“…todo parece un montaje y los indicios señalan a la escritora; sin embargo, la investigación da un vuelco…”
Gerardo Pérez Escutia
Zona Oscura
El universo de la novela negra (NN) es cada vez más grande; hay multitud de subgéneros y denominaciones tan variados como los temas que aborda. La NN es hoy por hoy un género literario que retrata crudamente a la sociedad actual en todas sus variables y matices, pero siempre desde su propia óptica; es una inmersión en el lado oscuro de los personajes que retrata, pero sobre todo de las sociedades o comunidades en las que se insertan, o que directamente los moldean. Y, en el caso de los protagonistas, hay autores que llegan a diseccionarlos de una manera tan acuciosa que rivalizan con el diván del psicoanalista.
Así pues, en esta columna hemos incursionado en subgéneros, épocas y estilos de lo más variados, siempre tratando de presentar lo mejor que nos ofrece el noir. Hace dos semanas reseñamos una historia que sucede en un bucólico pueblito de la frontera franco-suiza, uno de esos lugares en los que nunca pasa nada, donde un forastero que permanece más días de lo acostumbrado ya es todo un acontecimiento y motivo de cotilleos y sospechas, incluso para el aburrido jefe de la policía local. Y así, en ese entorno, el autor logra crear una historia impactante, compleja y cautivadora.
En esta entrega nos vamos a las antípodas, a la turbulenta ciudad de Nueva York en la actualidad, a un escenario cosmopolita y vertiginoso que difícilmente podría estar más alejado del anterior.
Hoy vamos a recomendar: La escritora (RBA libros, febrero 2026). Esta novela está escrita en coautoría por dos grandes maestros del género: J.D. Barker, autor de la famosa trilogía del Cuarto Mono, que lo ha convertido en uno de los autores más leídos del noir en la actualidad . El otro coautor es James Patterson, uno de los escritores más prolíficos y exitosos del mundo, con obra publicada en más de cincuenta países.
Con estas cartas de presentación, La escritora no podía pasar desapercibida para esta columna, y esta es la reseña.

Declan Shaw es detective del Departamento de Policía de Nueva York, pero también un hombre atormentado. Está en una estación del metro neoyorquino conocida por tener la más alta tasa de suicidios de la ciudad y él está a punto de acabar con su vida; las culpas acumuladas a sus casi cuarenta años lo tienen cercado y, en su desesperación, no ve otra salida. En ese momento recibe una llamada telefónica de su compañeroJarod Cordova, un veterano policía a punto de jubilarse, pero con la renovada energía de un novato, que se toma muy en serio la resolución de sus casos como si fuera su primer día de trabajo. Declan rechaza la llamada, pero Jarod insiste, y en el segundo intento, la atiende. Su compañero le pide que acuda de inmediato al edificio Beresford, el mítico inmueble de estilo art déco, residencia de la élite neoyorquina frente al Central Park. Le informa que al parecer, ha habido un allanamiento de morada que ha salido mal y hay un muerto en uno de los lujosos departamentos. Declan está cerca y decide posponer su “plan” para acudir al llamado de su compañero.
Al llegar al departamento, ya hay un nutrido grupo de policías junto a su Cordova; sin embargo, nadie entra, pues la dueña tiene una pistola en la mano y, por motivos desconocidos, no permite el acceso a nadie , salvo al detective Declan Shaw, a quien ha llamado a gritos; de ahí la insistencia de Jarod para que su compañero acudiera. Al entrar se encuentra con una escena impactante: la famosa escritora especializada en “true crime” Denise Morrow, está sentada en el suelo, cubierta de sangre frente al cadáver de quien resulta ser su marido, el doctorDavid Morrow y entre ambos se haya un cuchillo ensangrentado.
Al hacer las primeras indagaciones, todo parece indicar que nadie más que la escritora y su marido ingresaron a su departamento; sin embargo, Denise asegura que, cuando llegó, el atacante de su esposo aún estaba en la casa y alcanzó a huir. Todo parece inculparla y se va perfilando un caso mediático que mantendrá en vilo a la sociedad neoyorquina, ya que la escritora es una superventas y se codea con la élite de la Gran Manzana, incluyendo al alcalde. Un tercer personaje entra en escena: el abogado y amigo de la pareja, Geller Hoffman, quien se presenta inesperadamente en la escena del crimen y todo comienza a torcerse.

Conforme se van conociendo los pormenores del allanamiento y el asesinato, van surgiendo las dudas en cuanto al posible autor, pues todo parece un montaje y los indicios señalan a la escritora; sin embargo, la investigación da un vuelco, ya que Denise cuenta con una coartada: a la hora en que, según el forense, se cometió el crimen, ella se encontraba al otro lado de la ciudad, en la presentación de su más reciente libro. Y aquí entra en juego el oficio de los autores, pues nos van llevando de la mano a un escenario lleno de interrogantes. Para ello, en un juego de flashbacks, nos presentan un caso anterior en el que a un jardinero, Rubén Lucero, fue acusado y condenado por la violación y muerte de una adolescente en Central Park, caso que investigó el detective Shaw y en el que, coincidentemente, se basa la escritora para su próxima y esperada novela.
Los indicios exculpatorios de la escritora se acumulan, y las sospechas empiezan a dirigirse hacia Declan. Los giros narrativos se suceden vertiginosamente y cada capítulo abre nuevas teorías y posibilidades , al grado de que, como lectores, sentimos que estamos en una telaraña creada por los autores y por los mismos personajes. Y en centro de todo, Denise Morrow, de quien se intuye que ha elaborado un endiablado y complejo plan para salirse con la suya, cobrar facturas y, de paso, escribir la más impactante de sus novelas.
Esta es una historia que cumple con todos los clichés del género: escenarios espectaculares, giros narrativos constantes, callejones sin salida al por mayor, personajes atractivos y bien perfilados, y el desarrollo minucioso de una investigación policiaca creíble y profesional. Todo ello está ejecutado con una maestría absoluta; el aparente caos que plantean sus páginas termina por encajar con la precisión de un reloj suizo en cada uno de los escenarios que propone y, literalmente, nos mantiene en vilo hasta la última página de la historia.
Esta novela es una delicia para los amantes del género: una obra inteligente y sofisticada que nos recuerda a cada momento por qué amamos a la novela negra.
Ilustración portada: Emilio Monreal


