“…terminamos por construir en nuestra conciencia la idea de que las vitaminas curan enfermedades, así, en general”
Horacio Cano Camacho
Reporte Minoritario
Días atrás, salimos a pasear con Tilo, mi perro, y nos agarró una de esas lluvias repentinas que nos dejan empapados. Regresamos a casa, pero, a pesar de que me sequé a conciencia (a Tilo también) y me cambié de ropa, al día siguiente amanecí con una gripe muy fuerte. No fue por la lluvia, desde luego; algún virus ya andaba haciendo de las suyas. Esta enfermedad me tira durante tres o cuatro días. Y solo me queda tomar algún analgésico para aliviar los síntomas, porque no hay mucho más que hacer. Entonces recordé que tengo el refri lleno de guayabas que compré un día de regreso a casa, y de verdad que están deliciosas. Bueno, pensé, si no me curan, por lo menos me encantan…
La guayaba es muy rica en vitamina C y, si le cuento a alguien que tengo gripa, su consejo inmediato es: toma vitamina C, con eso te alivias. Resulta que así nos enseñaron en la escuela sobre las vitaminas. La falta de algunas de ellas produce enfermedades muy serias y su consumo… permite tratar esos padecimientos. Y aunque esto es cierto, terminamos por construir en nuestra conciencia la idea de que las vitaminas curan enfermedades, así, en general.
Las vitaminas son indispensables para el funcionamiento de nuestro organismo. Muchas participan en las rutas metabólicas como precursoras de coenzimas, ayudando a la actividad catalítica de numerosas enzimas; algunas funcionan como antioxidantes, protegiendo nuestras células frente al daño oxidativo, mientras que otras participan en la regulación de procesos fisiológicos esenciales. Por ello, su falta se nota, y mucho. Pero ojo, las cantidades que requerimos son minúsculas y generalmente pueden obtenerse mediante una alimentación adecuada y equilibrada. Su suplementación adicional no debería asumirse como una necesidad universal, sino responder a requerimientos nutricionales o condiciones particulares.
Fuera de las enfermedades provocadas por su deficiencia y de algunas aplicaciones médicas específicas, las vitaminas no son remedios universales. No curan por sí mismas las infecciones virales, no sustituyen los tratamientos contra el cáncer y tampoco resuelven necesariamente la disfunción eréctil. Sin embargo, esa idea circula por todos lados y nos lleva a revisar, antes que otros contenidos en las etiquetas de los alimentos, la cantidad de vitaminas que dicen poseer.
La industria comenzó a vendernos botes de pastillas como remedios para casi cualquier malestar. Después incorporó vitaminas a numerosos alimentos procesados, en ocasiones como una estrategia nutricional legítima, pero también como un atractivo comercial que puede hacernos olvidar la calidad del producto completo. Y aunque la suplementación resulta necesaria en determinadas condiciones, como algunas deficiencias nutricionales o durante el embarazo, no significa que todos necesitemos consumir vitaminas adicionales.
Vamos a revisar brevemente algunos ejemplos de esta creencia.
La vitamina C y la gripe. Es probablemente el caso más conocido. Durante décadas nos han recomendado tomar vitamina C para prevenir o curar los resfriados. Sin embargo, una revisión de numerosos estudios clínicos encontró que su consumo habitual no reduce significativamente la probabilidad de resfriarse en la población general, aunque puede acortar modestamente la duración de los síntomas. Y comenzar a tomarla cuando ya estamos enfermos no ha mostrado beneficios consistentes. Mucho menos podemos afirmar que cure la influenza. Así que mis guayabas son deliciosas, pero no van a eliminar al virus responsable de mi enfermedad.
La vitamina E y la potencia sexual. Esta vitamina adquirió fama de mejorar la fertilidad y el desempeño sexual masculino, aunque no existe evidencia clínica sólida que justifique utilizarla para tratar la disfunción eréctil. Pero hay algo todavía más sorprendente. En un gran estudio realizado para determinar si la vitamina E podía prevenir el cáncer de próstata, los investigadores encontraron que los hombres que consumieron diariamente dosis elevadas, 400 unidades internacionales, durante varios años, presentaron un 17 % más de casos de esta enfermedad que quienes recibieron un placebo. Una sustancia administrada para protegerlos terminó asociándose con un riesgo mayor.
La vitamina B12 y el dolor. También es frecuente encontrar preparados del complejo B, especialmente inyectables, que se utilizan contra dolores musculares, de espalda o de origen nervioso. La vitamina B12 es indispensable para el funcionamiento del sistema nervioso y su deficiencia puede producir alteraciones neurológicas, incluso dolor. Corregir esa deficiencia es fundamental. Sin embargo, esto no significa que administrar dosis adicionales a cualquier persona con dolor vaya a resolver el problema. Existen investigaciones sobre su posible utilidad en ciertas formas de dolor neuropático, pero los resultados no justifican considerarla un analgésico universal.
De manera que debemos centrar nuestra atención en el origen de nuestras enfermedades. Algunas infecciones virales requieren tratamientos específicos; ciertas infecciones bacterianas necesitan antibióticos y, para el cáncer, existen diversas terapias cuya elección depende del tipo de enfermedad y de las condiciones de cada paciente. Pero ninguna de ellas puede sustituirse simplemente por un bote de vitaminas. Suspender un tratamiento o aplazar la atención médica con la idea de que las vitaminas, o su versión en fruto, nos curarán puede tener consecuencias muy graves.
No lo olvide: lo importante es identificar qué nos está enfermando y recibir, cuando sea necesario, el tratamiento adecuado. Las vitaminas son indispensables para la vida, pero consumirlas en cantidades mayores a las que necesitamos no necesariamente nos hará más saludables y, en determinadas circunstancias, incluso puede perjudicarnos.
Y las guayabas… bueno, seguiré comiéndolas. No van a curarme la gripe, pero están deliciosas.
Ilustración portada: Reco


