“El ambiente, favorable al personaje varón, se tiñe completamente de agresión para la personaja”
Nektli Rojas
Narrando el Género
Hoy me levanté con una rolita en la cabeza. En un bosque de la China, versión Tin Tan, se repetía en mis oídos internos. El compositor de esa canción que tanto me cantaron de pequeña es un argentino, Roberto Ratti o Ratto. También la cantó ese horror de Cepillín (nombre que se puso porque era dentista), por lo que está clasificada como canción para niños.
En una clase de Ontología del patriarcado de la Universidad Michoacana, impartido por la doctora Adriana Sáenz, una compañera analizó la canción de José-José Buenos días, amor, escrita por Juan Carlos Calderón, canción que siempre había oído, pero a la que nunca había prestado atención. La compañera nos suelta con toda seriedad: “habla de una violación”. 😮 Hay que escucharla con la mirada oblicua que propone Sandra Lorenzano.
En este mismo espíritu, mis oídos. Monsiváis dijo que Tin Tan era el primer mexicano del siglo XXI. Aunque me uno al grito del crítico cinematográfico Jorge Ayala Blanco (¡Muera Cantinflas, viva Tin Tan!), lo cierto es que, ni en el siglo XX ni en el XXI, el machismo ha cedido su lugar de poder.
Con orquesta detrás y mucho swing, Tin Tan cuenta la historia de una china. La palabra tiene varios significados, además del gentilicio. En Argentina, hace referencia a una muchacha del campo; en México, a una mujer con cabello rizado. El diminutivo en Latinoamérica, como ya se sabe, tiene varias funciones además del empequeñecimiento de algo, que no necesariamente es un sustantivo o un adjetivo: puede denotar cariño (el perrito), ser usado como cortesía (p. e.: espéreme un momentito, en cinco minutitos), suavizar una expresión (está enojadita, llegué tantito tarde), incluso puede usarse para aumentar una sensación (ya estamos cerquita), o para expresar desprecio (es sólo una niñita berrinchuda). O infantilizar (mi mujercita).
El patriarcado, sistémicamente, infantiliza a las mujeres. Los hombres cumplen siempre un rol de padres que están en derecho y obligación de enseñar cómo se deben hacer las cosas. Así, la chinita es una mujer (quiero creer, porque, si no, la interpretación es todavía peor), a la que se puede suponer joven porque se convierte en objeto del deseo de la voz lírica.
Hay un uso sexista de los sinónimos asimétricos en el adjetivo perdido. Si se usa en masculino, connota un hombre que no ha encontrado un camino en la vida, fiestero, irresponsable y demás. Pero en femenino, hace referencia a una prostituta. La chinita está perdida y la voz lírica masculina es un perdido. Esta descripción de nuestros personajes, que se encuentra en el inicio del texto, proporciona una base sólida sobre la que construir la trama. El perdido, actuando como tal, se le va a insinuar a la chinita perdida, quien se va a negar a sus avances: “Y yo, a que sí/ y ella, que no”[1].
Es la elisión lo que realmente dice lo que pasa. ¿A que sí qué? A que sí te voy a conquistar, por decirlo de manera eufemística, aunque no es eso lo que la voz lírica desea, sino una situación más carnal. La personaja dice literalmente que no. El feminismo ha hecho de la expresión no es no un principio ante las dudas de agresión sexual, de modo que no queda claro que la mujer está rechazando la situación física. Pero la voz lírica continúa, de una manera tan insistente que se vuelve acoso: “¡A que sí, sí, sí!”
La personaja está perdida en un bosque, sola, con miedo. Se sienta (suponemos que en el suelo porque en los bosques no hay bancas, a menos que se trate de Chapultepec) y, entonces aparece el personaje varón, que se sienta junto a ella para intentar seducirla. Claramente él está aprovechándose de la situación porque estar perdidos (denotativamente), no implica el mismo grado de peligro para los hombres que para las mujeres. En un estado de vulnerabilidad de ella (de noche, solita y perdida), él decide seducirla.
¿Por qué el personaje masculino no tiene miedo? La descripción del ambiente: un bosque, noche, perdición, nos remite al de un sitio romántico, una bastardización del locus amoenus, en donde tienen lugar los encuentros amorosos. Los hombres, si son cis, heterosexuales y con una masculinidad tradicional, por no decir tóxica, no tienen miedo del sexo porque ellos son la parte activa, la que dirige, la que desea, la que se satisface. La chinita corre más riesgos porque es mujer.
Pero esta mujer es una perdida. ¿Qué cree que le va a pasar de noche, en un bosque y siendo una perdida? Casi que la culpa es suya (remito al video de LasTesis), ¿quién le manda estar ahí y ser joven? Al mismo tiempo, es la justificación de que no tenga derecho a negarse: “Y al cabo fuimos de una opinión”. Ella acaba cediendo. Las perdidas no tienen derecho a decir que no.
La chinita es tan vulnerable, tan deseable, que incluso la luna le roba un beso. Es el colmo de la lírica patriarcal. La luna tiene una simbolización femenina, pero también sensual. El ambiente, favorable al personaje varón, se tiñe completamente de agresión para la personaja. En el momento en que ella suspira, la luna, indiscreta, envidiosa, importuna, llena de celos, la besa. La chinita es tan objeto de deseo que hasta la luna la codicia. El personaje varón entra al rescate y, antes de que ella se pierda más, la reclama para sí. De esta manera, el beso de la luna tiene una connotación indecorosa; en tanto que el del varón, una positiva.
¿Por qué no pensar que se trata solamente de un beso inocente? Por el final de la letra: “Después no sé/ lo que pasó […] ni la chinita, me lo contó.” La oscuridad le impide al personaje enterarse él mismo de lo que hizo. La luz es la conciencia; su opuesto, la oscuridad, el inconsciente, los deseos no controlados. La chinita ha tenido que ceder al que sí, ha dejado ganar al personaje masculino y ahora tiene que encerrarse en el silencio, no hacer público lo que ha ocurrido. Muy griego, ¿no? Tiene dejos de lo que le pasa a Procne con su cuñado… De esta manera, el perdido mantiene su carácter positivo y gracioso, su culpa ha desaparecido en el silencio de ella.
La gracia que la historia de la música popular ha querido ver en esta canción consiste en el contraste entre la negativa de ella y la victoria de él. Qué chistoso. Tengo tantas ganas de reír ante la descarada ostentación del macho. Sigamos poniéndoles estas canciones a nuestrxs hijxs para que se despierten tarareando violencias.
[1] No pude conseguir una versión fiable de la puntuación de la letra, que he tomado de la grabación de Tin Tan sita en YT, así que la he colocado yo misma.
Ilustración portada: Luna Monreal


