Regla de Tres

Tom Waits: Historias de una rockola rota

“Waits exploró la música como si se tratara de una ciudad. Atravesó por el jazz, el blues, el rock industrial y el vodevil”

Thomas Alan Waits, mejor conocido como Tom Waits es un artista profundamente ecléctico. Y aunque su madre lo haya parido en Pomona, California, bastaron unos años para que Waits huyera a regocijarse y formarse en los brazos hermosamente sucios de Los Ángeles, tal como lo muestra el documental Tales from a Cracked Jukebox (2017).

Su obra musical, lírica y actoral, nacida de los bares y las calles a partir de 1970, ha sido el reflejo de esa ciudad ampona que tanto disfrutó: proxenetas, vagabundos, estafadores y amantes erráticos que deambulan la noche donde habita la femme fatale.

Con una voz tan distintiva, descrita por el crítico musical Daniel Durchholz como «si Waits hubiese sido sumergido en un depósito de Bourbon, ahumado durante unos meses, y luego llevado afuera y aplastado por un coche», ha logrado construir un personaje tan singular en la música.

Tom Waits tiene algo de hipnótico en sí mismo, porque desde la primera vez que lo descubrí en un filme de Jim Jarmusch, Coffe and cigarettes (2005), charlando frente a Iggy Pop, quedé cautivado sin saber de quien se trataba.

A partir de aquella conversación incomoda e irónica que exploraba la incomunicación entre dos genios de la música y, al mismo tiempo, celebraba los vicios compartidos, me invitó a descubrirlo desde entonces.

Después de aquella película escuché cómo Waits jugaba con esa peculiar característica de su voz en el álbum Nighthawks at the Diner (1975). El álbum fue grabado en directo en los estudios Record Plant frente a un público reducido, con Waits relatando cuentos, bromas y explicando la historia de las canciones a través de siete introducciones. El título provisional del trabajo fue Nighthawks Postcards from Easy Street, aunque se recortó a Nighthawks at the Diner al final, y está inspirado en el cuadro «Nighthawks» de Edward Hopper.

Cuando uno escucha este álbum pareciera que está abriendo las puertas de la taberna más recóndita de su ciudad donde la poca luz esconde el rostro de bebedores empedernidos. Waits recrea esta atmósfera como un pequeño teatro, íntimo y existencial, donde releva su pasión por el jazz, el blues y el spoken word, géneros donde sus héroes beatniks construyeron su legado.

Sin embargo, tal como lo refleja el documental que mencioné al inicio, Waits exploró la música como si se tratara de una ciudad. Atravesó por el jazz, el blues, el rock industrial y el vodevil.

Pero aquella imagen de poeta maldito acompañado a una férrea adicción al alcohol, pronto le causó problemas en cuanto a la creación de su arte, por lo que era urgente deshacerse de ella sin perder la esencia de su voz.

Franks Wild Years es el décimo álbum de estudio del músico estadounidense Tom Waits, publicado en 1987 por Island Records. Subtitulado Un Operachi Romantico in Two Acts, el álbum contiene canciones compuestas por Waits y colaboradores, principalmente su mujer Kathleen Breenan, para una obra de teatro homónima.

Y tal vez, es el álbum donde se desprende de aquella imagen de borracho deprimente. Esta obra es el claro ejemplo de las exploraciones en el cine que Waits había tenido con directores como Francis Ford Coppola, Bram Stoker y Jim Jarmusch. Además, gracias a Kathleen Breenan, intenta explorar un surrealismo sonoro y performativo.

Por otra parte, más que un documental convencional, en Tales from a Cracked Jukebox funciona como una cápsula del tiempo: un retrato fragmentario y crudo. Muestra a un Tom Waits en plena mutación artística durante los años setenta.

Lejos del artificio biográfico, la película encuadra grandes episodios del músico californiano, algunos como sus constantes mudanzas en habitaciones de hotel, su gusto por el whisky y el cigarrillo o bien, su persona irreverente y a ratos introvertida frente a las entrevistas en televisión.

El legado de Waits es digno de descubrirse desde su inicio, porque aún tenemos artista para rato. Lo último que vi de Waits, fue su participación como segundo protagonista de otra película de su gran amigo Jarmusch, Father, Mother, Sister, Brother (2025).

Sentí cierta nostalgia de cómo Jarmúsch homenajeó a Waits, como un dandy perdido en la era moderna. Aún con sus mentiras seductoras, un amante elegante y furibundo, como un antagonista de Leonard Cohen.

Tom Waits no es el cantante más virtuoso ni el actor más espectacular de la era, pero sin duda, es uno de los artistas más auténticos. Un músico que ha sido capaz de construir un mito, una leyenda y una estética a partir de su inigualable voz, la voz de la marginalidad nocturna de las ciudades del país vecino.

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