Desde los 13 años, escribió música para piano, música de cámara y música sinfónica, dejando tres sinfonías y varios conciertos
Alfredo Barriga Juárez
MeloManía
La musicalización de las cintas cinematográficas no sólo intensifica las emociones de los personajes o remarcan la tensión de las escenas, a veces, también definen el guion e incluso, dirigen el desenlace. En el caso más radical y que tiene que ver con el cine de autor, Jim Jarmusch ha sentenciado que la banda sonora no debe tomarse como un simple elemento estético, sino otorgarle el mismo valor que a los protagonistas de la obra. Un personaje más.
Durante la mitad del siglo XX en Italia, varios realizadores de renombre comprendieron el poder de la música como elemento coyuntural para el rodaje de sus obras, tales como: Luchino Visconti, Franco Zeffirelli, Raffaello Matarazzo, Alberto Lattuada, Mario Soldati, Federico Fellini y Francis Ford Coppola, entre otros.
Y curiosamente, a todos los mencionados en el párrafo anterior los une algo en común más allá de venir de il bele paese, la música del compositor Nino Rota.
El milanés Giovanni Rota Rinaldi (1911-1979), fue un compositor italiano de música clásica y cinematográfica. Nacido en una familia musical, Rota fue considerado un enfant prodige, componiendo oratorios y óperas desde los 13 años.
Escribió música para piano, música de cámara y música sinfónica, dejando tres sinfonías y varios conciertos, de entre los que se destacan su famoso Divertimento Concertante para contrabajo y orquesta (dedicado al gran solista Franco Petracchi) y su Concierto para trombón. Destacó igualmente como compositor de escena, siendo el autor de varias óperas.
En consecuencia, gracias a su talento innato por la composición musical, Nino Rota llegó a conocer a los grandes directores del cine italiano principalmente a través de su trabajo en la industria cinematográfica tras la Segunda Guerra Mundial, consolidando su reputación mediante su labor en la productora Lux Film y sus conexiones en el círculo cultural romano.
A partir de 1942, cuando comienza a trabajar para esta casa productora, Rota ya era reconocido y solicitado por muchos directores de cine. Uno de los encuentros más memorables del compositor es cuando conoce a Federico Fellini, quien buscaba la música perfecta para El jeque blanco. Necesitaba a alguien capaz de entender el tono particular de sus historias, sin dudarlo, Nino Rota se convirtió desde entonces en su compositor de cabecera.
Sin embargo, una de las composiciones más célebres de Nino Rota surgió en un clásico de Francis Ford Coppola, El padrino (1972). Esta obra, basada en la novela homónima de Mario Puzo, narra la historia de la familia Corleone, un poderoso clan mafioso estadounidense.
El Padrino es ampliamente considerada una de las mejores películas de la historia, y su música es parte integral de este éxito. Y, es aquí donde Nino Rota no sólo se consolida uno de los mejores compositores italianos, sino que trasciende la historia, gracias a la composición «Brucia la terra».
En la película, ʺArde la tierra» por su traducción en español, es una la canción que acompaña escenas clave del arco de Michael Corleone: su transformación definitiva en jefe de la mafia; la pérdida de su inocencia y la idea de que, aunque intente huir, la violencia y el poder lo reclaman.
La música no glorifica la mafia, la lamenta. Se transforma esta canción en un réquiem, no en un himno. En esta composición Nino Rota logra transmitir el dolor de la pérdida, la inevitable venganza, la imposibilidad de escapar del pasado y, principalmente, el destino trágico.
Por otra parte, fue Giuseppe Rinaldi el autor de los versos que acompañan a esta poderosa melodía. Donde carga de simbolismo todo esto que acontece en la historia. Pues la tierra que arde no es otra que Sicilia, cuyo fuego es la violencia heredada de un pasado.
Una de las polémicas que generó esta composición de Nino Rota se dio durante la nominación a un Óscar en el mismo año de estreno de la película, candidatura que fue posteriormente descalificada al descubrirse que Nino Rota había reutilizado y reconfigurado fragmentos de su música compuesta previamente para Fortunella, una comedia italiana de 1958.
Esta decisión generó una fuerte controversia, ya que numerosos críticos y aficionados sostuvieron que Rota no se había limitado a reciclar material, sino que había sabido transformarlo y adaptarlo de manera creativa y profundamente original, dotándolo de un nuevo significado emocional y narrativo. Para muchos, la banda sonora merecía plenamente el reconocimiento, pues su fuerza expresiva y su perfecta integración con la película trascendían cualquier debate técnico.
Y a pesar de ello, Nino Rota sigue siendo uno de los mejores compositores italianos no solo por su talento melódico inconfundible, sino por su capacidad para unir la tradición musical europea con el lenguaje cinematográfico moderno.
Su obra demuestra que la reutilización creativa puede ser una forma de evolución artística, y que una melodía, cuando se compone a la par de una obra visual, en este caso, cinematográfica, puede alcanzar la universalidad, trascendiendo épocas, géneros y fronteras.


