “una clara señal de que los estaban vigilando”.
Esa salida intempestiva e involuntaria de casa es lo que la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) define como desplazamiento interno y ocurre cuando las personas o grupos de personas se ven “forzadas u obligadas a escapar o huir de su hogar o de su lugar de residencia habitual”. Las razones son varias: un conflicto armado, situaciones de violencia generalizada, violaciones de los derechos humanos o de catástrofes naturales o provocadas por humanos. Entre las primeras, está su caso.

La vida en la Sierra
Cuando tu padre regresó de Estados Unidos, donde estuvo algunos años trabajando como inmigrante, ni siquiera habías nacido. Comenzaba este siglo. Ahora sabes que volvió para cambiar la siembra de maíz, frijol y calabaza, por la de amapola. Encontró que todos en el pueblo estaban sembrándola, porque les dejaba más de ingresos que los otros cultivos.
Cultivadores de la amapola de la sierra de Guerrero han dicho que comenzaron a cultivar la flor porque personas de fuera, en particular del norte del país, les llevaron las semillas para que las produjeran y, después, comprarles la goma de opio que sale de los bulbos de la flor.
Las organizaciones de corte investigativo y académico, como Noria Research, también tienen documentado el tema: la amapola llegó a la Sierra de Guerrero a finales de los ochenta y los noventa en contextos de violencia estructural, hasta convertirse en una forma de vida por generaciones. Aunque nunca cambiaron las condiciones deficientes en educación, infraestructura o desarrollo, esas que deben garantizar las instituciones del Estado.
La organización ubicó que entre 2017 y 2018 hubo un desplome del precio de la amapola en diferentes zonas del estado donde sembraban la flor, lo que generó la merma de la producción.
Con los actos violentos en Guerrero, que comenzaron en 2007 después de la declaratoria de “guerra contra el narcotráfico” y no con el inicio de la siembra de la flor en la parte alta del estado, que ya sostenía la economía local, los cultivadores comenzaron a ser criminalizados sin considerar su entorno de marginalidad en la sierra y que su función estaba limitada a la siembra. También quedaron en medio de los hechos violentos que comenzaron a desatarse en la región.
Aun así, conservas grandes recuerdos de tu niñez allá: los días de pesca de camarón en el río que atravesaba el pequeño pueblo, los días de almuerzo en la escuela que atendía un solo maestro, con enchiladas y agua de naranja.
Con la sierra capturada después de la descomposición del estado por la violencia –y en el país– que nació con la narrativa de combatir las drogas, los grupos criminales que surgieron en la sierra, Los Tlacos y el denominado Cártel de la Sierra, continúan luchando los municipios. Han tenido algunos cambios internos, mermas y nuevas adhesiones.
Tu padre decidió asociarse con uno de sus amigos de Corral de Piedra para sembrar la flor y repartirse las ganancias, a quien después mataron. Como dices, “fue cuando comenzó el declive” en la sierra, que provocaría su desplazamiento y el de muchas otras familias en el pueblo y en pueblos vecinos, en momentos distintos.
En su caso, algo tuvo que ver la relación de tu hermano Daniel con la familia de su esposa, una muchacha de Polixtepec, un pueblo cercano que pertenece a Leonardo Bravo.
Desde que ambos se fugaron para vivir juntos, como ocurre en las comunidades rurales, Daniel comenzó a resolverle la vida al suegro, lo que para los criminales que habían llegado a la sierra a imponer un orden no era bien visto, pues consideraban que se aprovechaba del joven, porque al fin y acabo eran de diferentes municipios.
Después de eso, les cayó la primera advertencia.

La expulsión y el desplazamiento que provocó el retorno y el asesinato
A Daniel nunca le faltaron ganas de trabajar cuando llegaron a Chilpancingo. Fue albañil, cargador, ayudante de herrero, vigilante. Con los ahorros que tenía montó una tienda de abarrotes, vendió mariscos y pescados frescos, pero no le funcionó.
Parecía tener todo en contra. Cuando lo contrataron como guardia para una fiesta, nunca le pagaron, tampoco en el negocio de vidrio y aluminio del amigo de tu padre.
Tú crees que las repetidas adversidades que se le estrellaban en la cara tuvieron que ver con que venían de la marginada sierra. Para ti, Chilpancingo también es un pueblo con gente de todas partes del estado, por eso te cuesta entender por qué le gente los miraba mal por “no saber hablar bien” o desconocer los ritmos de la pequeña ciudad.
En fin, todo eso, sumado a que tu padre le reprochaba su infortunio, devolvió a tu hermano a la sierra con la familia de su esposa. Ella y sus hijos se quedaron en la capital con ustedes. Para entonces, sus suegros estaban en la comunidad Los Morros, también de Leonardo Bravo, porque en la comunidad de Polixtepec ya no los dejaron estar, pero viajaban diario porque mantenían su sembradío de amapola.
Ustedes acá también enfrentaron sus propios cambios. Tu madre y tu padre se mudaron a La Vieja, una comunidad muy pequeña ubicada cerca de la zona rural de Chilpancingo, para sembrar con maíz, frijol y calabaza en un terreno que les prestaron unos familiares. Tú te quedaste con tu cuñada y tus sobrinos. Ese abandono te hizo bajar el interés en la escuela y tu maestro se lo hizo saber a ellos, que después decidieron llevarte.
Era el final de la cosecha y acababan de volver a Chilpancingo con la producción. Serían como las tres de la tarde, estaban preparándose para comer, cuando tu padre recibió una llamada por teléfono de uno de los cuñados de tu hermano. Supieron que algo pasaba porque Zacarías elevó su tono de voz, le habían informado de una balacera en Polixtepec, en el campo donde trabajaba Daniel.
Solo recuerdas haber escuchado que tu padre gritó: “¿saben dónde está?”, refiriéndose a tu hermano.
Hasta ahora no tienes claro si Zacarías sabía o sospechaba lo que le ocurrió pero no les compartió más. En ese momento todos –tus padres, cuñada, sobrinos y tú– subieron a la camioneta rumbo a la sierra.
Tu padre iba a toda la velocidad que podía, lo que le causó un disgusto con tu madre. Los ánimos se salieron de control cuando un correcaminos se les cruzó en la carretera, porque soltó cuanta grosería pudo para sacudirse el mal augurio que atribuyen a esas apariciones. De pronto, las serpientes y el gato negro que vieron en días pasados; la gallina que cantaba como gallo, cobraron sentido porque también significaban malos presagios.
Al oscurecer llegaron a Los Morros, último lugar donde pudieron subir, a la casa de familiares de tu cuñada. Ir a Polixtepec todavía era peligroso, solo habría que ver el terreno en donde estaba esa vivienda, lleno de familias que se salieron de sus casas por la balacera, como ustedes lo hicieron antes. Seguían sin saber de Daniel.
Alrededor de las 10 de la noche la mala noticia llegó. Una camioneta de redilas, que fungía como albergue para los nuevos desplazados, entró por la parte trasera del terreno. Tú solo alcanzaste a ver las cobijas y colchonetas, de esas que regala el gobierno en las contingencias, amontonadas en la parte trasera del vehículo que era de alguien de la región que subió hasta Polixtepec a ver qué había quedado. Ahí venía el suegro de Daniel.
De más cerca, se veían los pies de un cuerpo, calzados con unas botas. Tu madre los reconoció enseguida, eran los de Daniel. De pronto el llanto y la lluvia estruendosa que cayó fueron una sola tormenta. Tú, impávido, solo mirabas.

Un repaso al contexto y las cifras de las huidas forzadas
Tan pronto sepultaron a Daniel, el resto de tu familia volvió a Chilpancingo. La situación no estaba como para seguir allá arriba. Es más, el cadáver de Daniel quedó en el panteón de Los Morros para no subir a Ojo de Agua del Progreso.
María le reclamó a Zacarías por eso, sentía como si lo hubieran abandonado.
En la capital, la noticia del día, que difundió el gobierno estatal, eran los hechos donde murió tu hermano, con una versión diferente a la tuya. Los medios de comunicación reportaron que se trató de un enfrentamiento en un campo de amapola, en el que murió un hombre llamado David, de unos 45 años. Daniel solo tenía 22.
Hubo dos heridos, no uno, como reportaron en las noticias, ambos eran cuñados de tu hermano. A uno le hirieron el hombro de un balazo y el otro tuvo un rozón. En el campo también estaba el suegro de Daniel, padre de esos menores y quien, después supieron, fue el primero que corrió de los balazos.
Eso les resulta extraño, sobre todo cuando tus paisanos les contaron que un jefe criminal había abordado al suegro y lo hizo decidir entre su vida o la de su yerno. A tu hermano lo cocieron a balazos.
Las situaciones o hechos de violencia criminal saltan entre las causas fundamentales del desplazamiento en el país, lo que, a su vez, ha posicionado a Guerrero en los primeros sitios nacionales en personas desplazadas entre 2017 y 2020, de acuerdo con los informes de la CMDPDH, organismo que estudia el desplazamiento desde 2007. Solo en 2017 la entidad estuvo en segundo sitio, en el resto coronó.
El desplazamiento interno ocurre de diferentes maneras en el estado, a cuenta gotas, en pequeños grupos o por familia, como ocurrió con la tuya, lo que lo vuelve casi imperceptible. O colectivo y evidente, como el de noviembre de 2018, donde unas mil 800 personas salieron de comunidades de Leonardo Bravo, también de la sierra, pero de la parte que ustedes no pudieron cruzar durante su salida.
De esa cifra que fue documentada en el momento en que los habitantes de estas comunidades llegaban a Chichihualco, cabecera de Leonardo Bravo, donde muchos siguen y fueron alcanzados por más violencia, la CMDPDH solo tiene documentada la mitad.
Las cifras son diversas, sin embargo, el desplazamiento interno sigue ocurriendo. La Secretaría General de Gobierno en Guerrero informó que en la actualidad atiende a nueve grupos de desplazados de Chilpancingo, Acapulco, Coyuca de Catalán, San Miguel Totolapan, Apaxtla de Castrejón, Leonardo Bravo, Zitlala y Chilapa, que representan 257 familias, equivalente a 856 personas.
La dependencia estatal no ofrece detalles de las condiciones de los desplazados cuando exponen sus acciones de atención, pero sí lo difunde como un fenómeno que tiene un único autor, exentándose de las responsabilidades. Dice que “surge como consecuencia de la violencia generada por los grupos de la delincuencia organizada”.
El Centro de Derechos Humanos José María Morelos y Pavón (Centro Morelos), organización que acompaña a familias de desplazados de las comunidades de Leonardo Bravo y Zitlala, tampoco niega que en el estado exista un “control de territorio” de parte de grupos criminales que provoca el desplazamiento interno, pero también expone desde hace algunos años que existe una relación entre estos grupos criminales y agentes del Estado para que el dominio ocurra.

Una nueva búsqueda… contar su historia
La aseveración que el Centro Morelos ha expuesto en sus comunicados acerca de que el desplazamiento es una “violación continuada” de todos los derechos humanos contra quienes lo viven, cobra sentido en tu historia, en la de tu familia. A ustedes también les arrebataron el núcleo familiar, como bien lo dices, “hubo una ruptura que hasta la fecha no sana”, ni con los años, menos en el destierro que atraviesan.
Volviste a salir de casa, pero está vez por decisión, porque vivir con tus padres era insostenible: los gritos y pleitos entre ellos no paraban, ya sea por la otra relación sentimental que tiene Zacarías, además de la de tu madre, lo que les generó otra grieta familiar. Tu madre le reclama el gasto que dejó de proveerles.
Zacarías se desentendió de ustedes desde que salieron de la sierra; trabajabas con él como peón y no te pagaba.
Dejaste la preparatoria desde primer grado, en 2021. Te dejaron de interesar muchas cosas, supones que porque estabas sumido en una depresión. Lo supones, porque nadie te lo diagnosticó, pero en tus circunstancias, es lo más probable que haya pasado.
Sin embargo, en medio de la penumbra buscaste tus propias salidas, como la escritura. Todavía conservas la libreta que compraste para descargar tu estrés con letras. La llenaste con pensamientos, quejas y poemas. En ese proceso descubriste la poesía, la pintura y, después, el periodismo, lo que te tiene motivado porque viste una salida: “investigar lo que pasó”. Daniel es tu motivación.
Antes de irte a la Ciudad de México hiciste contacto con algunos periodistas locales en busca de un espacio en medios que consideraste confiables. Tomaste algunos talleres, comenzaste a hacer tus propias indagaciones, mientras aprendes cómo lo hacen otros.
Empiezas a entender cosas. La semilla está sembrada.
Cuando recorres las calles de la capital del país para hacer fotos, por ahora usas una cámara que te prestaron.
Pero a finales del año pasado, otra mala noticia despertó tus temores: María, tu madre, fue diagnosticada con cáncer cérvicouterino. Pronto empezará su tratamiento, los doctores dieron posibilidades de erradicárselo. Cuando hablan por teléfono te dice que está tranquila y a ti la esperanza no te abandona.
Imagen portada: Casa abandonada en la localidad de El Limoncito, municipio de Zirándaro, ubicado en la región Tierra Caliente de Guerrero, luego de que pobladores se salieran por el acoso de grupos criminales en 2019. La Tierra Caliente y la Sierra son dos regiones del estado afectadas por violencia y marcadas por el desplazamiento interno forzado | Fotografía: Eduardo Guerrero.
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Este reportaje forma parte del proyecto “Desplazamiento forzado, una herida sin sanar en México”
“Promovido por el Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo”.

