La presentación de un libro de Fabiola Alanís derivó en defensa de la 4T y enfocó –nuevamente- miras a Calderón como origen de la violencia feminicida
Dalia Villegas Moreno
La presentación del libro Historias de resistencia. La feminización de la violencia en Michoacán, de la diputada -de Morena- con licencia, Fabiola Alanís Sámano, terminó por convertirse en algo más que la difusión de una investigación académica.
En un momento en que la morenista dejó temporalmente su curul para participar en el proceso interno de su partido en busca de la candidatura al gobierno de Michoacán en 2027, el acto reabrió el debate sobre la guerra contra el narcotráfico emprendida durante el sexenio de Felipe Calderón, y la colocó nuevamente como eje explicativo de la violencia feminicida en la entidad, al tiempo que reivindicó las políticas impulsadas por los gobiernos de la Cuarta Transformación.
La obra, derivada de la tesis doctoral con que se tituló Alanís en 2018, en la Universidad Autónoma Metropolitana, analiza el periodo comprendido entre 2006 y 2015 a partir de expedientes judiciales, estadísticas oficiales, revisión hemerográfica y entrevistas realizadas en once municipios de Tierra Caliente y la Sierra Costa.
En un lujoso hotel del centro de Morelia, con bocadillos, agua fresca y café para al menos unos 150 invitados, la autora sostuvo que ese periodo representa el momento en que se configuró la feminización de la violencia en Michoacán y afirmó que el libro constituye una «interpelación» a la estrategia de seguridad implementada durante el gobierno de Felipe Calderón.
«Lo que este documento expresa es una forma de interpelar los resultados a la administración de Felipe Calderón desde la mirada de las mujeres», expresó.
El planteamiento no es menor. Al situar el origen del fenóneno en un periodo que concluyó hace más de una década, la discusión desplazó el foco hacia las decisiones de gobiernos anteriores, mientras dejó en un segundo plano la evaluación de las políticas implementadas durante los últimos años por el mismo proyecto político del que hoy forma parte la autora.
Durante la presentación, Alanís reconstruyó episodios como «El Michoacanazo», los atentados con granadas del 15 de septiembre de 2008 en Morelia, el surgimiento de grupos de autodefensa, así como los casos de Tlatlaya, Tanhuato y Apatzingán.
Invocó uno de los casos más emblemáticos de la violencia contra las mujeres, González y otras vs. México o Campo Algodonero, y que forman parte ya de la literatura del canon en este tema, y que es un precedente harto conocido en materia de derechos humanos de las mujeres.
Relató experiencias obtenidas durante el trabajo de campo con mujeres que perdieron hijos, esposos o familiares en aquellos años, testimonios que dieron origen a la categoría de «mujeres en zonas de conflicto», concebidas como víctimas de la violencia, sostén de sus comunidades y actoras centrales para la reconstrucción del tejido social.
El comentario académico estuvo a cargo de José Christian Hernández Robledo, quien calificó la investigación como uno de los primeros trabajos elaborados específicamente para Michoacán que documenta municipio por municipio las condiciones políticas, económicas y sociales que acompañaron el incremento de la violencia contra las mujeres.
Asimismo, destacó categorías desarrolladas por la autora como «guardianes del patriarcado», concepto con el que identifica a actores institucionales que obstaculizan el acceso de las mujeres a la justicia.
La conversación fue moderada por la periodista Blanca Becerril, de Heraldo Media Group, quien orientó buena parte del diálogo hacia la experiencia de Alanís como excomisionada nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres y hacia las políticas impulsadas por los gobiernos de Morena en esa materia.
Fue precisamente en ese tramo donde la presentación transitó del análisis histórico hacia la defensa del proyecto político actualmente en el poder.
Alanís sostuvo que «la vida de las mujeres empezó a cambiar con la Cuarta Transformación» y atribuyó esos avances al fortalecimiento de refugios, centros de justicia, protocolos de atención y reformas legales impulsadas durante los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum.
La narrativa construida durante el acto dibujó un contraste constante entre el antes y el después de la llegada de Morena al gobierno federal. La guerra contra el narcotráfico apareció como el punto de ruptura; la Cuarta Transformación, como el inicio de una reconstrucción institucional.
Lo que quedó prácticamente ausente fue una evaluación crítica sobre los resultados alcanzados hasta ahora.
¿Lo punitivo es pedagógico?
Otro momento significativo surgió cuando Fabiola Alanís defendió la iniciativa presidencial para homologar el delito de feminicidio y endurecer las penas.
Alanís sostuvo que una sentencia «bien dada» tiene un «efecto «pedagógico», porque envía un mensaje de que la violencia contra las mujeres tendrá consecuencias.
La afirmación abre una discusión que no se desarrolló durante la presentación.
Si la propia investigación sostiene que la violencia feminicida responde a estructuras históricas, relaciones de poder y patrones culturales profundamente arraigados, cabe preguntarse hasta dónde el incremento de las penas puede modificar aquello que el mismo estudio identifica como una construcción social.
La investigación describe un problema estructural. La respuesta defendida durante el acto privilegió el ámbito penal.
Hubo escasa reflexión sobre el papel de la educación, la formación en igualdad, la prevención o las políticas culturales necesarias para transformar las condiciones que la autora identifica como origen del patriarcado y de la violencia contra las mujeres.
Paradójicamente, Alanís insistió en distintos momentos en la necesidad de una «revolución de las conciencias», pero esa transformación cultural apareció subordinada a la discusión sobre el fortalecimiento del aparato sancionador del Estado.
El pasado como explicación permanente
Desde una perspectiva crítica, un gobierno no puede convertir el pasado en la explicación permanente de los problemas del presente. Si bien toda administración recibe condiciones históricas, estructuras institucionales y conflictos heredados, el ejercicio del poder implica precisamente la capacidad de intervenir sobre esa realidad para transformarla. De otro modo, la apelación constante al pasado deja de ser un diagnóstico y se convierte en un recurso discursivo que desplaza la responsabilidad política hacia quienes ya no gobiernan.
Karl Marx ofrece una idea especialmente sugerente en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, cuando afirma que «la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos».
La frase no supone que el pasado determine de manera absoluta el presente, sino que advierte sobre el riesgo de permanecer subordinados a él. Desde el materialismo histórico, la política es praxis: la capacidad de transformar las condiciones heredadas.
En consecuencia, un gobierno que justifica indefinidamente sus resultados en la herencia recibida termina negando su propia función histórica como agente de cambio.
El psicoanálisis lacaniano conduce a una crítica similar desde otro ángulo. Para Lacan, el sujeto nunca elige las circunstancias en las que surge, pero sí es responsable de la posición que adopta frente a ellas.
Trasladado al ámbito político, un gobierno puede reconocer el peso de la historia sin quedar atrapado en ella.
Cuando el discurso oficial vuelve una y otra vez al mismo origen para explicar todas las carencias presentes, corre el riesgo de instalarse en una lógica de repetición, donde el pasado funciona como el «Otro» al que se atribuye permanentemente la causa de la falta, evitando asumir la responsabilidad por los actos del presente.
Esta reflexión también encuentra eco en la filosofía política contemporánea. Hannah Arendt distingue con claridad entre comprender las causas de un fenómeno y asumir la responsabilidad de actuar sobre él.
Explicar por qué existe un problema no exime a quien gobierna de responder por las decisiones que toma mientras ejerce el poder.
Desde esta perspectiva, la legitimidad democrática no se sostiene únicamente en la denuncia del pasado, sino en la capacidad de producir respuestas eficaces en el presente. Cuando la memoria se utiliza exclusivamente para justificar la inacción, deja de ser un ejercicio de responsabilidad histórica y puede convertirse en un instrumento de legitimación del poder.
Volviendo al libro de Alanís
La presentación de Historias de resistencia. La feminización de la violencia en Michoacán no explicó en ningún momento cómo entiende «feminización», y aunque hizo honor al nombre en cuanto a constituirse en ancla de un Michoacán de hace 20 años -pues su análisis permaneció anclado entre 2006 y 2015-, sí invocó el anuncio presidencial actual de homologar el delito de feminicidio en el país.
No se dio cuenta de investigaciones recientes que enriquecieran los hallazgos y configuraran una propuesta de política pública pertinente actualizada y vigente, no hubo un contraste entre las conclusiones de la investigación y la evolución reciente de la violencia contra las mujeres, ni una evaluación sobre los desafíos que persisten después de casi una década del periodo estudiado.
La investigación tiene un alcance temporal claramente definido y, como tal, no está obligada a estudiar los años posteriores a 2015. Distinta es la discusión pública generada alrededor de ella, en un país como México donde en pleno 2026 se mata a 11 mujeres al día.
Al utilizar la tesis como punto de partida para explicar el presente y reivindicar un proyecto político, resulta inevitable que surjan preguntas sobre aquello que quedó fuera del análisis: qué cambió desde entonces, qué permanece igual y qué responsabilidades corresponden hoy a quienes han gobernado durante los últimos años frente a un fenómeno que la propia autora sostiene que sigue siendo estructural.
Durante la ronda de preguntas, Alanís fue consultada sobre una eventual candidatura al gobierno de Michoacán.
Sin referirse directamente al proceso interno de Morena, respondió que «no estamos en tiempo electoral», aunque reiteró su interés por seguir participando en la vida pública.
Al concluir el acto, la autora informó que el libro no será comercializado. Explicó que los ejemplares serán distribuidos de manera gratuita y comenzaron a entregarse y firmarse entre los asistentes al término de la presentación.
La investigación aporta una reconstrucción documentada de uno de los periodos más violentos de la historia reciente de Michoacán y abre una discusión pertinente sobre las raíces de la violencia feminicida. La presentación, sin embargo, transitó del terreno académico al político.
En ella, el pasado ocupó el centro del escenario; el presente quedó apenas esbozado. Y tratándose de una de las figuras que busca encabezar el proyecto de Morena rumbo a la sucesión gubernamental de 2027, la pregunta inevitable no sólo es cómo se explica el origen de la violencia, sino cuál es el balance de las políticas que hoy, desde el poder, aseguran haber comenzado a transformarla.


