Para Ramón Sánchez, defensor del patrimonio, la iniciativa del alcalde moreliano beneficia al grupo empresarial del Festival de Cine y pone en riesgo su valor histórico
Raúl López Téllez
Un óleo de José María Morelos y Pavón permanece expuesto a los vapores de una cafetera en lo que fuera el Salón de Cabildos y ahora es la cafetería del Museo de Arte Contemporáneo y Artes Audiovisuales de Morelia (MACAAM), recién inaugurado el pasado viernes 18 de octubre, sin anuncio previo y de la noche a la mañana en la antigua Factoría del Tabaco y sede hasta septiembre del 2024 del gobierno municipal de Morelia.
Acompañado de empresarios y del cantante Marco Antonio Solís, cuyo grupo Los Bukis fue objeto de una gala en el Festival Internacional de Cine de Morelia que transcurría en esos días, el alcalde Alfonso Martínez Alcázar realizó la apertura del lugar, aunque con poca difusión en las propias redes sociales del Ayuntamiento, donde un muro en Facebook del CAAM se mantiene sin operación y sin publicaciones.
“Acompañando la apertura de este nuevo espacio, estuvieron presentes la presidenta honoraria del DIF Morelia, Paola Delgadillo Hernández; Alejandro Ramírez Magaña, CEO de Cinépolis; el cantautor Marco Antonio Solís y el artista visual Javier Marín”, señala el comunicado publicado en La Voz de Michoacán.
“El MACAAM contará con seis salas de exposiciones que cambiarán aproximadamente cada tres meses, con propuestas diferentes que invitarán al público a regresar y descubrir nuevas expresiones. Su oferta incluye también un centro de documentación cinematográfica, una videoteca, una tienda de libros, una cafetería, un salón de usos múltiples y un auditorio.




“Entre sus acervos destaca la recuperación de 700 carretes cinematográficos, que podrán ser consultados y revisados como parte de las actividades de documentación y acercamiento al patrimonio audiovisual. Estos materiales, junto con los demás espacios del museo, permitirán ampliar las posibilidades de aprendizaje, investigación y exploración artística”, indica el documento.
En una visita al Museo, en su mayoría las salas lucen sin ninguna museografía con arte objeto o instalaciones que en su mayoría son proyecciones continuas, sin más datos que una información enmicada en el acceso a los espacios que antes fueran oficinas administrativas del gobierno municipal.
La improvisación luce en el “jardín” sembrado aprisa por lo que se ve, con árboles “trasplantados” y que tal vez no tengan mayor futuro que la foto de la inauguración al reposar sobre lo que era el patio de cantera en el centro del edificio, rellenado con tapetes de césped.


Una cafetería en el Salón de Cabildos
El historiador Ramón Sánchez Reyna cuestiona que la creación del recinto no fue sometido a consulta pública al igual que reprueba a un Cabildo –“que no es el presidente municipal”-, haya consentido atropellar el patrimonio histórico del inmueble.
Es un museo “preparado para los Ramírez”, dice en alusión a los propietarios de la cadena Cinépolis y del Festival Internacional de Cine de Morelia”, plantea sobre un acervo de 700 rollos de película en el lugar, además de algunas cámaras de cine de colección.
“No me interesa entrar a una sala donde hay dos veladoras encendidas”, dice el docente sobre una de las instalaciones expuestas.
Lo que fuera el Palacio Municipal, es un edificio del siglo XVIII, con una arquitectura barroca “de una fuerza extraordinaria de lo que podemos denominar en el barroco novohispano como el barroco vallisoletano”.
En esa época, varios arquitectos se quedaron a vivir en Morelia, como Tomás de Huerta, “como los Durán, padre e hijo que intervinieron nada menos que en la Catedral y otros que venían de paso, eran contratados para venir a hacer arreglos, como José Francisco Gudiño, que vino a redefinir los sótanos de la Catedral, el Panteón de los Obispos, le tocó reconstruir la torre poniente de la Catedral que fue dañada en 1770 por un rayo y reconstruir el antiguo Palacio de Justicia.
Con un artículo que cita de Jaime Hernández Díaz, el investigador refiere que el edificio de la antigua Factoría del Tabaco debió haberse construido durante la segunda mitad del siglo XVIII, concluyéndolo “entre 1781 y 1810 para ser la administración del cultivo y venta del tabaco en el Obispado de Michoacán”.
“El tabaco, junto con la minería, eran dos de los grandes rubros que habían la economía de la Nueva España”, recuerda Sánchez Reyna. “No se concretó en el proyecto el de fabricar cigarros en Michoacán”.
En 1824, ya en el México Independiente, “se instalan ahí las oficinas del Gobierno del Estado y del Tribunal de Justicia del estado; y ahí permanecieron las oficinas de la Factoría hasta 1857”, año en el que el Gobierno estatal se traslada al Antiguo Seminario Tridentino frente a la Catedral, se compra el inmueble del Antiguo Palacio de Justicia para el Ayuntamiento y la Antigua Factoría pasa a ser del Tribunal de Justicia, aunque luego ambos poderes negociaron el intercambio de inmuebles y el traslado a lo que fueron sus sedes, señala.


Un lugar importante de la sede municipal, “lo será la Sala de Cabildos, en plural porque cada sesión que se levanta y se firma un acta, es un Cabildo; un salón hermosísimo decorado de fines del siglo XVIII, mediados del XIX, que sirve como antesala del despacho del presidente municipal”.
Refiere que “da mucho coraje que no solamente el presidente municipal (Alfonso Martínez Alcázar), del que no espero culturalmente mayor cosa”, irresponsablemente relegó al Cabildo del Ayuntamiento de Morelia en la inauguración del recinto, “solamente al alcalde y sus amigos empresarios”, además de que el destino del inmueble tras el traslado de las oficinas con la creación del Centro Administrativo de Morelia (CAM), no se sometió a consulta popular; nos quedan a deber el Museo de la Ciudad, desde que gobernó otro panista por segunda vez; Salvador López Orduña se sacó de la manga inaugurar un Museo de la Ciudad en la calle de Galeana en la sede del Archivo Histórico Municipal donde no hay lugar para Museo, que se entiende como el reflejo de lo que ha sido una ciudad de la envergadura de Morelia, del transitar de su historia”.
Como presidente de la Sociedad Defensora del Tesoro Artístico de México en el Capítulo Michoacán, considera que “es una gran falta de respeto y de responsabilidad del Cabildo, convertir el salón donde se generó gran parte de la historia, desde 1857 hasta el 2025, de esta ciudad. Convertir el Salón en una cafetería, pero no solamente eso, utilizar la obra de arte más valiosa que posee el Ayuntamiento de Morelia, que es un retrato al óleo que representa al Generalísimo José María Morelos y Pavón vestido de militar, en un cromo decorativo de lo que hoy llaman cafetería, al pie de una cafetera eléctrica vaporizando”.



La historia de un cuadro
Al ex presidente José López Portillo se le concedió en 1978 la Presea “Generalísimo Morelos”, máxima condecoración que otorga el Ayuntamiento de Morelia, recuerda el historiador, bajo la alcaldía de José Beber Chávez y siendo gobernador Carlos Torres Manzo.
En sus memorias, sobre el discurso de agradecimiento por el reconocimiento, López Portillo recordó que en sus travesías junto con su inseparable amigo y ex presidente, Luis Echeverría Álvarez, pasaron una noche con una familia humilde en Oaxaca, donde les mostraron el óleo del joven insurgente. “Cuando fue presidente de la República lo mandó comprar para tenerlo en su biblioteca personal” y al ofrecérsele la Presea Morelos entregó al gobierno municipal la joya pictórica.
“Se trata de un retrato extraordinario al óleo. Es uno de los mejores retratos que se han hecho sobre Morelos, debe proceder por lo menos de la segunda mitad del siglo XIX. Algunos presidentes municipales lo tuvieron en su despacho, pero estuvo originalmente en la Sala de Cabildos”.
Para Sánchez Reyna, el Instituto Nacional de Antropología eh Historia (INAH) debe intervenir “de manera inmediata” para determinar si hay daños sobre la pieza histórica o incluso sobre las otras piezas que decoran el Salón, donde además uno de los escritorios de la sala de sesiones –“de la época de la Reforma”-, es el espacio para un tocadiscos o equipo de sonido.
Portada: Óleo de José María Morelos, expuesto a la vaporización de una máquina expendedora de café


