A dos años de la desaparición de Antonio Díaz y Ricardo Lagunes, el asedio a las comunidades de la Sierra-Costa Nahua michoacana se ha profundizado, como también la ausencia gubernamental
Patricia Monreal
Es miércoles y el frío de las noches invernales parece ausentarse del centro de Morelia, el ajetreo invade la avenida principal, la Madero, entre estudiantes normalistas que se manifiestan frente a Palacio de Gobierno y feligreses que acuden a la Catedral para observar las reliquias de San Judas Tadeo que visitan la ciudad.
Keyvan y Magdalena Díaz, junto con familiares y amigos, aportan tono propio a los matices de la estampa citadina. Él con la imagen de su padre en el pecho y ella con un bebé en brazos se acomodan en la tercera banca de la enorme bóveda de Catedral, frente al altar principal, ahí oran y recuerdan que hace dos años por defender el territorio en Aquila, Antonio Díaz Valencia y Ricardo Lagunes Gasca fueron desaparecidos.
Algunas cámaras buscan captar su imagen mientras el adormecedor soliloquio del sacerdote oficiante difícilmente se sobrepone al bullicio de feligreses formados al costado izquierdo del recinto, ellos están ahí por San Judas, ajenos a la memoria de Antonio y Ricardo, a la lucha de las comunidades nahuas y a la violencia que las azota.
“Es un cóctel molotov de emociones”, reconoce Keyvan acabada la misa, por momentos la fuerza se le quiebra de la voz, es la impotencia de sentir la ausencia de su padre, de saberse desplazado, de tener presente que Aquila y su lucha no sólo están geográficamente lejos de la capital, sino también -en los hechos- de los gobiernos y las autoridades.
El 15 de enero de 2023, Antonio y Ricardo fueron desaparecidos en la localidad Cerro de Ortega, del municipio de Tecomán en Colima. Antonio, líder comunal de San Miguel de Aquila, y Ricardo, asesor legal, junto con la comunidad habían ganado juicios que permitirían establecer una agenda para el desarrollo minero en la región de la empresa Ternium, principal productora de acero en América Latina.
Por orden y obra de quienes –a dos años- no han sido identificados, se buscó poner alto al camino de ambos activistas, su desaparición ha cimbrado la comunidad y recrudecido la violencia en Aquila frente a la omisión e indolencia gubernamental.

“Nosotros como Jesús, acerquémonos a los que de verdad sufren”, apunta en su homilía el clérigo, como si el dolor de quienes tiene de frente le quedara aún a deber.
Pero el dolor es profundo y lastima cada día, Keyvan lo sabe bien: “la verdad, es muy difícil, todo el día he estado muy pensativo, pensando en él, si sigue con nosotros de manera física, si va a regresar, si en algún momento voy a encontrar respuestas”.
Autoridades van y vienen sin resultados, es común en un país como México en donde el caso de los activistas de Aquila no es la excepción.
“A más de 100 días de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum no hemos tenido ningún tipo de contacto por parte de las autoridades de la manera que nosotros quisiéramos; nosotros lo que queremos es que se abra un diálogo libre en el cual podamos tener información efectiva, de manera expedita. Lamentablemente hasta hoy, 15 de enero del 2025, a dos años, no hemos tenido ningún contacto todavía”.
Los dos años de la desaparición de Antonio y Ricardo, motivan un llamado de familiares y organizaciones para una acción global de exigencia por su desaparición, Keyvan apunta que se realizaron actividades en la Ciudad de México y en Luxemburgo.
“Es muy frustrante porque se han tocado todas las puertas que hemos podido tocar, hemos hecho todo el procedimiento que se recomienda que hagas cuando desaparece una persona, hemos hecho todo al pie de la letra, de verdad, todos los recursos que hemos podido tener a nuestras manos y no a nuestras manos, con quien haya necesidad de hacerlo lo hemos hecho”.
La oscuridad flanquea a Kevyan y da la impresión de acentuar su dolor, “da mucha rabia e impotencia porque ni con todo eso se ha podido mover este tema, seguimos sin saber nada de mi papá y de Ricardo y lamentablemente el silencio de las personas responsables sigue siendo fuerte.
“Nosotros tocamos todas las puertas y hacemos un llamado a todas las autoridades, a todas las instituciones sean de gobierno, sean privadas, para que abran todos sus salvoconductos, utilicen todas las herramientas que tengan a su mano y que hagan lo necesario para que mi papá y Ricardo puedan regresar con nosotros de la manera en la que Dios nos lo permita, y para que también no vuelva a pasar, independientemente de un tema de querer justicia directamente contra los responsables o demás, a este punto ya, dos años, lo que queremos es que se resuelva, tener paz”.
Kevyan lamenta que lo ocurrido con Antonio y Ricardo sea el sino de los defensores en México, y recalca que el de los de Aquila no es un caso aislado.
“Desde 2010 van más de 100 defensores del territorio que son desaparecidos o asesinados, el caso de mi papá y de Ricardo lamentablemente viene a confirmar una crisis humanitaria que se debe de llamar como lo es, una crisis humanitaria en un país donde hay más de 112 mil desaparecidos, los cuales tienen el 98 por ciento de probabilidades –según datos oficiales- de que queden en impunidad”.
Recuerda que el crimen de la desaparición forzada “no solamente termina con la persona que desaparece, sino también llega hasta la familia, las destruye, por completo te cambia la vida, te cambia la manera en la que vives, empiezas a vivir con miedo, con paranoias, quieres buscar responsabilidades donde sea, no sabes cómo manejarlo. Lamentablemente el crimen va más allá y es algo que también es necesario hablarlo y decirlo, que no solamente la desaparición forzada afecta directamente a la persona que desaparece, que se priva de su libertad, sino también toda su red de familia se ve también afectada y privada de su libertad hasta cierto punto y de su seguridad”.
Tras la desaparición de su padre, Kevyan está acogido al Mecanismo de Protección de Defensores de Derechos Humanos y Periodistas, “gracias a Dios hasta el momento no ha habido ninguna amenaza directa, algo que comprometa nuestra seguridad pero está latente, el miedo siempre existe, no porque estés dentro del Mecanismo quiere decir que no te va a pasar nada, si en México te quieren desaparecer te van a desaparecer, prueba de ello es que Ricardo estaba dentro del Mecanismo desde hacía años y fue ineficaz”.
Se duele de la ausencia del Estado Mexicano en Aquila, de la desatención a la lucha de sus comunidades, y de las omisiones que han cobrado cientos de vidas en la región.
“Hay un desentendimiento de las autoridades de manera integral por la zona, yo tengo dos años que no voy, tengo entendido que está muy caliente ahorita el tema para allá y duele, yo crecí allá, yo viví en Aquila, viví también en una comunidad que se llama Huahua que está a dos horas de Aquila, yendo hacia Lázaro Cárdenas y era un paraíso, la verdad, yo recuerdo de niño cómo podía ir al río, cómo podía salir a la playa y actualmente ni pensarse”.
La mayoría de la familia de Antonio ya no vive en Aquila, han salido desplazados por la violencia e inseguridad, “pareciera que a raíz de la desaparición de mi padre y de Ricardo la inseguridad en general, no solamente por los desaparecidos sino también los asedios a las comunidades y demás, se ha venido intensificando, es algo que golpea a la región, al pueblo náhuatl que es a donde nosotros pertenecemos, y duele, la verdad duele, porque son comunidades bien nobles, son comunidades con gente bien valiosa, que lo único que buscan y quieren es dejar un mejor lugar para sus amigos y sus familias, legítimamente es lo único que buscan”.
En la imagen de portada Kevyan Díaz Valencia
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