“Toda la obra está estructurada alrededor de la figura de la madre de Carrère (…), dominante, severa, orgullosa, a menudo impenetrable…”
Gerardo Pérez Escutia
Zona Oscura
“Los hijos empiezan queriendo a sus padres; cuando se hacen mayores, los juzgan; y a veces los perdonan”.
Oscar Wilde
El tres de octubre de 2023, el gobierno francés le rindió honores de Estado en los “Inválidos” a Hélène Carrère d’Encausse, quien murió unos dos meses antes, a los noventa y cuatro años de edad. Miembro insigne del selecto grupo de “los inmortales” de la Academia Francesa, en donde ocupó el cargo de “secretaria vitalicia”, fue escritora, diplomática y experta en la historia y política de Rusia, una figura mayor de la vida cultural e intelectual francesa, y madre del autor de la extraordinaria obra que recomendamos el día de hoy: el laureado escritor francés Emmanuel Carrère, quien es un escritor imprescindible de la narrativa europea contemporánea. Se ha especializado en el género true crime, pero también ha escrito biografías, reportajes y ensayos; algunas de sus obras ya las hemos reseñado en esta columna.
Hoy hablaremos de Koljós (Anagrama, 2026).
A raíz de la muerte por cáncer de su madre, y más específicamente a raíz de los funerales de Estado y del panegírico leído por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, el autor decide recuperar el enorme caudal de archivos, textos y correspondencia que dejó Hélène para reconstruir su vida y su linaje. Conforme se sumerge en los documentos, cartas y fotografías que tiene su anciano padre en custodia, Carrère se da cuenta de que tiene en sus manos un vasto material -en gran parte inédito-, para reconstruir no solo la historia de su madre y de su familia, sino para narrar la historia de Europa en el siglo XX y lo que va del XXI.
Es tan interesante y crucial esta obra, que por esta ocasión, nos vamos a salir de los habituales géneros que tratamos en esta columna y nos vamos a adentrar en el género biográfico e histórico, en una obra oceánica que abarca más de ciento veinte años de historia europea, que nos lleva de las montañas de Georgia hasta los cafés y salones de Estado parisinos, con el telón de fondo de la Revolución de Octubre de los bolcheviques, las dos guerras mundiales, la Guerra Fría, para terminar en el actual conflicto entre Rusia y Ucrania.
Carrère reconstruye la historia familiar desde sus bisabuelos georgianos: los Zurabishvili, burgueses nacionalistas e ilustrados, profundamente antirusos, que huyeron de su patria cuando fue absorbida por las tropas del Ejército Rojo en los años veinte del siglo pasado. Nos narra las penurias de su llegada a Francia cargando una enorme maleta de cuero en donde cabían todas las posesiones familiares, maleta que sobrevivió como legado y símbolo del periplo familiar, hasta llegar a Salomé Zurabishvili -prima de la madre del autor- quien regresó a la tierra de sus abuelos para convertirse en la primera mujer presidenta de la República de Georgia ya en la era postsoviética.

El autor también nos habla de la rama rusa de la familia de su madre, repleta de apellidos nobiliarios y de ancestros que formaron parte de la corte del zar Nicolás II, quienes también perdieron toda su fortuna y posesiones a raíz de la Revolución bolchevique, al grado que el autor, a modo de broma y en serio, dice que es “hijo de Lenin”, pues de no haber sido por el impulso de la revolución, su bisabuelo y bisabuela maternos nunca se hubieran conocido, pues pertenecían a mundos diferentes y distantes: la burguesía rural de Georgia y la nobleza de San Petersburgo.
El relato avanza involucrando a familiares y conocidos de su madre, intercalados con recuerdos y anécdotas de los personajes cruciales de la historia ruso-soviética, con largas disertaciones acerca de las figuras de Stalin y Beria -ambos georgianos-, y el impacto que llegaron a tener en las diversas generaciones de sus ancestros, que a la postre moldearon el férreo carácter de su madre, que de ayudante de archivista llegó a ser una de las figuras más importantes de la cultura francesa, quien como diplomática conoció y trató a Gorbachev, a Yeltsin y al nuevo “zar de Rusia”: Vladímir Putin.
Toda la obra está estructurada alrededor de la figura de la madre de Carrère, con quien tuvo una relación complicada -por decir lo menos-, a lo largo de su vida. Relación que buscó entender y sanar en largas horas en el diván de diversos psicoanalistas a lo largo de su vida adulta. Hélène Carrère d’Encausse fue una mujer dominante, severa, orgullosa, a menudo impenetrable y dueña de un estoicismo que no le abandonó ni en su lecho de muerte. Su marido, hijos y amistades giraban a su alrededor como satélites, siempre pendientes de no opacar el brillo de su figura. Emannuel, su único hijo varón, el más querido, buscó con esta obra desentrañar los secretos de la compleja vida de su madre, la relación que ella tuvo con su padre, a quien opacó y mantuvo alejado del lecho conyugal por casi cincuenta años, y la de su linaje, que siempre mantuvo presente en todos sus actos privados y públicos y en su visión del mundo.
El autor le dedica un capítulo especial a su abuelo Georges, hombre marcado por la pobreza y el derrotismo, quien durante la Segunda Guerra Mundial protagonizó uno de los capítulos más oscuros de la saga familiar, ya que era un secreto a voces en la familia su papel colaboracionista con los nazis en Francia, secreto que su madre se empeñó en ocultar, y que al publicarlo en un libro anterior de Carrère –Una novela rusa-, la enemistó con su hijo por varios años.

Emmanuel Carrère no se guarda nada: habla de los claroscuros de su familia, de la variopinta pléyade de familiares y amigos que sus padres conocieron y trataron en sus largas vidas. También habla de sus miedos , sus dudas y los conflictos ideológicos que tuvo que sortear con una madre dominante y un padre gris y ausente. Al intercalar esta historia familiar con la historia de Europa en lo general y de Rusia en lo particular , da buena cuenta de cómo la microhistoria y la macrohistoria van invariablemente unidas, y cómo se moldean e interactúan mutuamente, cómo se crean y fortalecen ideologías, y cómo los rencores y prejuicios larvados durante décadas permanecen y se heredan por generaciones.
Todo esto está plasmado con una prosa deslumbrante, irónica, dura, sin autocomplacencias, pero a la vez con mucha ternura y autocrítica. El libro contiene pasajes verdaderamente conmovedores que le dan una dimensión universal y humana a la obra, que a ratos se lee con el corazón en la mano. Un libro necesario , un recuento de un siglo y una familia descritos magistralmente, en el que nosotros, los lectores , nos vemos reflejados necesariamente.
Una lectura imprescindible.
Ilustración portada: Emilio Monreal


