“…la canción del panameño es un desgarrador himno de protesta muy latente, todavía…”
José Alfredo Barriga Juárez
MeloManía
Un mes después de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, ocurrida la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, se celebraba en Guanajuato la edición 42 del Festival Cervantino. Edición que quedó marcada entre los universitarios de mi generación, no sólo por las protestas y las marchas que realizamos en contra del Estado, demostrando nuestro apoyo a las familias guerrerenses ante esta atrocidad.
Sino también, porque durante la clausura del mismo festival, a cargo del músico panameño Rubén Blades, justo antes de finalizar su presentación, tomó un respiro y sentenció: Es imposible no pensar en las familias de la gente, que está ahora mismo llorando, buscando a sus hijos, me refiero a los estudiantes de Ayotzinapa y a los que han sido encontrados en las fosas clandestinas, mientras al fondo del escenario proyectaban los rostros de aquellos estudiantes. Acto seguido, sonaba «Desaparicionesʺ.
Aquella noche como estudiante durante el concierto, tuve una sensación de pesadumbre, de un aparato políticamente espurio, ilusorio. Rabia, coraje y una profunda tristeza al escuchar los versos Que alguien me diga si ha visto a mi hijo / Es estudiante de Pre Medicina / Se llama Agustín y es un buen muchacho… no quiero imaginar lo que siente un familiar de una persona desaparecida.
Increíblemente, 12 años después, vuelvo a sentir lo mismo, pero no por escuchar esta gran canción, sino por escuchar a nuestra presidenta, Claudia Sheinbaum, decir que no coincide con algunos datos del Informe sobre Desapariciones en México, publicado por la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, este 11 de mayo del presente año.
La discrepancia principal del régimen actual, es el no reconocer que existen más de 128.000 personas desaparecidas y no localizadas en México. Asimismo, estimaciones independientes indican que la cifra de cuerpos no identificados bajo custodia del Estado supera los 70.000. Dichas cifras, reflejan la magnitud de la grave situación de la desaparición de personas y las dificultades estructurales para erradicar esta práctica y conducir de manera eficaz la búsqueda y los procesos de identificación humana.
En ese sentido, la canción del panameño es un desgarrador himno de protesta muy latente, todavía. ʺDesapariciones» forma parte del álbum Buscando América en 1984, cuya trama, aborda el tema de las desapariciones forzadas ocurridas durante las dictaduras militares y los conflictos armados en América Latina.
El contexto narrativo de esta pieza, engloba las décadas de 1970 y 1980, cuando países como Argentina, Chile, Uruguay, Guatemala y El Salvador vivieron procesos de represión política en los que miles de personas fueron secuestradas, asesinadas o desaparecidas por fuerzas estatales o grupos armados.
La canción dialoga directamente con ese periodo histórico y con el concepto de desaparición forzada, reconocido posteriormente por organismos internacionales como una violación grave de los derechos humanos. Un crimen de lesa humanidad.
Rubén Blades compuso esta canción con una estructura sencilla, donde testimonios narrados en primera persona, cuentan escenas cotidianas marcadas por la desesperación, una madre pregunta por su hijo; una esposa busca a su marido; amigos y familiares enfrentan el silencio institucional.
La repetición de la pregunta “¿A dónde van los desaparecidos?” convirtió la pieza en una denuncia musical contra las desapariciones forzadas que marcaron a varios países latinoamericanos y, desgraciadamente, más de cuatro décadas después de su creación, continúa resonando como uno de los himnos más dolorosos y vigentes para México.
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