“Todo estuvo hecho para callarte y fue entonces la escritura tu mejor manera de agujerear silencios”
Ernesto Hernández Doblas
Crónicas que Muerden
I
Cierro los ojos para verte salir del agua. Cristalina y luminosa como el alba que siempre serás, como fantasma que muerde. Libre de aquella mortaja. No eres la víctima del río, eres la corriente misma que se convierte en canto. Sendero que se recorre abecedariamente. Virginia Woolf: río inmortal de las palabras.
II
Las piedras en tu bolsa fueron para crear senderos que se puedan caminar en colectivo y a solas, en olas. Colectiva fue tu resistencia desde tu cuarto propio. Lo personal es político y lo político está en cada uno de tus libros. Tu escritura nunca fue sino una poética de las preguntas que liberan. Armas para un mundo por venir. Máquinas de guerra contra pasiones tristes.
III
Virginia, te escribo desde un milenio en donde tus razones tienen la vigencia de lo necesario. Más que siempre hoy es necesaria la multiplicación de lo rebelde. De tu siglo al nuestro el flujo de la conciencia es un monólogo al unísono, con las palabras mujer y libertad. Hoy la palabra mujer es una bandera en el corazón ardiente de la luna. Esta era no deja de parir revolución y en ella tu nombre y en tu nombre el mundo de los hombres necios: cae.

IV
Tu fantasma muerde. Oscura luz que golpea con sus olas la conciencia. Quería el destino sumisión y respondiste con discurso al aire libre. Quería tu padre ponerte a bordar y guardar silencio y abriste en las paredes agujeros blancos para escribir cartas sin permiso en donde dejaste grabado que «No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente».
V
Rabia y ternura. Vocación y resistencia. Voces en el agua, habitantes de tu mente. Murmullos en tu insomnio de mujer que piensa y pesa los desequilibrios del mundo. Los motivos de las guerras y su sinrazón que pisa fuerte la inocencia. Las desigualdades frente a las que resististe con tu corazón autodidacta. No se nace Virginia, se llega a serlo. Con la rabia y la ternura. Con vocación y resistencia. Con las voces de las demás mujeres que sin serlo eran tú. Ellas eran tú y en sus historias la tuya era Penélope arrojando su tejido al mar.
VI
Orlando no es un personaje de ficción, es el primer manifiesto de la mutación que viene.
*
Paul Preciado
Ni hombre ni mujer: Orlando. Orlando es integrar al andrógino y darle de comer dinamita al binarismo. Es llegar a ser Paul junto a Beatriz y edificar un cuarto propio aunque sea en Urano. Orlando que atraviesa océanos de tiempo para encontrarse a sí mismo en sí misma. Ni hombre ni mujer: hackeo a nuestra somateca. Derecho humano a delirar los otros mundos posibles. La santa inquisición del binarismo es infección de heteronorma. Ser consciente de lo real maravilloso y no ser diverso, es una contradicción, hasta biológica.
¡Andróginos del mundo, Uníos!
VII
Todo estuvo hecho para callarte y fue entonces la escritura tu mejor manera de agujerear silencios. Cada libro tuyo: arsenal contra la sintaxis patriarcal. Como en un espejo de agua quieto y obediente, reflejaste el fluir de la conciencia. Escudriñaste no solo historias de mujeres sino aquella intimidad -llamada pensamiento- en donde suele hacer su nido la existencia. Ésa en donde un cuarto propio es mucho más que paredes y dinero. Es el cuerpo, la conciencia, afirmación del Soy desenvainada.
VIII
Cierro los ojos para verte salir del agua. Para escuchar las voces que quisiste dejar en la memoria del río: entre tu casa y el mundo. Para mirarte cristalina y luminosa como el alba que siempre serás. Máquina de guerra encuadernada. Eterno retorno en rebeldía. Libre de aquella mortaja líquida y pétrea. Altísima mujer para este siglo. Diana cazadora en los bosques del sueño. Virginia Woolf: río inmortal de las palabras.


