“Otros miembros de la élite económica han fallecido en circunstancias extrañas (…) en las calles y en internet empieza a circular una consigna inquietante…”
Horacio Cano Camacho
Zona Oscura
Sandrone Dazieri es uno de nuestros autores favoritos. De hecho, en esta Zona oscura ya hemos platicado de algunos de sus libros, como No huyas (Alfaguara, 2023). Ahora vuelve con la cuarta entrega de la serie protagonizada por Colomba Caselli y Dante Torre, formada por No está solo (2015), El Ángel (2017), El Rey y, finalmente, la que tratamos hoy, Matar a un rico (Alfaguara, 2025).
Colomba y Dante forman una de las parejas más singulares de la novela negra europea reciente. Y tras un título deliberadamente provocador hay algo más que una sucesión de asesinatos de millonarios. Dazieri construye un thriller sobre la enorme concentración de riqueza y poder en manos de una élite que parece vivir en un mundo distinto al de los demás.
Todo comienza en uno de esos rascacielos milaneses convertidos en fortalezas de lujo. Jesús Martínez, antiguo futbolista y ahora empresario multimillonario, aparece muerto en el interior de una sofisticada criosauna de su apartamento -por cierto, puesta recientemente en el mercado de lujo por su propia compañía-. Podría tratarse de un accidente técnico, pero cuesta creerlo cuando la víctima pertenece al reducido grupo de los hombres más ricos del planeta. Colomba Caselli, antigua subjefa de policía y convertida ahora en investigadora privada, comienza a tirar del hilo y pronto comprende que la muerte de Martínez no es un caso aislado.
Otros miembros de la élite económica han fallecido en circunstancias extrañas. Al mismo tiempo, en las calles y en internet empieza a circular una consigna inquietante: “Matar a los ricos”. Lo que podría ser obra de un asesino individual comienza a adquirir la apariencia de una campaña o de alguien decidido a utilizar el resentimiento social como combustible. Las víctimas, además, no son simplemente personas con dinero: son individuos capaces de desplazarse entre países, contratar abogados y guardaespaldas, comprar voluntades y construir a su alrededor espacios donde las reglas normales apenas parecen aplicarse.
Para enfrentarse a ese mundo, Colomba necesita otra vez a Dante Torre. Y aquí está buena parte del atractivo del libro. Dante es un investigador brillante, intuitivo y obsesivo, pero también un hombre profundamente marcado por el trauma. Su claustrofobia y sus manías lo mueven entre la genialidad y la fragilidad. Colomba tampoco está intacta. Los dos son supervivientes antes que héroes, y Dazieri aprovecha su reencuentro para seguir explorando una relación construida a partir de heridas compartidas.

La investigación avanza con el ritmo característico del autor: capítulos breves, revelaciones constantes, persecuciones, violencia y cambios de dirección. Dazieri conoce perfectamente los mecanismos del thriller y sabe cómo terminar una escena en el momento preciso para obligarnos a seguir leyendo. Matar a un rico es una novela eficaz y entretenida. Hay momentos en los que la acción se acerca al exceso y algunas situaciones exigen aceptar cierta dosis de inverosimilitud. Su territorio está más cerca del thriller de conspiración que de la reconstrucción policial realista.
Sin embargo, lo más interesante no es descubrir quién mata a los ricos, sino preguntarse qué significa hoy ser realmente rico. Dazieri establece una diferencia entre quien posee dinero y esos multimillonarios contemporáneos cuya fortuna se ha convertido en poder político, tecnológico y territorial. Son personas que pueden poseer empresas más poderosas que muchos gobiernos, moverse por el planeta sin las restricciones habituales e influir sobre comunicaciones, información o decisiones de países enteros.
Ahí la novela toca un nervio muy contemporáneo. El asesino puede parecer inicialmente una especie de vengador social y las víctimas representar a una clase privilegiada que provoca poca simpatía, pero Dazieri evita convertir el relato en una simple fantasía de revancha. La desigualdad puede generar rabia, pero la rabia también puede ser manipulada. Una consigna como “matar a los ricos” transforma rápidamente un problema complejo en la identificación de un enemigo al que se puede eliminar.
Milán funciona muy bien como escenario de esa tensión. Aparece como símbolo de la ciudad contemporánea transformada por el capital: torres de cristal, departamentos inaccesibles, sistemas de vigilancia, barrios exclusivos y habitantes que pueden vivir dentro de una ciudad sin pertenecer realmente a ella. Los nuevos ricos construyen sus propias islas, separadas del espacio común. La pregunta que queda flotando es perturbadora: ¿qué ocurre cuando una parte de la sociedad acumula tanta riqueza que comienza a sustraerse de las normas que organizan la vida de todos? El propio Dazieri ha explicado que le interesaba precisamente esa transformación de Milán en una ciudad cada vez más financiarizada y llena de enclaves inaccesibles para la mayoría.
Dazieri tampoco pierde de vista a sus protagonistas. Quizá el verdadero corazón de la novela siga siendo la relación entre Dante y Colomba. Después de todo lo ocurrido en los libros anteriores, ambos deben decidir qué lugar ocupa el otro en su vida. Esa dimensión sentimental humaniza la trama, aunque en algunos momentos puede parecer demasiado insistente para quienes prefieran el tono más oscuro y brutal de las primeras entregas.
Matar a un rico puede leerse sin conocer toda la historia anterior, aunque se disfruta más si uno ha acompañado a Dante y Colomba desde No está solo, El Ángel y El Rey. Muchas de sus reacciones y silencios adquieren otra profundidad cuando conocemos las experiencias que los han llevado hasta aquí.
No creo que sea la novela más redonda de Dazieri. Algunas soluciones resultan excesivas y el mecanismo del thriller se deja ver demasiado en ciertos momentos. Pero tiene algo que siempre agradezco en la novela negra: utiliza el crimen para mirar alrededor. El cadáver no es únicamente un acertijo; es una puerta para entrar en un problema social.

Y ese problema es incómodo porque no pertenece al futuro. Ya vivimos en sociedades donde unas cuantas personas poseen fortunas comparables al presupuesto de países enteros y donde el dinero permite comprar no solamente casas o yates, sino privacidad, influencia, información y poder.
Dazieri convierte esa realidad en una novela de asesinos, conspiraciones y persecuciones. Puede exagerarla, desde luego. Para eso sirve también la ficción. Pero al cerrar el libro queda una sospecha menos cómoda que la identidad del asesino: quizá lo verdaderamente inquietante no sea que alguien quiera matar a los ricos, sino que hayamos construido un mundo en el que algunos hombres pueden llegar a ser tan poderosos que comienzan a vivir fuera de las reglas que gobiernan a todos los demás.
Un aspecto interesante de esta saga es que puede leerse de manera libre, aunque recomiendo seguir la secuencia original para comprender la génesis de esta pareja. En cada libro, Dazieri va dejando apenas algunas pistas sobre su historia anterior. Pero anímese: seguro le gustará y terminará convirtiéndose, como nos pasó a nosotros, en uno de sus autores favoritos del noir.
Ilustración portada: Emilio Monreal


