En Morelia, como en el resto del país, el diez de mayo las madres de las miles de personas desaparecidas, recordaron que en México, ningún lugar es seguro
Patricia Monreal
Era martes de tarde ese siete de octubre de 2025, faltaba poco para que la luna se asomara a plenitud. Jesús Manuel estaba en su casa, con su esposa, en la localidad de Janamuato, municipio de Puruándiro, descansando del trajín de laborar como jornalero agrícola en el cultivo de fresa. A las 19:00 horas vinieron por él, sin mediar explicación alguna se lo llevaron.
Silvia, su madre, marcha por primera vez este diez de mayo para exigir la aparición de su hijo de 25 años, la acompaña su familia. Su dolor se suma a los miles de dolores esparcidos por todo el estado, por todo el país. La desaparición es una pandemia que el Estado Mexicano se resiste a atender, y sobre la cual, ningún lugar es seguro.
Jesús Manuel Hernández, es una de las 3,475 personas desaparecidas y no localizadas en Michoacán durante el gobierno de Alfredo Ramírez Bedolla, en promedio son dos personas al día las que desaparecen y de las que no se vuelve a saber. En la administración de Silvano Aureoles Conejo fueron 2,770 personas, esto es, 1.2 en promedio al día a partir de la estadística del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas.
Los rostros de hombres y mujeres desaparecidos, se van congregando en las baldosas frente al Centro Deportivo Ejército de la Revolución, la convocatoria del Comité de Familiares de Personas Detenidas Desaparecidas (Cofaddem) “Alzando Voces”, fue tempranera para evitar las altas temperaturas del medio día, aun así, el sol es inclemente, como lo es la realidad para las cientos de miles de familias en un país en que las cifras oficiales reportan al 10 de mayo de 2026, 133 mil 961 personas desaparecidas y no localizadas.


“Hoy, una vez más, las madres y familias de personas desaparecidas salimos a las calles porque nuestros hogares siguen incompletos, porque nuestras mesas continúan teniendo lugares vacíos y porque el dolor no ha terminado. Mientras para muchos el 10 de mayo es una fecha de celebración, para nosotras representa memoria, dignidad, lucha y protesta”, recuerda al micrófono, frente a la XXI Zona Militar, la madre de un desaparecido.


El recorrido de la marcha hace escala frente al Cuartel. El águila de bronce, posada sobre un par de manos que antecede la entrada principal del inmueble, corona la exigencia social, mientras elementos castrenses observan a la distancia la escena. Con stencil, los rostros y nombres de personas desaparecidas quedan estampados sobre el asfalto de la Avenida Acueducto.

Desde hace 14 años, recuerdan, cada diez de mayo marchan en Morelia y en distintos territorios del país para recordarle al Estado y a la sociedad que sus hijas e hijos siguen desaparecidos, que la herida permanece abierta y que no descansarán hasta alcanzar verdad, justicia y garantías reales de no repetición.
“Nuestra lucha nace del amor profundo hacia quienes nos fueron arrebatados y de la indignación frente a un país donde la desaparición de personas continúa marcada por la impunidad, la indiferencia institucional y la simulación gubernamental”.

Acusan que mientras las familias siguen exigiendo respuestas, las instituciones continúan respondiendo con simulación, burocracia y desgaste. Se han cansado “de reuniones sin resultados, de mesas vacías, de promesas incumplidas y de mecanismos que administran el dolor sin resolver la crisis humanitaria que vive el país”.
La responsabilidad de garantizar búsqueda, investigación, localización y justicia corresponde, recuerdan, al Estado mexicano y que éste no puede seguir trasladándola a las familias.

“Presente ahora y siempre”, es la frase que acompaña cada nombre enlistado en un pase de lista, nombrar a las personas desaparecidas resulta prioritario, que su historia, rostro y vida no se diluya entre la abrumadora estadística que despersonaliza y que de suyo, pareciera normaliza.


Por eso los rostros impresos en papel y pegados en muros, las lonas con los nombres a lo largo del trayecto, el estampado de imágenes.

La marcha continúa rumbo a Palacio Legislativo, en donde recuerdan que mientras las desapariciones continúan, “el Estado sigue retrasando decisiones fundamentales y manteniendo a las familias en el abandono institucional. La ausencia de esta Ley, no es un simple rezago legislativo, es una forma de violencia institucional, que perpetúa la impunidad y falta de compromiso real frente a esta crisis de derechos humanos”.



Para el Congreso del Estado la exigencia es “dejar de administrar políticamente el dolor de las familias y asumir con responsabilidad histórica la armonización de la Ley, garantizando además la participación activa y vinculante de quienes vivimos esta realidad.


“En Michoacán no necesitamos más simulación, necesitamos verdad, justicia y voluntad política real. La deuda del Estado de Michoacán es con las personas desaparecidas, no se legisla con discursos. ¡Ni perdón ni olvido!”, rematan.



