A todas las personas, hombres mujeres y no binaries, que desempeñan esta labor
Nektli Rojas
Narrando el Género
En su documental Querida Nancy, Olivia Peregrino rescata una declaración de Nancy Cárdenas en la que se describe a sí misma como una “guerrillera disfrazada de artista” que dispara arte en vez de balas. Cárdenas fue una activista de los derechos LGBT+ de los años setenta hasta su muerte, en los noventa. Varias fueron las plataformas que empleó: el radio, el escenario teatral, el cine y la escritura.
Los sesenta y los setenta abrieron camino para los movimientos de liberación en varios países y en diversos sentidos, desde las luchas armadas por las clases más desprotegidas hasta los movimientos de visibilización de las sexualidades no heteronormadas. Uno de los movimientos presentes (por supuesto, con mucho más linaje histórico), fue el feminista. Sin ganas de entrar a la discusión de la forma en que se ha constituido desde el pensamiento, ni mucho menos de la manera en que se ha llevado a la práctica, sin deseos tampoco de citar a Angela Davis, rescato, por el momento, su cualidad de abrir paso a la existencia femenil.
Uno de los campos que las mujeres han visto históricamente cerrados para ellas ha sido el de la escritura. Relacionadas, como Idea, con la inmanencia, la naturaleza, la oscuridad, se les ha considerado, de Aristóteles a la fecha, criaturas esencialmente incapaces de crear cultura, dada su capacidad no de creación, sino de reproducción (tampoco quiero entrar en la discusión de que las mujeres no se reproducen solas, por lo que no son esencialmente reproductivas).
Con ello, las mujeres con real poder político eran consideradas antinaturales. Por ejemplo, las reinas, que eran llamadas she-wolves, lobas, por ir en contra de su naturaleza. Regreso a los dominios del arte, también considerados cotos masculinos. Cualquier mujer que haga arte está cuestionando la arraigadísima idea de que va en contra de la normalidad. En este contexto es que se hace necesario enmarcar todo trabajo literario que salga de la pluma femenil como intrínsecamente subversivo.
Emily Brontë utilizó el pseudónimo Ellis Bell para editar Cumbres borrascosas, en tanto que Charlotte Brontë y Anne Brontë, los de Currer Bell y Acton Bell, respectivamente. Aurore Dupin fue Georges Sand; Mary Ann Evans, George Eliot. Mary Shelley publicó como anónimo la primera obra de Sci Fi. Escribir literatura es un trabajo que pone en riesgo a las escritoras. Pero no escribirla, las lleva hacia el abismo de la autonegación.
Por ello, en nuestro momento histórico, se hace necesario no sólo fomentar el trabajo de escritura creativa que las mujeres desarrollan, sino implementar una serie de acciones paralelas. Algunas de ellas, necesariamente, tienen que venir de lo que se conoce como feminismo institucional. Es el caso de premios, apoyos, cuidado en la elección de los y las juradas que seleccionen obras para ser publicadas, editoriales con enfoque de género, talleres literarios que se creen desde la perspectiva de ser espacios seguros, que apuntalan las pedagogías de la crueldad.
El área de las organizaciones no institucionales también ha trabajado y lo sigue haciendo en este sentido. Y en este lugar es que se desarrolla el activismo literario, sin balas, pero con muchas batallas por ganar. La creación de colectivas independientes ha permitido dar pasos hacia la apertura de esas ideas anquilosadas, rancias, que consideran a las mujeres musas, secretarias, entes bellos. A partir de esas reuniones, muchas veces informales, de mujeres activas, se ha podido cuestionar el canon blanco y heterosexual que priva en los medios literarios, y que permite descalificar casi cualquier expresión literaria femenina.
Recuerdo que una amiga me refirió la reunión de varios poetas “reconocidos” de esta ciudad, en la que se dedicaron a decidir qué mujeres poetas valían la pena y cuáles eran una porquería; otras, de plano, ni existían para ellos. El problema no son sus opiniones, sino la capacidad que tienen para decidir quién es reconocida y quién no. De todas maneras, otra de las opresiones que tenemos viene del centralismo. Hice el ejercicio de preguntar a un grupo de alumnos y alumnas de la Facultad de Letras cuántos nombres de escritores michoacanos hombres conocían. No llegaron a uno.
Considero que el activismo literario está, al igual que la literatura, en manos de todos, todas y todes lo que transitamos por las calles de la creación escrita. Lo único que hace falta es, desde donde se esté, propiciar un pensamiento liberador; oponerse a las opresiones androcentristas, al canon blanco, burgués, de lenguas europeas, heteronormado; crear espacios seguros para la expresión de textos que provengan de las comunidades históricamente vulneradas, mujeres, trans, comunidad LGBT+, personas de los pueblos origen. Hay que propiciar la reflexión de qué funciona literariamente y qué no para sustituir así los mandatos del viejo canon literario (el de los libros que hay que leer antes de morir o para considerar a alguien cultx o iniciadx).
Desde la institución, pero sobre todo desde la iniciativa individual a la que a vece da cabida, recientemente se publicaron un par de plaquettes Coordenadas poéticas y Coordenadas narrativas, que provienen de Creándonos en las palabras. Cartografía de escritoras en Michoacán. Este sitio web ha sido acogido y sustentado por la Facultad de Filosofía de la UMSNH. Con la participación de la Secretaría de Cultura de Michoacán y de la Editorial Cuarta República, pero sobre todo del aprovechamiento de espacios de ideas que se pueden abrir con uñas y dientes en las estructuras establecidas, las plaquettes han dado vida impresa a las palabras creativas de narradoras y poetas suscritas a la Cartografía.
Cada una de las autoras (elegidas en una ruleta virtual), las coordinadoras, las correctoras, las personas que constituyen los equipos de trabajo (algunas de ellas pagadas; otras, no) han aportado hora de trabajo para que estos textos existan. Si alguien quiere tener estas plaquettes, basta que se presente en el Departamento de Literatura y fomento ala Lectura de la Secum y firme por ellos. Los, les y las lectoras son, por supuesto, el elemento final y decisivo del activismo literario.
Ilustración portada: Reco


