“La gran mayoría de estos líderes provienen de partidos políticos emergentes, su discurso suele criticar a la clase política tradicional…”
Francisco Viveros Dávalos
Vivero de Ideas
Apenas en agosto pasado, tomaron protesta como presidentes de Colombia, Abelardo De La Spriella, y de Perú, Keiko Fuijimori, respectivamente. Con ello, se unen a la oleada de victorias protagonizadas por la ultraderecha en Argentina (Javier Milei) y Chile (José Antonio Kast), y de la derecha tradicional en Bolivia (Rodrigo Paz), Costa Rica (Laura Fernández) y Ecuador (reelección de Daniel Noboa), en los últimos 4 años; así como a la campaña presidencial de Flávio Bolsonaro en Brasil para las elecciones de octubre próximo. El presente Vivero de Ideas hará un breve análisis de cuáles son los elementos que guarda en común este giro hacia la derecha en varios países latinoamericanos.
El primero de ellos es lo que muchos analistas políticos denominan populismo: La gran mayoría de estos líderes provienen de partidos políticos emergentes, su discurso suele criticar a la clase política tradicional (establishment) de sus respectivos países, prometen gobernar con mano dura, ofrecen acabar con la corrupción, generan gran impacto mediático y se caracterizan por discursos radicales, que en ocasiones derivan en discursos de odio, discriminación, misoginia y racismo.
Contrario a lo que muchos mexicanos podrían pensar – que el populismo fue una característica exclusiva del gobierno de López Obrador o de otros políticos de izquierda en el continente-, las posturas de la mayoría de estos nuevos gobiernos derechistas coinciden con esta etiqueta que se ha puesto en boga durante los últimos ocho o diez años en México.
El segundo elemento que comparten en común, es que lograron crear un miedo irracional a los gobiernos de izquierda, estigmatizándolos de “dictaduras comunistas” e inmortalizando la frase demagógica, “nuestro país no será la próxima Venezuela”, la cual lograron capitalizar rápidamente en votos. Si bien es cierto que el gobierno de Nicolás Maduro era a todas luces insostenible, esta premisa es muy cuestionable porque la realidad de los demás países de América Latina no es necesariamente la misma.
La tercera característica de esta nueva ola de derechistas, es una evocación al “patriotismo” y la “defensa de la identidad nacional” de sus respectivos países, sobre todo frente a lo que acusan como una “invasión de migrantes” que, aseguran, ha “acentuado la inseguridad”. Proposiciones que esconden xenofobia y discriminación hacia migrantes, principalmente haitianos y venezolanos.
En contraste, la gran mayoría de estos países comparte una sumisa alineación con los desplantes y berrinches del presidente estadunidense Donald Trump. Cualquier política que lance el magnate neoyorquino, ya sea la deportación de migrantes, o el presunto combate al crimen organizado, serán replicados tal cual en Colombia, Argentina o Chile, por más que las características de cada país sean particulares. Es tal la admiración por el mandatario republicano, que inclusive se pudieron apreciar banderas estadunidenses ondeando en mítines de Flávio Bolsonaro en Brasil, también en agosto pasado.
En otro ámbito que coinciden algunos mandatarios, como Milei o Abelardo, es su estrecha cercanía con el gobierno del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Esto es particularmente preocupante para quienes consideramos a Israel como artífice de un genocidio que se ha cobrado ya la vida de más de 60 mil palestinos inocentes y ha destruido casi por completo la Franja de Gaza.
Finalmente, con los rutilantes mandatarios cobra vigencia el postulado de ser “liberal en lo económico y conservador en lo social”. Para el primer caso, quizá el ejemplo más emblemático sea la motosierra del presidente argentino, así como su fe ciega a las recetas impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Mientras que las posturas de algunos de estos personajes frente a temas como la interrupción legal del embarazo, la memoria histórica o la integración de los migrantes, dan cuenta de lo segundo y constituyen un retroceso con respecto de los gobiernos progresistas que les antecedieron.
En resumen, se trata de una nueva generación de gobiernos populistas de derecha, que no tienen ningún reparo en mostrar la cara más dura del modelo económico neoliberal, aderezados con una serie de prejuicios dignos de mediados del S. XX.
Ilustración portada: Luna Monreal


