“Nada se hace a solas aunque en solitario se haga. La literatura es Babel aunque se vista de isla”
Ernesto Hernández Doblas
Crónicas que muerden
Nadie puede salvarme pues soy invisible aun para mí.
*
Piedra fundamental
Alejandra Pizarnik
I
Hay heridas que deambulan concurridas soledades. Giros de orondo vacío. Odiseas que nunca llegan a Ítaca. Desaparecidos cuya ausencia es oscura luz.
No todos los muertos caben bajo tierra. ¡Ay, se han desprendido del cuerpo y se ponen a caminar los alrededores de nadie!
II
Alguna vez érase que mi vida sentó al abismo en sus rodillas, y me encontró amargo: me injurió. Era otro tiempo, que fuerza de repetirse es de otro modo lo mismo. Diferencia que repite su horizonte. El escenario cambia, la cicatriz abierta insiste. Persistencia de la memoria de mis muertes. ¡Dalí, Dalí! ¿Por qué me has abandonado?
Nada me separa del cordón umbilical de las tinieblas. Puro círculo vicioso mordiéndose la sombra. Como si en un ruedo embistiera la noche a un torero sin luces. Ciego torero Tiresias.
Persistente también ha sido la poesía. Necia forma claroscura. Madre poesía. Abismo poesía. Epitafio poesía. Sendero que me recorre abecedariamente.
En ese camino, me habitan voces: Ocaranza, Bataille, Panero, Papasquiaro, Pizarnik y todas las que deambulan en un triángulo amoroso de puntos suspensivos. De ángulo en ángulo: sigue la mata dando.
Aquel érase una vez, era de orfandades, Era de orfandades. Casas donde fui abortado porque me soñó Job. Me hizo realidad la tempestad de la intemperie. Era tan doloroso que las calles de Morelia eran morgue por donde las mirara. No había brújula en ningún punto cardinal. Punto y seguido.
La señora depresión me recordó: soy el útero de tu memoria, la voluptuosidad inolvidable. Todo giraba alrededor de aquel naufragio. Entonces me senté a pensar en una lágrima. Soy un muerto, soy fantasma -me dije-, en un golpe de eureka triste.
Y fue entonces, que para no acumular tantas serpientes hechas nudo en la garganta, me puse a escribir poema tras poema como epitafio, como testamento, como últimas palabras de una cuerda para ahorcarme. De todo ello se fueron formando bitácoras de sombra, poemarios de improbable publicación que gozan su incertidumbre y se alimentan de mi triunfal desesperanza.
III
Fantasma Caníbal es uno de ellos, el noveno en mi haber hasta el momento. Libro publicado este 2026 gracias a la hospitalidad de B-Ediciones que desde Lázaro Cárdenas/Michoacán lleva como timonel al poeta, narrador y promotor cultural Jesús Baldovinos Romero.
Este trabajo es resultado de azares y circunstancias que me fueron cercando, entre las que se encuentran lo irremediable de mi vocación y parte de aquellos momentos en que mi voz me dijo: he aquí el fantasma que eres.
Este poemario fue escribiéndose a solas entre las calles de una ciudad que inventó mi herida. Ciudad que podría tener cualquier nombre menos aquel que pudiera ser nombrado. Página tras página: bilis y ternura. La ternura que solo alcanza el desamparo.
La poesía es para todos solo si es urdimbre inevitable, íntima voracidad, centro de gravedad en la conciencia humeante del espejo. La poesía siempre brota de la piedra que la espada de la vida hundió en el poeta, como método de salvación y tumba. Poesía no eres tú: usa tu cuerpo para los trabajos y los días de la muerte.
No escribo para sanar ni para recordar ni para embellecer entuertos sino para romperme de mejor manera, para cruzar el tiempo dejando huellas de ceniza: ave fénix sin tercer día para resucitar. Toda muerte y resurrección son aquí y ahora.
Hay en Fantasma Caníbal un oleaje intertextual que va recogiendo palabras, frases y referencias que son carnaval donde la memoria juega a seducirme. Ésa que un día u otro nos toma por asalto con imágenes o ecos. Fantasma con hambre de versos.
Nada se hace a solas aunque en solitario se haga. La literatura es Babel aunque se vista de isla. La literatura es Palabra sobre palabras.
He buscado también afinar la expresión para que cada verso pueda dar en el blanco y negro de la película que se iba proyectando en la hoja en blanco. Para que nada falte o sobre o por lo menos que así parezca, en ese juego de ilusión de la poesía.
Ensuciar la blancura es goce. Abrir grietas en el silencio a favor de la música del silencio. No sé de cierto si he logrado tal empresa, pero más de alguna vez a lo largo de los poemas que hoy comparto en este libro, se abren en canal las reses vivas de mis muertes.
IV
Sí, hay un fantasma encerrado en todo texto del libro que parlo. Ése fantasma es nosotros y nosotros somos yo, somos las ruinas que caminan solas. Yo soy Otro.
Así fue como descubrí las virtudes de los muertos que caminan descripciones del mundo sin ser vistos. Así fue como supe que ser poeta es también desaparecer adentro de un espejo. Alicia en el país de los venenos.
En el poemario publicado desde Lázaro Cárdenas, Michoacán -ciudad en donde por primera vez a mis quince años conocí el mar- retomo influencias y homenajes a quienes han inspirado mi poética. De manera especial, retomo y recuerdo a Ramón Martínez Ocaranza, poeta de poetas de mi corazón poeta. Cantar de mi cantar desafinado. Ocaranza fue y es ejemplar en la blasfemia, la rabia visionaria, el batallar con y desde las palabras contra el mundo. El arte bellísimo de rajarse la madre contra el viento.
Soy el fantasma de mí mismo. He desaparecido y lo sigo haciendo, esfumando todo deseo que no sea de acuerdo con el poema de la muerte que seré. Soy herida confundida entre los otros que también soy. Fantasma caníbal que se pone a caminar en su mansión de nadie. He aquí una hoja más, desprendida de mi árbol de poemarios.



1 comentarios
Un gran homenaje a los que te inspiraron y a quien se inspiró a inspirarse, me gusta va con la tonalidad de los poetas malditos desde mi perspectiva,poesía que es mi estilo. Felicidades un gran texto literario, como he dicho la poesía es esa voz del silencio que a veces nos habla cuando sabemos que las cosas importantes se hablan en silencio. Gracias poeta Ernesto por seguir manteniendo la antorcha de la creación encendida en tu sombra iluminada.